viernes, 21 de mayo de 2010

EL ASCENSOR

Ahora que estaba consiguiendo dormirme, el ascensor otra vez ¡Joder! Es increíble lo que se mueve la gente de Sevilla en Julio a las cuatro de la tarde y si hablamos de este bloque, es que es la leche y con la que está cayendo. No se nota casi ni el aire acondicionado.

No sé que voy a hacer después de quejarme tantas veces al Presidente de la Comunidad; o me meto por las bravas y denuncio esto en el juzgado o me cambio de vivienda.

Pero es que esta casa es la “Casa de los Conflictos”. Cada vez que acudo a una reunión de Comunidad, me digo que será la última. Y es que cada vez que voy hay broncas, amenazas, manoteo y muchas cosas más.

El del 4ºA Gonzalo, liado a voces con el del 9ºC Roldán, a causa del perro de este que se hace sus necesidades en cualquier lado. Pero esto viene de antiguo pues Roldán le achaca al otro que le ha rallado el coche dos veces en el garaje, lo cual niega rotundamente y encima le dice que lo que tiene que hacer es lavarlo para que se le vea el color “de fábrica”.

Esto es de lo más suave. El año pasado en Navidad, hubo que avisar a la policía, pues Susana y Carlos hermanos y habitantes del 3ºD, organizaron una “botellona” en la azotea con música y todo. Pero es que la gente se enfada por nada. ¡Cuidado protestar por una fiestecilla de cuarenta chavales borrachos o medio borrachos y con la música a tope! Total, otros vecinos enemigos del resto. ¡Ah! Y encima ofendidos.

Repasaré los diferentes temas tratados en la última reunión y que no tenían nada que ver con “El Orden del Día”. Fueron los siguientes:

-Niños jugando a esconderse en los ascensores, mientras sus padres estaban en el bar de al lado.

-En la azotea, Julia del 1ºB, había ocupado una cuerda del tendedero, que no era la suya, con una alfombra.

-Pintar en la pared de la entrada “Marisa es puta”.

-Que la gente no saluda, ni ayuda a las señoras mayores que vienen con paquetes o a madres cargadas y con carritos.


                                                                              
Pero lo mejor que os puedo contar de lo acaecido en nuestra casa fue, cuando el ascensor quedó parado entre los pisos 7 y 8 con gente dentro. Avisado el servicio técnico por los propios ocupantes y abierto este, se encontraron a dos adultos desnudos y en situación muy cariñosa, por lo que los gritos que se escucharon en la escalera a las dos de la mañana no eran de miedo claustrofóbico como comprenderéis. Al día siguiente apareció un gran cartel en el portal que decía:

“Cuando las ganas de joder aprietan, ni el ascensor parado se respeta”.

No os podéis imaginar la que se lió. Había quien quería meter en la cárcel a la pareja y otros pedirles autógrafos. Hubo un vecino que para evitar estos desmanes, pidió que las puertas de los ascensores fueran transparentes.

Estos ascensores eran bastante viejos y tenían una rendija entre la puerta y el habitáculo, por lo que a Dña. Rosario le chupó el abrigo de visón el ascensor en movimiento y a punto estuvo deque se le fuera la mano detrás. Ni que decir tiene que cuando vinieron los técnicos y sacaron el dichoso abrigo, este no servía ni para trapo.

Ya que estaban en el foso del ascensor, se limpió de todo lo depositado allí: Un paraguas, una butaca de playa, dos peluches, varias bragas y sujetadores, la funda de una guitarra, una raqueta, muchos preservativos, los restos de un gato y un montón de cosas absurdas.

Por último os diré que donde todos coincidíamos era en los entierros de algún vecino, pero nunca se formaban tertulias de bien avenidos porque no los había. Creo que algunos se congratulaban del ovito envés de sentirlo. Iban de risas.

Al final me fui a vivir al campo en donde solo me peleo con las gallinas, aunque aquí no hay morbo.

Moraleja: Si no puedes vivir con los humanos, huye al bosque únete a los animales y jodete.

