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domingo, 28 de mayo de 2017

El tiempo

Lo que vivimos, nuestro tiempo, o es el ahora o no existe, ya que no es tangible ni el futuro ni el pasado, que ya es sólo recuerdo. Nadie puede firmar que sobrevivirá al instante del ahora.
                                                               


Si tuviéramos que medir nuestro estar en esta maltrecha tierra, no sería ni un toque de brisa en un prolongado invierno de una inextinguible  tormenta. El universo nació hace 15.000 millones de años, y el más antiguo de los homínidos data de sólo hace 35 millones de años, cuando desaparecieron los dinosaurios, y se desarrollaron y evolucionaron los mamíferos insectívoros.
                                                                     


Si, así de pequeña es esta humanidad, que lucha creyéndose inmortal e infinita.
El tiempo, para los no creyentes es Dios, ya que es una magnitud física la cual medimos utilizando un proceso periódico, y entendiéndose como un proceso que se repite de una manera idéntica e indefinidamente, aunque a los cristianos  nos dicen que Dios creó el tiempo, pues esa es la magnitud y definición de lo infinito, Dios, primer motor e impulsor de todas la cosas, como defendía Santo Tomás filosóficamente su existencia.
                                                                      


Hubo un tiempo en que los habitantes de la tierra no esperaban nada de lo que había detrás de la muerte; este era su distintivo, su orgullo. El tiempo va cada vez más rápido en la vida de un humano, y corre más rápido y más fuerte cuando menos queda, como quien se va despojando de su peso, de su combustible y vuela. Como quien come de sí mismo, y es más y más ligero cuanta menos carne lo retiene. 
                                                                     
 

Yo recuerdo las largas tardes de lluvia cuando no podíamos salir a jugar a la calle. Aquel tiempo lo recuerdo como eterno, (pura relatividad), días interminables donde el niño que éramos, creía en lo eterno de los días; que no pasaban las estaciones.
                                                                       


Decía Cervantes, que “la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo porvenir”, lo cual casi viene a definir lo frágil, corta y efímera de la historia del  tiempo del hombre.
                                                                         
 
Y sin embargo cual difícil es despedirse de nuestro tiempo, aceptar que nos morimos y se nos acaba el ahora. Nadie se resigna a morir, nadie cree que llegó el día y que no existe ya el después ni el mañana. Entonces nos entran las dudas y creemos con firmeza que tiene que haber algo después, que es imposible acabarnos para siempre.
Siempre solemos decir de los suicidas que son cobardes, que no se enfrentan a la vida y que cualquier problema tiene expiación o arreglo, pero otros entienden que el suicidio es el mayor optimismo; suponen que la vida debería ser mejor y se matan porque esto no sucede.

¡Olvidad los odios y los malos tragos del pasado! Aprovechad y sed felices ahora. Sólo disponemos de este tiempo; el ya.

domingo, 21 de mayo de 2017

Se van las sombras

“Parece que empieza a llegar algo de claridad. No tengo ni idea de la hora, pero como ya se me fue el sueño, intuyo que está próxima la mañana. He tenido un bonito sueño seguro, aunque no me acuerdo de qué iba, pero mi despertar está siendo placentero. Qué poco me gustan la oscuridad de la noche, el perder la conciencia, el envolverte en una nada, que aunque necesaria para reponer fuerzas, te convierte casi en un objeto abandonado sobre un mueble llamado cama.”
                                                                    


“Y es que a pesar de la edad, aún me inquietan los ruidos o roces nocturnos, esos  de los que no identifico su procedencia; no es miedo, o sí no se, es la ignorancia a lo desconocido. No, no creo que tenga temor a que entren ladrones en casa, pues hay poco que robar, pero siempre me asusta el desconocimiento del por qué de las cosas, ese crujir de los muebles, raspeaos desconocidos, algún lejano murmullo, y a veces incluso me preocupa el sonido lejano de una sirena, ¿Qué le habrá pasado a esas personas afectadas?.”
                                                                       


“Cuando me acostumbro a la oscuridad del dormitorio, reconozco la sombra de esa puerta del ropero que nunca cierra del todo, algunos cuadros, la bicicleta estática que la tengo casi de adorno, el pequeño destello de una farola de la calle en el espejo, y poco más. Me preocupo cuando al palpar el lado derecho de la enorme cama, no encuentran mis manos el cuerpo de mi amada compañera, que se queda hasta las tantas delante de la tele, viendo a gente discutir, películas o yo que sé.”
                                                                          


“Pero la quiero como es. No le cambiaría ni sus defectos, que alguno tendrá, aunque yo no los veo.”
“Ya empieza a entrar más claridad entre las lamas de la persiana, ya hay menos recelos oscuros en las paredes, y es cuando apoyándome en el codo, me siento en la cama y contemplo la serenidad del bello rostro de mi amada. ¡Dios, cómo la quiero!”
“Por fin veo la hora en el reloj de la mesita y me apetece levantarme ya y empezar el día, pero antes cerraré del todo la persiana y correré las cortinas para crear nuevamente la oscuridad y que ella no se despierte.”

