Me habían avisado que D. Arturo Colmenar había fallecido. Este oscuro y riquísimo hombre de negocios fue amigo de mi padre por haber hecho la guerra juntos y era mi padrino de bautizo, aunque fueron contadas las veces en que nos vimos.
Este hombre vivía con su familia en una gran casa-palacio de dos plantas, preciosa buhardilla y una parcela de más de diez mil metros cuadrados, en la antigua carretera de Huelva, entre Gines y Castilleja de la Cuesta, hacia donde me dirigí una lluviosa tarde de Marzo a presentar mis condolencias.
Decían las malas lenguas en Sevilla, que este serio gestor había hecho su primer capital con el estraperlo después de la Guerra Civil Española, y que gracias a sus amistades en los altos cargos de la dictadura, nunca lo habían pillado. Después empezó con los préstamos a intereses abusivos, la empresa inmobiliaria, las tiendas de antigüedades donde les compraba todo lo comprable a señoritos, marqueses y condes arruinados; luego vino lo de vender coches, electrodomésticos y parcelas rústicas recalificables a “letras”, pero de tan abusiva forma, que hasta que no habías pagado la última no figuraba a tu nombre, lo que a veces duraba diez años o más.
Entre sus muchas propiedades a parte de la casa dicha, tenía una gran finca entre las provincias de Sevilla, Badajoz, Córdoba y Huelva, donde había una central lechera, ganadería de reses bravas, cerdo ibérico, cultivos ecológicos, así como coto de caza mayor y menor, alrededor de un enorme embalse de su propiedad. Allí tenía un gran cortijo donde desde que se jubiló de sus empresas, pasaba casi todo el año junto a su esposa. Decían que la explotación no era rentable, pero que era la chimenea para blanquear dinero de dudosa procedencia.
Ahora era su hijo mayor Alfonso, quien oficialmente se encargaba de toda la gestión, auxiliado por sus dos hermanas y un sobrino, pero el viejo a sus 98 años seguía supervisándolo todo. Hasta el día antes de su muerte había estado despachando asuntos en Madrid, donde tenían la central desde que crearon las empresas de Capital Riesgo y Venture Capital.
Nada estaba a nombre de la familia, sino que los propietarios patrimoniales eran empresas inscritas en Gibraltar y otros paraísos fiscales, de los que ellos eran meros empleados.
Inmediatamente que llegué a la casa fui recibido como de la familia, y conducido hasta la Capilla donde descansaba el cuerpo del susodicho, con una parafernalia y puesta en escena más propio del cine de “gánster” americano de Ford Coppola, que de una familia sevillana.
El féretro sobre un catafalco y abierto estaba bajo los escalones del altar, en medio de cuatro enormes hachones de cera encendidos, todos los bancos y las sillas cubiertos de terciopelo negro, y la familia al completo; ellos camisa blanca, con traje y corbatas negras. Ellas de negro riguroso aunque muy enjoyadas, y velos de tul cubriéndoles el pelo y parte de la cara. Los niños también presentes, de riguroso luto al igual que sus mayores.
Una vez que di el pésame a toda la familia que eran los únicos que ocupaban la pequeña iglesia, me pasaron a un abigarrado salón donde uniformadas doncellas vestidas íntegramente de negro, pasaban bandejas de bebidas y canapés a los presentes.
Este enorme habitáculo, estaba decorado con todo tipo de cabezas de animales y rodeado de un gran jardín con las cocheras, piscina, pista de tenis, caballerizas y hasta un helipuerto con el helicóptero en donde se desplazaba el finado o la familia, para las citas de negocios o para recluirse en su finca de “Los Tejares”.
Todos los que estábamos allí éramos hombres, y se hablaba de los negocios con que la buena estrella premió a D. Arturo. Me hizo pensar que nadie hablara de sus virtudes ni de su grandeza humana, pues era bien sabido de todos que había sido un sangriento tiburón que cuando olía dinero no tenía compasión de nada ni de nadie.