Zizur Mayor (Pamplona), a 20 de Mayo del 2010

miércoles, 12 de mayo de 2010

La recomendación

Temblad, temblad de envidia, malditos parados con lo que os voy a contar. Pero antes permitidme deciros que las oposiciones a cualquier estamento de la Administración del Estado es la solución de vuestra vida, da igual la estatal que la autonómica, al Ministerio de Hacienda o a la Junta de Andalucía. Es el futuro si queréis ser seres felices en compañía de vuestras mujeres e hijos, y generosos con los tiempos y los espacios. Os engañan en el sueldo, no en el trabajo.

Os quiero hablar de Braulio, un amigo que tenía mi padre, que era de su pueblo y que vino buscando un enchufe.

Estaba mi progenitor en su despacho, cuando le anunciaron que tenía una visita en la puerta:

- D. Ramón es un señor que lo conoce del pueblo, viene con un paquete enorme que huele de maravilla, dice que se llama Braulio y viene con su hijo para hablar con usted.

-Espera veinte minutos y me los pasas.

El conserje, que estaba bien aleccionado, se los pasó a mi padre a la hora y media.

-Hombre Braulio, pasa. Perdona el haberte hecho esperar, pero es que tengo trabajo para ahogarme y no he podido atenderte antes. Me imagino que tu familia está bien y ¿Este? No será Santito.

-Pues sí, don Ramón. Es que ha crecido más de la cuenta. La leche en polvo de los americanos ha hecho milagros.

(A todo esto Braulio y “el Santito” permanecían en pié y mi padre sentado)

-Bueno dime qué te pasa.

-Antes de nada, le quiero dejar estas chacinas de la matanza que la Rosario me ha dicho que le entregue, pues sabe lo que le gustan a usted y a la señora de usted, Dña. Caridad.

-Gracias Braulio. Pero vamos al tajo y dime qué quieres.

-Don Ramón: Ya soy viejo para la labranza, mi mujer enferma y los niños chicos que necesitan mucho. Y el campo no da para tantas bocas. Me gustaría colocar al Santito en la ciudad. Tiene 17 años, en la escuela le han enseñado a leer, a escribir y de cuentas. Por favor, búsqueme algo para el niño y que nos eche una mano para poder ir tirando.

-Hostias Braulio, yo no soy ni Franco ni Dios, y ya sabes que las cosas están muy malas. Todos los días vienen diez del pueblo para que los coloque. ¿Quién coño os habéis creído que soy? Bueno venga, vete y ya te avisaré con el “bollerito” si hay algo.

-Por favor, Don Ramón, que nuestra vida depende de usted.

-Id con Dios y si hay algo ya te aviso.

Hubo unas oposiciones “de estado” para celadores de hospitales y mi padre recomendó al Santito, no sin antes decirle lo que tenía que hacer:

-Tienes que contestarlo todo bien o mal. Tú lo contestas todo. Al final y antes de la firma pones que eres sobrino del camarada Ramón Olivares Guzmán y con grandes letras mayúsculas “Viva Franco y Arriba España”.

El Santito, que aunque de apariencia cazurro y mal encarado, de tonto no tenía un pelo y con su flamante “lápiz de tinta”, que le había regalado D. Luis su maestro, respondió a todo. En una cuenta con decimales que tenía dudas, el mismo vigilante del aula se la corrigió. Por supuesto que al final del examen puso el nombre de su benefactor y los “vivas” de rigor que tanto puntuaban.

Así fue cuando al mes y medio, ya estaba trabajando en el “Hospital García Morato”, de la mariana y bendita ciudad de Sevilla. Lo destinaron al “Mortuorio”, que al principio le daba un poco de repelo, pero a la semana se había acostumbrado, ya que era una zona muy tranquila y sus “pacientes” no se quejaban.

Tanto se acostumbró al entorno de su trabajo, que era normal en este mes de Julio tan caluroso, se metiera en el frigorífico de los “cayetanos” para dormir la siesta.

