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viernes, 6 de abril de 2012

El incidente


Habían venido unos amigos aprovechando la Semana Santa, y como el tiempo era muy malo y no habían salido las Cofradías con sus pasos a la calle, decidimos reunirnos a cenar en mi casa, donde uno de estos amigos me contó lo que le había pasado a su hijo hacía poco más de un mes.
Utilizaré para el relato nombres, datos de carreteras y lugares ficticios, y os recuerdo que esto es una mera suposición, con lo que cada cual lo puede interpretar como quiera, aunque en los periódicos se cuentan de vez en cuando, por suerte escasamente, casos parecidos.
El hijo de mi amigo, Carlos y su novia Lola, venían de estar en una fiesta con sus amigos conduciendo ella, pues él había bebido algo y además carecía de carnet de conducir, cuando como era relativamente temprano, entraron en una venta de la carretera para tomar algo y charlar un rato, ya que las cosas entre ellos no iban excesivamente bien.

                                                               
Se encontraron el bar cerrado, con lo que se sentaron en el coche tranquilamente a aclara sus cosas, cuando una luz intensa de un coche que llegaba los deslumbró, pero siguieron hablando normalmente cuando dos G.C. aparecieron por las ventanillas del coche dándoles un susto enorme y los conminaron pistola en mano a bajarse del vehículo.
Una vez fuera les obligaron a que levantaran las manos y abrieran las piernas, haciéndoles un cacheo intenso, sobre todo a ella a la que registraron y toquetearon los dos, y cuando Carlos se zafó del guardia indignado, recibió una patada en sus partes que lo tiró al suelo. Su novia empezó a llorar y a preguntar el por qué de aquella vejación.
Los pusieron contra el vehículo y les dijeron que venían frenando y haciendo eses por la carretera, por lo que le iban a practicar la prueba de alcoholemia. Lola les dijo que era ella quien conducía y que no había bebido. Dijeron que el que conducía era él y que si se negaba a hacérsela se lo llevaban a la comandancia.
Muy nerviosos les comentaron que Carlos no tenía carnet de conducir, con lo que sin que mediara palabra esposaron a este y lo metieron en el coche policial,  llevándose la documentación, los teléfonos de los dos y las llaves del coche, dejando allí plantada a Lola llorando como una loca. Uno de ellos con risas, le dijo por la ventanilla que se había quedado con ganas de “aviarla para que supiera lo que era un hombre”.
Los guardias iban conduciendo entre risas, fumándose un porro y hablando por la radio con una mujer que parecía muy amiga de ambos. Llegaron al cuartelillo y sin quitarle las esposas a Carlos, le quitaron los zapatos y el cinturón y lo introdujeron en una celda de 2 x 3 metros  con barrotes.

                                                                 
Habrían pasado dos o tres horas cuando se presentó otro guardia que le quitó las esposas, y con medias disculpas y buenas palabras lo conminó a firmar la denuncia que se había presentado contra él y que presentarían ante el juez de guardia. Decía así:
“Sobre la 11.30 del día…., el acusado D. Carlos…. Mayor de edad y carente de antecedentes penales, conducía el vehículo… por la carretera C-… en el término municipal de…, haciéndolo bajo los efectos de una intoxicación alcohólica precedente, lo cual mermaba sus capacidades psicofísicas para el manejo del vehículo a motor. El acusado circulaba frenando bruscamente y volviendo a acelerar, oscilando en la vía pública, usando los dos carriles de la vía, circulando en zigzag. Requerido por agentes de G.C. para realizar la prueba de alcoholemia, el acusado se negó a la práctica de la misma a pesar de ser informado de las consecuencias de la negativa. El acusado circulaba sin tener licencia o permiso que le habilitase para ello por no haberlo obtenido nunca”.
Dijo que no iba a firmar dicha denuncia por considerar totalmente falsos los hechos, pidió hacer una llamada para avisar a su padre y a un abogado, lo que con una risotada le negaron, volviendo a cerrarle la celda y diciéndole que hasta que no firmara no lo soltaban y que su novia estaba “muy buena”. ¿Qué hacer?
Mientras tanto Lola había salido corriendo de la venta hacia la carretera donde paró a una camioneta, y luego de decirle al conductor que había sufrido un accidente la dejó en un pueblo cercano, desde donde llamó a sus padres para que no se asustaran por su tardanza e inmediatamente llamó a su futuro suegro a quien contó todo lo ocurrido.
Mi amigo fue a buscarla hallándola con un ataque de nervios. Una vez tranquila, fueron hacia el Cuartel más cercano para interesarse por Carlos, pero les dijeron que no sabían nada. Que esperaran porque iban a investigar.
Al poco les dijeron que esa persona había quedado libre hacía casi una hora, pero la realidad era que el teléfono de su hijo estaba desconectado, con lo que decidieron ir al juzgado de guardia para poner una denuncia por los hechos y por la desaparición de su hijo.

                                                                
Estaban esperando en el Juzgado de Guardia, cuando mi amigo recibió una llamada de su hijo, con el ruego de que lo recogiera donde estaba.
Encontraron a Carlos en un deplorable estado físico y su novia se le abrazó en un mar de lágrimas. Carlos les contó todo lo que le había pasado, con lo que los tres se dirigieron al Juzgado de Guardia, donde denunciaron los hechos.
Contó cómo lo acojonaron, por lo que tuvo que firmar todo lo que quisieron, que le habían devuelto las llaves del coche, los dos móviles sin baterías,  las carteras sin dinero y encima lo amenazaron si decía algo.
El juicio era de los rápidos dos días después, con lo que fueron todos con un abogado. Lo condenaron por cuatro delitos, dos de ellos con cárcel, sin tener en cuenta nada de lo que atestiguaron Carlos y Lola.
Al final quedó todo en 3.450 € y retirada de Carnet de conducir o imposibilidad para sacárselo durante cerca de año y medio.
La denuncia interpuesta por Carlos y Lola en el juzgado de Guardia fue desestimada.
Casi un año después de estos hechos, me llamó mi amigo y me contó que los dos G.C. que detuvieron a su hijo, habían sido detenidos por múltiples denuncias, de las cuales dos fueron comprobadas, apartados del servicio y acusados de un montón de delitos entre ellos, violación, tenencia de drogas, robos con intimidación, ingresados en la cárcel y echados del cuerpo con deshonor.
Es una pena que sucedan cosas como esta, pero siempre en un cajón de naranjas suele haber alguna podrida y no por eso tiramos las demás.

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