Ni la muerte es siquiera igual para todos, aunque siempre es verdad que nadie suele hablar mal del finado por más que lo piense. Aunque a todos les falte la vida, unos van al panteón familiar con una esquela a página completa en ABC de 4.000 euros y otros a la fosa común en el anonimato y sin que nadie te recuerde ni rece una oración por tu alma pecadora.
Al salir de aquella casa e ir a buscar el coche, me asaltó un pordiosero pidiéndome para comer. Lo invité a que cenara en un bar cercano mientras yo me bebía un whisky. Me preguntó si yo venía de la casa de D. Arturo y empezó a contarme que había sido panadero, y que por las deudas contraídas al querer ampliar el negocio y hacerlo una industria moderna, pidió dinero prestado al fallecido y que cuando pudo devolvérselo al año, la deuda era del doble, así que se quedó con su casa y su negocio, la mujer y la hija lo abandonaron cuando ya la ruina era manifiesta, y ahora vivía de la caridad de la parroquia. Me dijo una frase que se me quedó grabada:
“Yo lo maldigo hasta en el pensamiento de su aborrecible familia. Es imposible que no haya “nada” tras la muerte. Este impío pagará con la realidad que le espera”.
Nota: Una de sus criadas me contó al poco tiempo, que haciendo inventario de la fabulosa colección de vinos caros que tenía, se encontraron doscientos lingotes de oro en una falsa pared que se derrumbó por la humedad. No se los pudo llevar al infierno.
jueves, 15 de marzo de 2012
miércoles, 7 de marzo de 2012
Aquellos buenos tiempos
Era el año 65 del siglo pasado, cuando España empezaba a liberarse de las penurias económicas y comenzaba a despuntar una clase media, que acudiendo al pluriempleo, pudo empezar a consumir algo de lo que los vecinos europeos llevaban disfrutando ya muchos años.
Ángel, que así se llamaba este primo segundo mío bastante mayor que yo, pudo comprarse un Seat 600 D, que en aquella época era el “no va más” de la naciente clase pudiente. Se había casado con Aurora hacía tres años y tenían un pequeño de casi un año.
Las cuentas presupuestarias familiares las llevaba al céntimo, ya que la letra del coche lo había ajustado más de la cuenta y hete aquí, que le ofrecen un puesto en la Industria Farmacéutica como visitador médico, ganando entre sueldo y comisiones casi el doble de lo que ganaba en la tienda de muebles y con la contabilidad de las dos Sociedades Mercantiles a las que llevaba las cuentas.
Su vida y la de su familia cambiaron bastante, ya que no sólo empezaron a vivir holgadamente, sino que pudieron ahorrar algunos duros.
Fue de casualidad que un día tomando café con sus compañeros de trabajo, uno de ellos comentara de pasada que le habían ofrecido comprar una parcela de 2.000 m2 en un olivar próximo a Valencina de la Concepción, en pleno Aljarafe sevillano. Mi primo comentó que pudiera el estar interesado, y así fue como una mañana de domingo lloviendo cantidad, montó en su coche con Aurora y el niño y fueron a conocer la parcelita.
Resultó ser una parcela en un conjunto de diez, que es lo que formaba el Olivar de Jerónimo, como le decían a la finca en el pueblo, a la que se llegaba por un camino de tierra, separadas estas por unas estacas, sin luz ni agua, nada más que olivos por todas partes, pero muy baratas ya que aquello era una finca de secano sin urbanizar, donde “oficialmente” sólo se podía construir una “habitación de aperos”.
Compraron la finca entre los diez con créditos hipotecarios algunos, otros como mi primo, ya tenían ahorradas las 100.000 pesetas que costaron, incluyendo los gastos de notaría y alguna comisión que hubo que pagar.
Al sábado siguiente ya estaba poniendo Ángel y su mujer la cerca de alambre y la puerta metálica que cerraba su parcela, y a las tres semanas, ya estaban comiendo en la parcela bajo una sombrilla los filetitos y la tortilla de patatas que había preparado Aurora.