Y ahí fue donde tuvo el primer percance por el que fue amonestado, pero sin que el agua llegara al río, ya que el cachondeo duró mucho tiempo en el hospital y en toda Sevilla.

Estaba tendido en una camilla en el “frigo”, tapadito con dos sábanas y soñando con su Dolores, cuando entraron en la estancia refrigerada dos camilleros con un fiambre y al chocar con la camilla del Santito, esté se despertó gritando sobresaltado, de tal forma que los enfermeros salieron de la cámara chillando y demudados en la color. En el silencio del hospital a las cuatro de la tarde solo se escuchaban los gritos desgarrados de estos desdichados diciendo: “un resucitado, socorro, un muerto ha resucitado, venid”.

A los dos camilleros hubo que darles tila y un buen copazo de coñac para tranquilizarlos y al Santito después de la regañina lo cambiaron a quirófanos de la segunda planta, de donde otro día os contaré alguna historia del figura ya famoso, conocido de todos dentro y fuera del hospital como leyenda viva, por el “mote” de “El Resucitado del Morato”.



Villanueva del Ariscal a 12 de mayo del 2010





domingo, 9 de mayo de 2010

Conmigo mismo

Me parece mentira haber llegado a esto. “Esto” es que este año solo fui dos días a la Feria de Abril de Sevilla, cuando hace solo ¿Diez? ¿Quince? ¿Trein… años? No había quien me sacara de la Caseta. Una semana antes con el montaje de la susodicha, y ya en la feria propiamente, desde el medio día hasta bien entrada la noche: Amigos, “sevillanas”, manzanilla, baile, cante del bueno, manzanilla, “te acuerdas de…”, exaltación de la amistad, manzanilla, etc., etc., etc.

Para colmo ni brindar con mi cuñada Gary he podido como todos los años. Ya sé yo, que desde que está inmersa en el mundo de la farándula no se acuerda de sus irrenunciables compromisos familiares. Todo sea para bien de la memoria de los Hermanos Álvarez Quintero y del costumbrismo andaluz.

Este año esperé a que viniera mi familia de Pamplona. Pero en honor a la verdad quiero decir, que quien estuvo más cerca del ambiente de esta feria a mi lado fue mi nieta Olivia, ya que la tuve en mis brazos casi todo el tiempo; quería empaparla de “lo nuestro”.

Montó a caballo, bailó, se arrastró en el santo albero de mi caseta, y no bebió manzanilla porque los pediatras no la recomiendan a tan temprana edad; ni siquiera hay un “potito” que la contenga, ni en cantidades no perjudiciales para la salud con el solo propósito de inhibirse y mostrar el entrañable salero que tenemos en esta tierra de todos.



No sé si se dio cuenta de quien tenía a su alrededor: Titos y titas, primos y primas, amiguitos y una serie de indeseables hablando de literatura y poesía. Mi amigo Rafa de Cózar, mi maestro José Manuel Delgado Adorna y dos amigos desheredados de la fortuna literaria que no lo habían invitado a comer hacía bastante tiempo, pues ni se quemaban con el pescaíto recién salido del ardiente “oliva”.

Hablamos de premios, del dinero que aunque vil metal, les es imprescindible a los escritores para tener una libertad e independencia a la hora de escribir. ¿Cuál es el valor de tantas horas pasadas en la etérea neblina de la noche o en el calor soporífero del medio día, a la espera de rellenar la susodicha A4 que esperan sus lectores? ¿Cómo puedes centrarte en la España del XVII cuando vienes de hablar con la madre de Juan Romero, porque el niño hace “novillos” reiterativos y se pasa al maestro por el forro de los cataplines?

Como siempre, todo se supedita a si admiras al santo, al sabio, al poderoso o al rico. Ni que decir tiene que para cualquiera de los mortales lo ideal es un coctel de todos, pero como decía el Agente 007, agitado y no mezclado.

