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viernes, 21 de julio de 2017

Historia de los peces amarillos (Para Olivia y Santi)

En lo más hondo de lo profundísimo del mar, vivía una enorme familia de peces felices y contentos, todo el día ocupados en juegos y aventuras, bajo la atenta vigilancia de los papás, que se preocupaban de que esta enorme pandilla no se alejara demasiado ni cayeran en alguna de las muchas trampas que los hombres ponían para pescarlos y comérselos.
                                                                        


Todos eran del mismo color más o menos, unos más claros, otros más oscuros, algunos con rayitas, pero todos de un brillante plateado. Pero pasó que un día apareció de pronto entre ellos otro pequeñín muy diferente, ya ¡Que era amarillo!
Todos lo tomaron a broma y se metían con él diciéndole: “No te pareces a nosotros, eres de un horrible color, pareces un limón”.
                                                                    


Estos comentarios llegaron a oídos del papá que un día le preguntó a su esposa:
 ”Oye, ¿De dónde ha salido ese que no se parece ni a los demás ni a nosotros?” y la mamá respondió: “Es que me encontré al pobrecillo enredado en unas yerbas, y como estaba solo me lo traje con nosotros”
                                                                    


Y el padre le contestó: “Ah bueno, me parece bien. ¡Qué buena eres!”
Y así fue como nuestro “pez limón” (así empezaron a llamarle), iba siendo aceptado poco a poco entre sus hermanos y los demás vecinos, y lo que ya consiguió la aceptación completa  del grupo, fue cuando un día salvó a tres de sus hermanos de una red que habían tirado los hombres, rompiéndola con los afilados dientes que le habían crecido.
                                                                      


La maestra del colegio les explicó un día:
“Me parece bien el nombre que le habéis puesto a vuestro hermano, pues sabed que en todo el enorme mar hay peces con nombres como pez martillo, pez sierra, pez espada, estrella de mar y hasta hay uno que le llaman caballito de mar”
Pero he aquí que un día se dieron cuenta de que nuestro amigo iba perdiendo el amarillo, y que se iba transformado poco a poco en un pez de colores brillantes, y llegaron a ser tantos los colores, que se reunieron un día para ver de cambiarle el nombre al pequeñín que ya era grande, y como tenía tantas franjas de color y tan brillantes, acordaron en llamarlo “pez arcoíris”.
                                                                   


Pasado un tiempo, otros hermanos y amigos empezaron a pedirle a nuestro amigo algunas escamas de colores, ya que no querían ser todos de ese tono blancuzco por más brillante que fuera, y como era muy generoso, empezó a desprenderse de sus escamas para compartirlas con todos, y llegó un día en que como se quedó casi sin ninguna, volvió a ser amarillo como antes, por lo que volvieron a reunirse y decidieron por mayoría volver a llamarle “limón”, ya para siempre.
                                                                   
    
Y así fue, como hoy existe una gran abundancia de esos peces mezclados con todos los colores del arcoíris, y son de lo más normal.
La realidad es que todos son peces, sean del color que sean, y todos tienen los mismos derechos y las mismas obligaciones, y en esa convivencia son muy felices.

Los hombres debemos aprender de la sabiduría de estos compañeros, seres vivos de nuestra casa común que es la Tierra.

jueves, 13 de julio de 2017

Salir con luna llena

Ni era un vampiro, ni era supersticioso, pero aquella luna llena que flotaba en el cielo abandonado  de nubes y estrellas, y las altas temperaturas de julio, lo lanzaron a la calle en busca de no sabía bien qué.
                                                                    


Un día que su abuelo lo sorprendió buscando citas por internet, se lo había dicho posándole su arrugada mano en el hombro: “Juanito, en vez de citarte con nadie que seguramente te va a mentir, sal ahí afuera a ligar de primera mano cómo se ha hecho siempre, y no te equivocarás.”
                                                                      


No quiso coger el coche porque seguramente bebería, por lo que al salir de su casa hizo la primera parada en la cafetería de su amiga Daniela, con el disimulado fin de que lo orientara en la selva de la noche, en donde sabía que era una experta.
Pues si quieres, le dijo cuando adivinó su estrategia, en media hora cierro y te dejo en algún lado de los buenos, pero tú a tu bola, que yo soy mayorcita y también iré hoy de hembra depredadora”.
                                                                     