Estaban felices presumiendo de parcelita, pero aquello no dejaba de generar gastos. Tuvieron que limpiar todo de ramajes y olivos, aunque dejaron uno en una esquina, llevar la electricidad lo que les costó una pasta y hacer un pozo, pues no había agua, una habitación con una ducha, con lo que no le quedó más remedio que entramparse.
Empezó a ser para ellos la única diversión del domingo, con lo que volvían a su casa reventados de hacer tantas faenas a las que no estaban acostumbrados.
Un día comiendo en la parcela, vieron como su coche lo engullía la tierra. Se asomaron al socavón donde sólo se veía el techo del vehículo. ¡Otro problema y más gastos!, pensó Ángel con la cara pálida. Avisaron a una grúa del pueblo que después de mucho trabajo pudo sacar el coche, dejando a la vista lo que sería una cueva o una casa de los romanos o los árabes, ya que aparecieron dos ánforas de barro y una lamparilla de aceite.
Con el coche tuvieron suerte, ya que solo se le reventaron dos ruedas y suelto el paragolpes, pero lo malo es que con el descubrimiento arqueológico lo amargaron los técnicos, ya que hasta pasado un año no pudieron hacer nada en su finquita. Se llevaron algunos restos y menos mal que no encontraron más, así que cuando se decidieron a acometer la piscina, hicieron el hueco en una tarde y de tapadillo. Volvieron a aparecer restos de cerámica, pero Aurora los metió todos en un saco, y los dejó en el hueco de otra piscina de la urbanización de al lado, que fue quien más malmetió, pues el dueño era del ayuntamiento y quería que se les expropiara la parcela “por que decía, que habría más restos arqueológicos de interés”.
Tardaron muchos años en construir el chalet y mucho más en que pudieran meter el agua y el alcantarillado, pero lo mejor fue que una familia con influencias recompró una de las parcelas, y el ayuntamiento las legalizó todas y de camino se revalorizaron una barbaridad.
Como no podía ser de otra forma le pusieron nombre a la propiedad, encargando un azulejo que pusieron junto a la verja de entrada que decía:
“La flor de mi esfuerzo”, 1975. El primo era así de hortera.
miércoles, 29 de febrero de 2012
Desesperación
Un incontenido grito de agónico desaliento
Salió de la garganta de la mayoría silenciosa,
Cruzando aceras vacías, desiertas fábricas y desolados campos.
No había más margen para la esperanza y ganaba la desesperación.
Tantos eran ya los hombres, las mujeres, los niños y los ancianos
Que no podían con los yugos de la ignominia de la impuesta miseria;
“ni un minuto más aguantaremos, ya no más, este es el momento”,
Ahora sabrán de nuestra sangre que gratis daremos a la tierra
Mientras nos quede ira en la razón y fuerza en nuestros brazos.
Es lo que tenemos.
Mataremos a los enemigos que nos niegan el pan,
Que nos hunden las cabezas en basuras de opresores intereses.
Ya no más freno ante las injusticias del poderoso amo del dinero,
Que nos quita ya lo último que poseemos:
La conciencia, el orgullo, el alma y la última razón.
Es el tiempo de volver por nuestros derechos arrasados,
Lucharemos sin cobardía, sin pausa al desaliento
Por lo que nos quitaron y es nuestro,
Reponiendo en las trincheras a todo aquel que caiga.
¿Sabéis? Somos más que ustedes y moriremos todos si queréis,
Total no hay ya nada que hacer, habéis deseado estos desafueros.
Defenderemos, si es preciso, a porrazos lo poco que nos queda,
Y haremos lo posible por conquistar lo que alguna vez fue nuestro.
martes, 21 de febrero de 2012
Todo para ellos
Veníamos de ganar mil pequeñas batallas contra quien siempre juega en su terreno. En el camino se habían ido quedando los mejores, pero el derramamiento de esfuerzos había merecido la pena de nuestros muertos. Poco a poco, gota a gota habíamos ido conquistando mínimas ventajas frente al indeseado y tacaño poder del oro. Del oro ganado por todos pero que sólo unos pocos eran sus dueños, que lo defendían con todas las armas posibles que tan preciado don ponía a su alcance.