Lo cierto es que ante la atenta mirada de mi nieta hablamos de Cádiz y de nuestro común amigo Arturo Pérez Reverte y su última novela, a la cual creo le sobran cien páginas. De Sevilla y del Tribunal de la Santa Inquisición puesto tan de actualidad por recientes publicaciones de Nerea Riesco, Eva Díaz Pérez y muchos otros y otras.

Y como siempre de nuestros mejores ídolos: Borges, Marguerite Yourcenar, Kavafis, Cortázar y demás dioses a los que adoramos en nuestra pobre inteligencia provinciana. Y como no del último libro de poesía de José Manuel, “Desde el Sur”: Magnífico y auténtico como es él.

Tantos amigos que nos vemos de “higos a brevas”, pero que retomamos nuestro encuentro allí donde se nos quedó la palabra. Bendita sea la Feria de Abril de Sevilla para los que ya no cantamos ni bailamos, pero que podemos encontrarnos con los nuestros y hablar del próximo Diluvio Universal, rogando a nuestros Lares que por favor llueva manzanilla.

viernes, 30 de abril de 2010

LA ÚLTIMA ESPERA

Otra vez agua. Desde que el médico dijo que tenía que estar muy hidratada me dan un jeringazo de agua cada media hora o ¿Cada hora? No sé. Ni veo, ni casi oigo y no siento ninguna necesidad física. Solo quiero que me dejen tranquila con mis pensamientos. Me da igual comer, beber o dormir. Estoy sola en la nebulosa de las sombras y luces de mi pasado. No sé si estoy en mi casa o en un hospital. A veces me parece que es mi familia quien me atiende. Me llegan voces lejanas que creo dirigidas a mí llamándome mamá, abuela, señora…Yo que sé. Sé que soy muy vieja y que estoy a un hilo del final. Tanto temer a la muerte y a mí me da igual que venga ya. Hace tiempo que estoy dispuesta. Tengo puesto mi último traje, ya hice mi última oración, ya me despedí de los míos.

Es curioso lo bien que me acuerdo cuando jugaba con mi hermana, mis primas y mis amigas al corro, a la gallinita ciega, al esconder, a la comba. Ese momento es lo único que identifico con la felicidad. El resto de mi vida siempre con lutos, con tristeza, congojas y desamparo. Pronto faltaron mis padres y mi hermana. Quedé sola en la vida desde niña.


                                                                            




En el internado de las monjas siempre, todo el año. Salíamos los domingos a primera hora de la mañana a misa, a la cercana iglesia del pueblo y luego nos quedábamos jugando en el patio del colegio hasta el almuerzo. Siempre igual, hasta el verano, en que pasaba con mis tíos un mes en un balneario siempre rodeada de mayores. Me sentía vieja cuando llegué a la pubertad. Hacía poco tiempo de mi Primera Comunión cuando me casaron con un amigo de mi tío que me doblaba la edad.

Y luego muchos hijos, muchas enfermedades y muy sola, aunque estaba rodeada de sirvientas y de conocidos de mi marido, al que por cierto veía muy poco, ya que estaba siempre de viaje por los negocios. Cada vez que volvía me quedaba embarazada y otra vez a empezar con las fatigas, los mareos y las medicinas.

Tuve nueve hijos y tres abortos. Los que Dios me quiso mandar.

Algunos murieron de pequeños: De diarreas, meningitis, otro ahogado en el pozo de la huerta y el último ya con catorce años o así de escarlatina.

Siempre me recuerdo llorando y rezando. Me consolaba mucho rezarle a Sta. Teresita del Niño Jesús. Me identificaba con ella y con todos los niños santos, porque en el fondo y aún hoy que soy muy vieja, me veo como una niña, con mi vestido blanco de raso y una cinta rosa en la cintura atada detrás con una gran lazada, y mi diadema del mismo color.

Por qué todo no siguió siempre igual que entonces, entre juegos, excursiones y helados. Y papá y mamá.

