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domingo, 9 de mayo de 2010

Conmigo mismo

Me parece mentira haber llegado a esto. “Esto” es que este año solo fui dos días a la Feria de Abril de Sevilla, cuando hace solo ¿Diez? ¿Quince? ¿Trein… años? No había quien me sacara de la Caseta. Una semana antes con el montaje de la susodicha, y ya en la feria propiamente, desde el medio día hasta bien entrada la noche: Amigos, “sevillanas”, manzanilla, baile, cante del bueno, manzanilla, “te acuerdas de…”, exaltación de la amistad, manzanilla, etc., etc., etc.

Para colmo ni brindar con mi cuñada Gary he podido como todos los años. Ya sé yo, que desde que está inmersa en el mundo de la farándula no se acuerda de sus irrenunciables compromisos familiares. Todo sea para bien de la memoria de los Hermanos Álvarez Quintero y del costumbrismo andaluz.

Este año esperé a que viniera mi familia de Pamplona. Pero en honor a la verdad quiero decir, que quien estuvo más cerca del ambiente de esta feria a mi lado fue mi nieta Olivia, ya que la tuve en mis brazos casi todo el tiempo; quería empaparla de “lo nuestro”.

Montó a caballo, bailó, se arrastró en el santo albero de mi caseta, y no bebió manzanilla porque los pediatras no la recomiendan a tan temprana edad; ni siquiera hay un “potito” que la contenga, ni en cantidades no perjudiciales para la salud con el solo propósito de inhibirse y mostrar el entrañable salero que tenemos en esta tierra de todos.



No sé si se dio cuenta de quien tenía a su alrededor: Titos y titas, primos y primas, amiguitos y una serie de indeseables hablando de literatura y poesía. Mi amigo Rafa de Cózar, mi maestro José Manuel Delgado Adorna y dos amigos desheredados de la fortuna literaria que no lo habían invitado a comer hacía bastante tiempo, pues ni se quemaban con el pescaíto recién salido del ardiente “oliva”.

Hablamos de premios, del dinero que aunque vil metal, les es imprescindible a los escritores para tener una libertad e independencia a la hora de escribir. ¿Cuál es el valor de tantas horas pasadas en la etérea neblina de la noche o en el calor soporífero del medio día, a la espera de rellenar la susodicha A4 que esperan sus lectores? ¿Cómo puedes centrarte en la España del XVII cuando vienes de hablar con la madre de Juan Romero, porque el niño hace “novillos” reiterativos y se pasa al maestro por el forro de los cataplines?

Como siempre, todo se supedita a si admiras al santo, al sabio, al poderoso o al rico. Ni que decir tiene que para cualquiera de los mortales lo ideal es un coctel de todos, pero como decía el Agente 007, agitado y no mezclado.

Lo cierto es que ante la atenta mirada de mi nieta hablamos de Cádiz y de nuestro común amigo Arturo Pérez Reverte y su última novela, a la cual creo le sobran cien páginas. De Sevilla y del Tribunal de la Santa Inquisición puesto tan de actualidad por recientes publicaciones de Nerea Riesco, Eva Díaz Pérez y muchos otros y otras.

Y como siempre de nuestros mejores ídolos: Borges, Marguerite Yourcenar, Kavafis, Cortázar y demás dioses a los que adoramos en nuestra pobre inteligencia provinciana. Y como no del último libro de poesía de José Manuel, “Desde el Sur”: Magnífico y auténtico como es él.

Tantos amigos que nos vemos de “higos a brevas”, pero que retomamos nuestro encuentro allí donde se nos quedó la palabra. Bendita sea la Feria de Abril de Sevilla para los que ya no cantamos ni bailamos, pero que podemos encontrarnos con los nuestros y hablar del próximo Diluvio Universal, rogando a nuestros Lares que por favor llueva manzanilla.

2 comentarios:

  1. Ya verás abuelo la de cosas que te contará tu nieta de la feria cuando empiece a hablar.Será una pamplisevi y no se perderá ni los san fermines ni la feria. Que guapos están el abuelo y mi sobrina. Tita elvi

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