Al fin se había creado un escaso pero tenaz equilibrio, que siempre los mismos poderosos de todo, intentaban medrar a causa de sus gruesos y ágiles tentáculos que a todos los rincones llegaba, incluso hasta la empobrecida cueva de los titanes del trabajo, escondida en lo más íntimo del pensamiento proletario. Llegaban sembrando confusión, dudas y traiciones, fomentando la bilis negra de los desposeídos de casi todo.
En esa lucha desigual estábamos, cuando en la diosa Europa sonaron las botas teutonas centro económicas rompiendo y cambiando las reglas de tan precaria lucha, creando unas normas que sólo a unos pocos convenía. Avasallando a los mismos de siempre que, con miles de pequeñas luchas de sangre habíamos ido sacando puntos para defender nuestro precario esfuerzo en conservar los pequeños avances, las llamadas “conquistas sociales”.
Y abonaron los miedos a perder la ropa que nos cubría y el tasajo que alimentaba a nuestras familias. Pensaban darnos lo justo para poder comprar el pan al doble de los dineros que nos habían concedido por recoger el grano, hacerlo harina y amasarlo. O te sometías a sus nuevas leyes o quedabas en la más absoluta de las miserias.
Los nuevos amos decían: “Si no obedecéis, os Rajo y para que los Guindos de Santa María los vean, y a Mon toro en el ruedo ibérico haciendo caja con vuestros harapos ante la atenta mirada de los exigentes mercados”.
Los que caían enfermos eran rematados por sus parientes, pues en los hospitales para entrar tenías que depositar un aval bancario que cubriera el coste de las medicinas y el de la posible intervención quirúrgica, lo que sólo estaba en las manos de unos pocos. Tenías la posibilidad, si eras trabajador domesticado, de firmar en barbecho un contrato de trabajo para tus descendientes en dos generaciones, de forma que pagaran los costes que los amos estimaran.
No existían jueces, ya que la autoridad emanaba del dinero y este lo tenía quien te daba trabajo, siendo tu jefe quien dirimía los posibles conflictos que pudieran surgir, por supuesto siempre resueltos a favor del bendito benefactor que había tenido a bien dejarte trabajar doce horas diarias en su empresa.
Dejaron de existir las cárceles, ya que los reos eran controlados por un chip que les anulaba el pensamiento y la voluntad y a otros, los peores, les practicaban una lobotomía directamente como escarmiento para la masa trabajadora reincidente o rebelde.
Hasta aquí hemos llegado. La guadaña del poder y del capital nos ha podado de raíz la pequeña siembra de los derechos.
Cantemos todos con el brazo levantado en romano saludo : “Volverán banderas victoriosas/ al paso alegre de la paz…”
martes, 14 de febrero de 2012
San Valentín 2012
Se lo había encontrado de frente saliendo del portal una vez más, y ya eran no sé cuantas. Siempre se quedaban un rato mirándose a los ojos antes de continuar cada uno su camino, pero es que aquel día también coincidió con él a su regreso a casa después del trabajo y ya no se había separado nunca.
Eran la admiración del barrio, siempre tan unidos y cariñosos dibujaban una pareja de tarjeta postal de las antiguas: Yeyé y Néstor con un corazón púrpura entre ambos.
El siempre la esperaba a su regreso para dar el paseo de cada tarde. Tomaban el aperitivo en una terracita del kiosco del parque y volvían dando un rodeo hasta su apartamento donde cenaban y veían la televisión o se ponían una película de miedo que es de las que le gustaban a ella.
Cuando decidió que viviría sola, sus padres se disgustaron mucho, pues era hija única y parecía que ellos le estorbaban, pues aunque mayores ya iban teniendo algunos achaques propios, como decía el médico, del “carnet de identidad”, que era su forma de decir que se estaban haciendo viejos. De todas formas ahora iban los dos a cenar a casa de sus padres casi todos los fines de semana, y la realidad es que también a él le habían cogido mucho cariño sus progenitores.