Y así fue como estuvieron recorriendo algunos locales, hasta que sin previo aviso su amiga desapareció sin despedirse. Bueno, ya estaba avisado.
Estaba a punto de marcharse él también de allí, cuando observó que una morenita de trasparentes ojos castaños, lo miraba disimuladamente, por lo que pidió otra copa y se fue al servicio a “retocarse”, y cuando ya el espejo le dio el “visto bueno” y salió, se tropezó en el pasillo con la dama en cuestión, pero es que se tropezó físicamente, por lo que después de las mutuas disculpas con intercambio de cómplices sonrisas incluidas,  se marchó a la barra, y al salir ella de la “toilette”, se atrevió a invitarla a una copa como disculpa por el incidente.
                                                                   


Se enquistaron ambos en una amplia conversación de conocimiento mutuo; las amigas de la chica se marcharon y ellos, sólo al aviso de que iban a cerrar, los apartó de la barra.
Ya en la calle, Juan dijo de tomar la última copa, pero ella pretextó que era muy tarde y que al día siguiente tendría que madrugar, por lo que se intercambiaron números de móvil, y ella se despidió, ya cuando había parado a un taxi, con un tenue beso en los labios de nuestro amigo, que lo dejó parado y sin reaccionar durante varios minutos, en que con una estúpida sonrisa, tomó el camino de vuelta a su hogar.
                                                                      


Aquello fue la primera de muchas citas y de muchos besos y demás (ya me entendéis), y vinieron otras lunas, y otras noches con y sin estrellas o nubes, pero ellos se siguen queriendo después de muchos años y muchas vicisitudes.
                                                                      


Y ya podéis ver que aunque esto parezca una historia rutinaria y sin sobresaltos, estaréis conmigo, en que a veces la vida es así de normal. O de anormal, según cómo se mire y quien.
                                                                     

miércoles, 5 de julio de 2017

Eternidad

Desde la más remota antigüedad, el hombre siempre se ha preguntado y temido por la muerte; por si ahí acaba todo, o si como el gusano enquistado en el capullo, se muere para convertirse en mariposa.
                                                                   


Otros pensadores más profundos han hablado, de que al igual que no nos acordamos de dónde venimos cuando nacemos al cuerpo, igual con la muerte pasamos a otro estado espiritual más pletórico, donde al no arrastrar la pesada carga del cuerpo, sus cambios y enfermedades, somos felices indefinidamente.
                                                                 


Hay muchas experiencias de personas que cuentan por ejemplo, que fueron atropelladas por un coche, y cuando estaban en coma, veían su cuerpo desde arriba y escuchaban todo lo que decían médicos y enfermeras, y cómo eran impulsados y se iban a velocidad de vértigo por un túnel hacia una cegadora luz, y eran recibidos por parientes y amigos en todo su esplendor, antes de despertar con los pitidos de los monitores.
                                                                   


Estas experiencias son comunes en gentes de diferentes religiones, incluso en no creyentes, y lo que es común a todos es que ya no le temen a la muerte, y algunos casi la desean.
Los científicos dicen que las experiencias cercanas a la muerte se originan en la fisiología humana, y “el cerebro disfuncional produce estos fenómenos”. Es la forma en que el celebro crea la muerte y la percepción de la realidad.
                                                                  


Y es curioso como esos recuerdos en estas personas, son más vivos que los que han vivido, como el primer amor, el nacimiento de un hijo o cualquier otro. La diferencia con la realidad era muy grande. Aunque la realidad nos dice que no puede haber una experiencia real y consciente sin actividad cerebral.
                                                                   


Nunca es demasiado tarde para decir a un moribundo, aunque esté en coma, “lo siento”, o “te quiero”, o cualquier cosa que queramos decirles, ya que está demostrado que nos oyen; se enteran.
                                                                 



Aunque todo esto de la eternidad y lo que nos dicen desde los púlpitos y los libros pueda ser verdad (nadie ha venido del otro lado), aprovechad la vida que es un don que no volveremos a disfrutar y que se acabará algún día. ¡Sed felices y disfrutad de todo!, o al menos intentarlo; no estaría mal visto.

miércoles, 28 de junio de 2017

Me pregunto (¿¿)

(Casi todo de mi nieta Olivia)

Somos muy curiosos, por eso nos hacemos preguntas como estas: “¿En qué año se extinguieron los dinosaurios?”, o quizás como: “¿Cómo se llamaba el hombre prehistórico que descubrió el fuego?” o “¿Para qué sirvió el descubrimiento de la rueda si entonces no había coches?”
                                                                   


Estas son las preguntas que se me vienen a la cabeza y estoy segura que algunas personas sabrán las respuestas, pero lo del prehistórico que descubrió el fuego, seguro que no, pues quien sabe si los antgüísimos tenían nombres.
                                                                     