Que poco tiempo tuve para quererlos, para recibir sus besos y sus abrazos. Ellos que nunca hicieron mal a nadie y que todo a su alrededor era felicidad. Que vedad es que Dios se lleva pronto a los mejores.

Por qué no me dejaran tranquila. Por las voces, creo que me quieren dar de comer. Pero no tengo ganas.

Solo quiero irme ya. Seguro que me lo voy a pasar estupendamente con los niños que seguro habrá allí donde sea que vayamos.

Y por fin veré nuevamente a mis padres y a mis primas y a mi hermana. Y juraremos al corro, a la gallinita ciega, al esconder, a la comba.

La última la queda.

miércoles, 21 de abril de 2010

PREGÓN CASETA FERIA DE ABRIL 2010



Como cada año se celebró el pregón de la “Caseta de la Feria de Abril de Sevilla 2010”, este año a cargo del diestro nacido en la Magdalena, José Mª Jiménez Sánchez, ”El Triste” para los amigos.

Dicho pregón fue cortito pero intenso, ya que la emoción y los aplausos no dieron para más. Su esposa “La Chelo”, al grito de “Más alto, más alto, chíllame como a mí”, consiguió que nos enteráramos pese a los codazos del respetable por tomar sus asientos.

Después de escuchado el himno Nacional y de varios vivas y que “se sienten, coño”, salieron al Ruedo Padrino y Pregonero.

Fue apadrinado por el anterior pregonero, Carlos Alba Jiménez, que tras la presentación del susodicho le dio la alternativa.

Le salió un Pregón “Negro Zaino” que el pregonero recibió a “Puerta Gayola” con los “Olés” y las lágrimas contenidas del Respetable. El cambio de tercio se llevó a efecto después de los sucesivos gritos de “buchito, buchito”.

Fueron múltiples los lloros y “jipios” del “Triste”, como los asistentes al festejo esperaban. El banderillero Manuel Pérez-Cerezal Mellado, que le trajo un ”gin-tonic” al maestro para refrescarle el “sequero”, fue muy aplaudido.

En contra de los pronósticos más adversos, estuvo fino con la muleta y ajustado en los “de pecho”, entrando a matar de forma firme y decidida por lo que el Sr. Presidente le concedió la placa que lo identifica como maestro del pregón. Salió a hombros por la “Puerta del Príncipe”, no sin antes anunciar que el Pregonero del próximo año, Dios mediante, será Enrique Sánchez de Ibargüen Fernández.

Después de dicho acto, el público presente se entregó a la bebida entre los comentarios de que “se había llorado poco”.

                                     










martes, 20 de abril de 2010

Cita a ciegas

Se despertó con dolor de huesos por haber dormido mal. Había estado en un “duermevela” toda la noche. Se levantó y después de pasar por el baño, se fue a la cocina a prepararse el primer café de la mañana, ya que sin él no se ponía las pilas. Pensó en la cita que tenía dentro de hora y media. No sabía qué hacer. ¿Acudiría?

Todo empezó el martes anterior cuando recibió un correo electrónico de su padre. ¿Su padre? Se ponía en contacto con ella después de más de veinte años. No lo recordaba, pues se divorció de su madre cuando ella era muy pequeña. Fue un divorcio con múltiples broncas antes y después, sin importarles que ella estuviera en medio y aunque era pequeña, sufría con el mal ambiente reinante.

El se marchó a Noruega como ingeniero en una plataforma petrolífera, desde donde les enviaba el dinero que estipuló el juez y que recibían puntualmente en su cuenta bancaria. Pero no sabían nada más de él.

Hacía cuatro años que tuvo que ingresar a su madre en una Residencia para enfermos de Alzheimer, la cual pagaba su padre. Desconocía como se había enterado, pero gracias a esto ella pudo seguir estudiando.

Ahora aparecía después de tanto tiempo, citándola en una cafetería del centro. Pedía perdón por no haber intentado verla desde que se fue.

Se vistió deprisa, pues quería pasar por la Facultad de Periodismo para entregar un trabajo para su doctorado.