“¡Qué bello se presenta el primer día de la vida que me queda!”

sábado, 13 de mayo de 2017

Se fue nuestro "Coco"

                                                                
                                                                


Te fuiste, amigo Manuel, sin ruido, mansamente y sin querer llamar la atención, humilde como eras ya que nunca te oí presumir de nada, en una ventosa tarde del mes de mayo que parecía otoñal, y te fuiste inesperadamente, como viene siempre la traicionera muerte, sin avisar.
                                                                 


Estabas en la mitad de la vida, en esa edad donde hay que trabajar duro para sacar a la familia adelante, tu querida hija Laura y tu amada esposa Loli, y  como podías con más, (aunque la taberna, donde tanto nos reíamos y que era la casa común de innumerables amigos, te ocupaba desde el alba hasta bien entrada la tarde), te embarcaste en arrancar los ciruelos de la herencia paterna, para sembrar vides, para convertirte en bodeguero, agricultor, y un montón de cosas más, hasta pisar tu propio mosto tan celebrado por propios y extraños, para lo cual no dudaste en prepararte leyendo tratados, consultando a los viejos bodegueros, y hasta rescataste una vieja prensa y la hiciste funcionar.
                                                                  


Así y todo le seguías echando una mano a quien te pedía ayuda, como en mi caso con la informática, donde a pesar de ser autodidacta eras un gran entendido.
                                                                    


Aún recuerdo cuando trabajabas haciendo tu casa antes de casarte, pues yo tenía el negocio enfrente de tu bodega y te veía siempre ocupado, y hasta  la piscina que la hiciste casi solo. Siempre trabajando en beneficio de los demás un poco más allá de tus fuerzas.
                                                                  

Te veía agotado pero satisfecho, se te veía contento con lo que hacías, y hasta te nombraron Capataz Mayor en una Fiesta de la Vendimia de tu querida Villanueva del Ariscal, donde  Francisco, tu hermano e imaginero sin igual, fue pregonero.
Ya tenías todo encarrilado, habías aprendido a hacer las cosas igual de bien que el mejor;  y se te veía agotado aunque lo disimulabas debajo de ese buen humor que siempre te caracterizó.
                                                                           


Y te fuiste, y nos dejaste a los amigos errantes sin saber a dónde ir, donde escuchar una risa y una ironía fina y  amable como la que vertías en  tu conversación.
Pero dejas la semilla de tus actos y tu bonhomía que nunca  olvidaremos para  empezar algo nuevo en otro sitio, ya que seguro  estarás liando a Dios y a su bendita Madre para empezar a preparar el mejor mosto de las Viñas Celestiales.

Siempre estarás entre nosotros, amigo. 

viernes, 5 de mayo de 2017

El impresentable

Con una zafia sonrisa mirando a través del gran ventanal de su nuevo despacho, se dijo con una copa de brandi en la mano:” Al fin lo conseguí”.
No le importaba para nada cómo lo había conseguido ni los cadáveres que fue dejando a su paso, ni por supuesto tenía ningún tipo de remordimientos.
                                                                


Con dieciséis años, cuando decidió que ya sabía suficiente, y acabado el instituto  le planteó a sus padres: “Quiero trabajar, no voy a estudiar más”.
                                                                     


Era un muchacho rubio, siempre bien peinado, con una sonrisa que infundía proximidad y confianza, y siempre correctamente vestido; su aspecto era inmejorable, por lo que su madre, persona con influencias por pertenecer a una famosa cadena de tiendas, decidió buscarle un empleo,  pero no quería ponérselo fácil, por lo que le dijo a un amigo director de una gran empresa de publicidad: “Quiero que le des trabajo a mi hijo, pero no quiero un buen puesto para él, sino que empiece por lo más bajo, que lo putees a ver si escarmienta y lo hago volver a los estudios”.
                                                                  


Y así fue como empezó a trabajar siendo chico “para todo”, ya que repartía el correo, llevaba cafés, reponía el material de oficina, hasta limpiaba los servicios si así se lo ordenaban; el primero en llegar y el último en irse, siempre educado, correcto, y con una gran sonrisa que ocultaba la mala leche que tenía por dentro.
                                                                        


Pero todo esto no lo hacía por nada, sino que medraba para llegar, de forma que   fue recogiendo datos, enterándose de comentarios de aquí y de allá, conociendo en profundidad a todas las personas que trabajaban allí para conocer sus puntos flacos, y empezó a ser el confidente infiltrado del jefe, que hacía buen uso de los datos que este le proporcionaba para echar  empleados, chantajear a otros y demostrar que era el hombre que todo lo sabía de todos, ya que quería ser temido y no amado.
                                                                      


De esta forma, nuestro rubio “chico para todo”, fue escalando puestos de la misma forma que tan buenos resultados le había dado, y la guinda del pastel la puso cuando denunció a su jefe y protector con un gran dosier que le valió el despido fulminante de este y su ascenso a la dirección.
                                                                     


La realidad de la empresa cambió radicalmente en este convulso tiempo, ya que las mejores mentes fueron despedidas o se pasaron a la competencia, de tal forma que al año de estar nuestro trepa en la cúspide, los dueños y accionistas en vista de que las cosas no marchaban, encargaron una auditoría interna que sacó toda la mierda a la superficie, y el despedido fue nuestro arribista amigo.
                                                                       


Era todavía relativamente joven, pero fue dando tumbos de un lado a otro, hasta que un buen día, solo y desesperado, se emborrachó con su brandi favorito, se encerró en el garaje de su lujoso chalet y se suicidó inhalando monóxido de carbono de su deportivo.
Nadie le lloró ni lo echó de menos. Fue enterrado sólo con la presencia de su anciano padre y los empleados de la funeraria.

Quien mal empieza, mal acaba.