Hay mucha gente que estudia el pasado, y a mi es lo que me gustaría estudiar de mayor para aclarar muchas dudas de mi cabeza, y aunque hayamos nacido en la Era Contemporánea y ahora vivamos en la Edad Tecnológica, ¡Qué interesante es el pasado!
                                                                     


También es verdad que ahora tengo el libro de Ciencias Sociales, y yo me pregunto, “¿Si no viene en el libro el año en que desaparecieron los dinosaurios, ni el nombre del hombre que descubrió el fuego, para qué sirve el bendito libro de Ciencias Sociales?”. Seguramente para complicarnos la vida.
                                                                   


También tengo dudas que no tienen que ver con el pasado, como “¿Por qué  en la peli de Tiana y el sapo, Tiana besa al sapo?” y seguramente responderá con voz de pringada: “Para casarme con mi príncipe verde  y no azul.” O simplemente yo respondería:”Para marcarle los labios con mi beso, y cuando vengan sus amigos, que el sapo tenga los labios rojos y sus amigos crean que es un demonio”, aunque le faltarían los cuernos, pero esto no es importante.
En mi bendito libro de Ciencias Sociales, también aparece el viaje de Cristóbal Colón a América, y esa sería otra pregunta que se me viene a la cabeza: “¿A quién le importa el viaje a América de Cristóbal Colón?”
                                                                      


Y es que a pesar de que fuese un descubrimiento, sólo hizo que hubiese  un continente más en nuestro mapa del mundo, y más que estudiar, aunque hay que agradecer a Colón el descubrimiento de la patata, que es muy rica y hoy tenemos comidas menos sosa.
Más preguntas: “¿Por qué los perros se lamen el trasero?”. Es asqueroso, aunque yo me imagino que al perro le picaba y tenía calor, y como el agua no funcionaba, se lamió el trasero. Seguro que eso fue lo que pasó, aunque resulte raro y no se diera cuenta.
                                                                      


Y más: “¿Por qué en China los años tiene nombre de animales? ”Yo me imagino que fuese el año de Bat-man, y entrara a un bar diciendo: “Hola, soy Bat-man y vengo a alegraros el año”. Y entonces se pondría a dar piruetas  hasta que le crujiesen todos los músculos y no se pudiera mover.
Espero de vosotros que me encontréis algunas soluciones a mis dudas.

Y aquí pan- pum, el cuento se acabó. Fin.

lunes, 19 de junio de 2017

Paseo imaginativo

Distrae mucho andar con tranquilidad a primeras horas de la mañana o a media tarde; pasear mirando escaparates donde se exponen ropas que te gustan, pero que ya no van con tu edad, o eso te parece, viendo en este paisaje urbano y desenfadado, que cada cual se pone lo que le apetece; otra cosa es que a tus ojos vayan elegantes o hechos unos zorros.
                                                                      


También me gusta imaginar, en la cara de esa chica sonriente y con mirada soñadora, que está enamorada, o que por fin consiguió el trabajo que quería, o que está pronta al viaje con el que ha soñado hace mucho y que veía imposible.
                                                                    


Vuelvo la cara atraído por el frenazo de un coche, y veo a la señora que está cruzando un paso de cebra cargada de bolsas, y que se encara con el conductor del vehículo en cuestión sin que este cambie el gesto. Gente cruzando por cualquier sitio de la calzada sin importarle los pitidos del taxi o los exabruptos del de la moto para coger el autobús que llega. Señora mayor paseando a su perrito, y ver cómo con mucho esfuerzo, recoge las cacas que este deposita en el suelo, y también a alguien que ante lo mismo, ni se preocupa.
                                                                  


La alegría de esos niños y las correrías del juego alrededor de sus padres, y cómo la madre les regaña sin mucho convencimiento, ante la sonrisa cómplice del progenitor que prefiere mirar hacia el otro lado para no quitar la autoridad a su esposa.
                                                                     


También paso por una esquina (por qué siempre en las esquinas), donde unos jóvenes se lían unos cigarrillos o canutos, qué sé yo, sin cortarse por las miradas rápidas que les dirigen los transeúntes, junto a un pobre inválido que pide para comer sentado en el suelo, y el paso acelerado con que pasa un joven sacerdote con elegante sotana y un libro bajo el brazo.
                                                                         