Mordisqueando una rosquilla se lanzó escaleras abajo ya con el tiempo algo justo. Cuando salió del portal el autobús que tenía que coger estaba en la parada. Empezó a correr haciéndole señales al chofer para que la esperara. Llegó justo un segundo antes que cerrara las puertas. Sacó el “bono bus” y justo en ese momento el autobús dio un brusco acelerón, con lo que rosquilla, bolso, abrigo y libros cayeron al suelo y por poco no cayó ella también. Un señor la agarró y cuando la dejó segura se agachó y recogió todo lo que había caído.

-Muchas gracias y perdone.

-De nada señorita. Tranquilícese, la veo muy alterada.

-Es que siempre me pasa igual, me levanto con mucho tiempo pero siempre llego tarde a los sitios.

-Lo importante es llegar. Yo he esperado mucho hasta estar hoy aquí. No sé si será oportuno para la otra persona, pero mentalmente volver lleva su tiempo y sobre todo cuando se tiene cierta edad y mala conciencia.

Está la ciudad irreconocible con respecto a la que dejé.

¿Le importaría avisarme cuando lleguemos a la plaza de la Constitución?

-No se preocupe, yo me bajo allí.

-Me llamo Alberto y vuelvo desde el norte de Europa para ver a mi hija que dejé con su madre hace veinte años. Perdone si le molesto con mi conversación, pero es que estoy muy nervioso.

-No se preocupe. Le debo haberme librado de un buen porrazo.

-Mi hija será de su edad aproximadamente. No sé si me perdonará todos los años de ausencia, pero hay veces que no se puede hacer lo que uno quiere. Aparte de no llevarme bien con su madre de la que me divorcié, me tuve que ir solo para no poner en peligro a mi familia y que no me ocurriera nada, pues puse a la policía en antecedentes de lo que estaba pasando en una empresa donde trabajaba de ingeniero en nuevos proyectos. Me di cuenta que la empresa era una tapadera para el lavado de dinero del narcotráfico.

-¿Quiere aún a su hija?

-Con toda mi alma.

-Perdone pero ya llegamos. Esa es la plaza.

-La invito a un café si puedes, ya que tengo todavía media hora para mi cita.

-De acuerdo. Vamos a tomarlo para que te dé tiempo de contarme todo lo que te ha pasado en estos años. ¿Te puedo llamar papá?

martes, 6 de abril de 2010

El encuentro

Casi todas las cosas importantes suceden sin que nosotros seamos conscientes del momento mágico en que se producen. Estamos tan metidos en nuestros míseros pequeños mundos, que pasan por nuestro lado sin que nos parezcan lo suficientemente anómalas para distraernos en disfrutarlas o padecerlas.



Estaba dando un paseo por el “híper” cuando me percaté de una señora de mediana edad que me miraba insistentemente. Cambié varias veces de dirección pero siempre me seguía. Una de las veces que cambié de pasillo vi que venía directamente hacia mí:

-Perdone por mi atrevimiento, pero físicamente es usted igual que mi hermano Arturo. Murió hará pronto nueve años, pero es que lo sigo echando tanto de menos… Su aspecto, sus rasgos, su forma de andar y moverse, son iguales a los de mi hermano. Si me permitiera invitarlo a un café o lo que quiera para poder hablar un poco, me creería que hablo con él. Fue tan importante para mí y lo quería tanto….

Podía quedarme un rato, así que acepté la invitación de la señora.

-Bueno, no me he presentado. Me llamo Esperanza y el era mi único hermano. Desde que murieron primero mi padre y al año mi madre, hemos estado muy unidos. Él era el mayor y yo tenía diez años cuando faltaron mis padres. Arturo tuvo que dejar la universidad, hacía derecho, y ponerse a trabajar para salir adelante. Hizo unas oposiciones a Hacienda, y gracias a eso pude yo seguir estudiando. Era todo para mí. Se preocupaba de mis más mínimos detalles: Estudios, ropa, comida. Era hermano, padre, amigo y confidente. Yo sé que no le gustó Alfonso como marido para mí, pero ponía buena cara ante lo inevitable.