Aquel fin de semana se quedaron en casa, pues ella marchó hacia la oficina aunque era sábado, pero no llegó a subir a trabajar, porque todo era un pretexto para comprarle a él un regalo ya que se acercaba San Valentín y le gustaba siempre tenerle un detallito.
La realidad es que llevaban una vida de pareja muy tranquila y ordenada, sin grandes alardes de comidas ni de viajes, pero ese día de los enamorados a ella le gustaba salir a cenar a algún sitio tranquilo y que no fuera muy sofisticado ni que estuviera muy lleno. Si es verdad. Era un poquito rara para estas cosas.
Aunque su vida de solitaria había cambiado, se sentía tan a gusto con Néstor que ya no se cambiaba por nadie. Notaba que se querían tanto y estaban tan unidos que no echaba de menos aquel disfrute de los primeros días del apartamento en su soledad escogida, donde respiraba independencia por cada poro de su cuerpo.
Ahora vivía de otra forma. Sus nervios se habían atemperado y ya no sentía resquemor de sus anteriores y atormentados fracasos sentimentales. Tenía una paz interior y una mente tan abierta y desinhibida que no le parecía que fuera la misma mujer de antaño.
Y todo se lo debía a su gato Néstor, que la había centrado y en donde volcaba todo el amor que otros habían despreciados.
Por eso cenando en la terracita interior de su italiano preferido dijo: “Feliz San Valentín Néstor”, abriendo el papel de regalo conteniendo un platito todo decorado de corazones, flechas y Cupidos, donde le puso media piza al compañero de su vida.
martes, 7 de febrero de 2012
Y vuelta a empezar
Cada vez que un partido político accede al poder, no entiendo el por qué hace tabla rasa eliminando todo lo que hizo el anterior gobierno y aportando solo las soluciones o las leyes de su programa electoral, sin tener en cuenta lo bueno que pudieran tener algunas leyes y normas de sus antecesores en el cargo. Así no se construye un país si cada vez que se hace algo el que viene detrás lo destruye para que no quede rastro del que antes gobernó.
La oposición es una medicina estupenda para reencontrarse con los principios y no con las comodidades del poder, pero no puede ser una acumulación de bilis y rencores, pues somos los ciudadanos los que sentimos las consecuencias de esas venganzas florentinas.
Los periódicos ya sabemos que no son imparciales, pero es que algunos son descarados en sus apreciaciones según quien gobierne. Cuando en un ayuntamiento su partido favorito estaba en la oposición, la suciedad de las calles era un problema del alcalde, y al día siguiente cuando gobiernan los suyos, es que los ciudadanos somos unos guarros que lo tiramos todo al suelo y con esto no hay quien pueda.
¡Como se da la vuelta a todo y cerramos los ojos como avestruces asustadas antes las mentiras de los políticos y de sus periódicos afines!
Si hablamos de economía, lo que antes eran recortes y hachazos ahora son reformas y retoques. ¿Somos descerebrados los sumisos ciudadanos que no se nos puede decir la realidad de lo que ocurre?
Parece mentira que con la que está cayendo, no tengamos reaños para salir a la calle a protestar por todo lo que nos están haciendo, cuando da la casualidad que somos víctimas y no reos, y sin embargo somos capaces como rebaño, quemarlo todo ante la injusticia de un árbitro, en un partido de futbol que pierde nuestro equipo, o ante una macro fiesta discotequera en donde no nos dejan entrar.
Pero no sólo no hacemos nada la mayoría llamada por su cobardía silenciosa, sino que criticamos ferozmente a los chavales del movimiento 15M llamándolos perroflautas y drogados porque simplemente hacen lo que nosotros no tenemos cojones de hacer.
Como la política es una magnífica oficina de empleo de cara a nuestros electores, parientes y amigos ya que somos estómagos agradecidos, y una madriguera acogedora y generosa para ese retiro merecidísimo que creemos nos corresponde en cuanto nos desbancan del cargo, pues adelante, y que nadie toque tan apetecidas prebendas en este tiempo de desasosiego e inseguridad que nos ha tocado vivir, para eso somos la casta sagrada de los “Padres de la Patria”.
Y para colmo de males resulta que los mismos que nos metieron en los problemas actuales, son los que nos dictan qué tenemos que hacer obligatoriamente si queremos salir algún día de este estercolero en que nos encontramos. Increíble tanto cinismo y prepotencia.
Hemos salido de pobres para alcanzar la más gloriosa de las miserias.
Amén.
miércoles, 1 de febrero de 2012
¿Somos iguales?
De todas las situaciones por las que pasamos los humanos, hay una que a unos agrada más que a otros y que depende del carácter de cada persona, y esto es la relación o el relacionarse con el sexo opuesto.
Recuerdo de pequeño cuando acudía al colegio de los Hermanos Maristas, como al salir de clase coincidíamos con otros colegios, en este caso femeninos de las Irlandesas y Esclavas, viéndonos los unos a los otros como bichos raros, ya que por entonces no se nos mezclaba a niños y niñas en la misma clase, lo que vino mucho más tarde con la democracia en nuestro país. Una más de tantas cosas que nos perdimos los de mi generación, con los miedos al fuego eterno por el pecado que se veía en toda relación entre niños y niñas.
Y la verdad es que aunque no nos atrevíamos a entablar conversación con ellas cuando iban solas o en grupitos, si que nos acercábamos cuando eran las hermanas o primas de alguno de nuestros compañeros, lo que daba pié a nuestras primeras relaciones y a nuestros primeros enamoramientos.
Veo ahora nuevamente como algunos colegios elitistas discuten la conveniencia de que ambos sexos convivan y estudien en las mismas aulas, con el pretexto de algunas teorías opusianas, interesadas en demostrar que el aprovechamiento es mayor en clases segregadas que en la misma para todos, cuando lo que subyace es una obsesión seudoreligiosa y enfermiza por ver lo pecaminoso de estar ambos sexos en un mismo habitáculo.
Y digo yo, que ya que en cualquier actividad de la vida conviviremos todos juntos, que mejor que la infancia y la juventud se eduquen relacionándose, ya que sería aprender a estar con el diferente desde pequeños, sin relegar a nadie por condición de creencias, color de piel, nacionalidad, riqueza ni sexo. Sería darle rango de normalidad a lo que ya es normal.
Decían los abuelos al principios del pasado siglo, que “el buen paño en el arca se guarda”, refiriéndose a como las mujeres debían estar encerradas en sus casas sin relacionarse con nadie, dando potestad al padre para dársela en matrimonio al que sus intereses espurios mandara, o sea, igual que lo que hoy criticamos a afganos y demás países árabes cuando obligan a sus mujeres a casarse siendo niñas con viejos, y a salir enterradas en el burka de sus casas. Machismo en estado puro, no sólo religión.
Pero lo más curioso y que no deja de asombrarme, es que en muchos casos sean las propias mujeres las que defiendan estas teorías machistas de segregación, cuando ellas mismas se quejan de que en sus empresas les pagan salarios más bajos que a los hombres realizando igual o superior trabajo, y de cómo la maternidad las tiene apartadas de los canales de promoción interna. ¿En qué quedamos? ¿Para unas cosas el trato debe ser igual y para otras no?
La realidad es que queremos darles a nuestros hijos lo mejor, y hoy por hoy los mejores colegios privados son los de la Iglesia Católica, ya que en estos centros de élites pudientes, sus relaciones presentes y futuras los llevaran al máximo nivel de riqueza y de poder. Lo que menos importa de todo esto es el adoctrinamiento, y si estos centros deciden que los niños con los niños y la niñas con las niñas, pues adelante, y en el futuro seguiremos discriminando en todas las actividades de la vida, ya que eso es lo que les hemos enseñado.
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