Qué razón tenía con esa antipatía. Me separé de Alfonso hace cuatro años. Ya no podía aguantar más sus malos tratos, sus insultos y menosprecios. Incluso me echaba en cara que no tuviéramos hijos. Ahora solo vivo para el recuerdo de mí hermano.

A mi cuñada y a su hija no las veo hace años. Solo alguna vez las felicito por teléfono en su santo. Si supiera el pobre después de todo lo que luchó, que su negocio se lo comieron en un año entre la mujer y la niña. ¿No te importa que te lo cuente, verdad?
¡Qué remedio!   
                                             
-Arturo se enamoró perdidamente de Toñi. Eran compañeros en el departamento de sanciones, y empezaron a salir enseguida. A pesar de esto, mi hermano no me descuidó lo más mínimo y de su largo noviazgo tuve la culpa, ya que no consintió en casarse hasta que yo pasé por el altar.

Mi cuñada siempre estaba muy celosa conmigo, pues decía que mi hermano había aportado una hija a la pareja. Por su culpa últimamente nos veíamos menos, aunque siempre sin perdernos de vista.

Toñi era muy ambiciosa y el Ministerio de Hacienda se le había quedado pequeño, así que pidieron dos años de “cedencia” y montaron una Gestoría donde hacían lo mismo de antes pero ahora defendían a los contribuyentes.

Fue un éxito. Cuando mi hermano tuvo el accidente tenían once personas a sueldo y 500 m2 de oficinas. Hoy lo tienen sus empleados de entonces, pues mi cuñada se lo vendió todo.

Entre el seguro de mi hermano y la venta del negocio se juntó con más de un millón de euros, de los cuales ya solo les queda el piso y el viejo Volvo. No sé con lo que derrochan en lujos como pueden vivir con la pensión de viudedad, ya que mi sobrina sigue “paseando” los libros, sin ánimo de “pegar un palo al agua”. Hasta un novio que tuvo se fue aburrido de aguantar los caprichos de ambas mujeres, porque la niña y la madre son iguales en todo.

Perdóneme si le estoy haciendo perder el tiempo, pero es usted tan igual y tenía tantas ganas de desahogarme.

Lo daría todo porque mi hermano estuviera vivo. Lo sigo queriendo como si estuviese ahí mismo donde usted está.

El recuerdo, la pena y la ansiedad me hacen no darme cuenta de que estoy tirando mi vida, que no lo supero. Hoy al verlo y hablar con usted he vuelto a sentir la vida que a él le faltó, en mí. Creo que me siento una persona nueva. Se lo debo a él y me lo debo a mí misma.

¿Podríamos vernos en otra ocasión? Perdóneme de nuevo. No lo he dejado ni hablar. No me acuerdo de su nombre.

No se preocupe. No tiene importancia. Llámeme como a su hermano, pero vernos otro día será difícil, pues salgo para un sitio muy lejano y no sé si mi jefe me dejará volver nuevamente por aquí.



Me gustaría que me prometiera que va a intentar volcar todo ese amor que tiene encerrado, en las personas que más cerca tiene. Yo la he escuchado y está en deuda conmigo.



A lo mejor debería empezar por visitar a su cuñada y sobrina. Seguramente la necesitan y no saben después de todo lo pasado como decírselo. Su hermano lo verá con agrado allí donde esté.



No lo piense y hágalo.



Me están llamando. Me tengo que ir.

-¿Pero dónde está? ¡Señor, señor, déjeme por lo menos su teléfono!

Salí corriendo a la entrada pero no lo veía. Era imposible que se hubiera disuelto en el aire.

Volví a la cafetería y le pedí al camarero la cuenta:

-¿Qué le debo?

-Su café ya me lo pagó señora.

-¿yo? Y además han sido dos.

-Señora, yo solo le he puesto un café y ya me lo ha pagado. En la mesa solo hay una taza.