 
Tomarse un café sentado en una terraza con vistas a la amplia acera, sin caer en la tentación de mirar ningún diario por si las malas noticias (las buenas no existen para la prensa), te aguan el karma. Ver a gente en las puertas de los edificios de oficinas echando un rápido cigarro, casi siempre acompañados, antes de perderse nuevamente entre pasillos y ascensores en anónimos despachos sin saber, a buen seguro, cuanto tiempo ocuparan.
                                                                     


Saludar a algún amigo que te encuentras paseando como tú, que te cuente de sus enfermedades y sus nietos (a cierta edad ya sólo hablamos de eso). Volver la cara, sin vergüenza, al paso de una hermosa mujer  y que se te iluminen los ojos y la mente; con eso nos conformamos.
Y al fin, cuando estás un poco cansado, de vuelta a casa, a seguir con la rutina que más te gusta: tus libros, tu música y preparar esa comidita que sabes le encantará a tu mujer aunque no te lo diga.

Son tiempos del disfrute de las pequeñas cosas. Hay que aprovecharlo.

martes, 13 de junio de 2017

Inspiración comprometida

(Dedicado a mi sobrino José Mª Jiménez Pérez-Cerezal)

Habida cuenta de que había recibido el encargo de hacer el cartel anunciador de la Velá de Santa Ana, y como era espíritu travieso deseoso de inspiración, decidió que quería ver la tantas veces pintada Triana y su puente, desde un ángulo diferente, y pensó que este no era otro que verla desde la vena que lo separa o lo une con Sevilla, el río Betis o Guadalquivir.
                                                                  


Tenía tanta ilusión en este proyecto, había pintado desde tantos ángulos el barrio, sus imágenes de Semana Santa,  su puente y su río, que en esta ocasión (como siempre), le tenía que salir una obra perfecta.
Después de medir las diferentes opciones para contemplar el barrio a bordo de diferentes embarcaciones, decidió que quería ir por libre sin que nadie molestara su inspiración, por lo que encomendándose a Dios y a su Santa Madre, alquiló un patín de los que a pedales, pasean los amores de las parejitas por este cauce sedosamente tranquilo, y  que ni asustan  a los pacíficos patos que se bañan a sus anchas, aunque éstos, desconocían el “genio nervioso” que se les venía encima.
                                                                     


Empezó el pedaleo internándose hacia el centro de la corriente para coger perspectivas, y vagó durante un tiempo imaginando cómo llevaría al lienzo toda aquella belleza que quería transmitir a propios y extraños.
                                                                 


Decidió en un momento dado que haría fotos desde diferentes puntos, para lo cual sacó su móvil (bueno, suyo no, el tercero que estrenaba este mes y este era el de su madre), y empezó a tomar planos de todo lo que atraía su atención de artista, y en estas estaba cuando le dio uno de esos tic nerviosos que no puede evitar por su enfermedad, y al intentar coger el móvil que se le caía al río, cayó detrás de él sin conseguir atraparlo, por lo que después de la zambullida que espantaron a los tranquilos patos, subió nuevamente al patín como pudo, pero sin móvil, y entonces pensó que había tenido una experiencia cercana a la de la “cucaña”, juego que consiste en encaramarse a un palo horizontal cubierto de sebo en la cubierta de una barcaza, donde para ganar el premio, hay que coger la bandera que está en la punta, por lo que acaban la mayoría de los valientes que se atreven en las aguas del proceloso río.
                                                                     


Bueno, pues como ya tenía bastante inspiración por el momento, decidió desembarcar de la traicionera embarcación, pero al intentar poner un pié en el muelle, cayó nuevamente al agua entre la expectación y las risas de los que esperaban, entre  imprecaciones y juramentos que lanzó nuestro querido José María.
Menos mal que como en este Junio rozamos  en Sevilla los 40º, se secó sentado en un banco riéndose de todo y mirando enamorado el divino puente.
Si os preguntáis cómo será el cartel de nuestro artista, esperad un poco, pero os puedo asegurar que será, como siempre,  superior a lo esperado.

Los chapuzones despejan la sensibilidad del genio.

martes, 6 de junio de 2017

¿Tranquilidad, descanso?

No, no quería desconectar en famosas ciudades viendo pinturas y piedras nunca vistas, ni alojarse en hoteles carísimos con una pulserita de todo incluido, no. Quería descansar de verdad, desconectar de todo y todos durante al menos una semanita, así que se decidió por un pueblo lejísimo en las estribaciones de Sierra Morena, por lo que con una mochila con lo imprescindible, sin móvil ni aparatos que lo conectaran a internet, montó en su anciano coche dispuesto a llegar en unas horas a aquella isla de naturaleza en mitad de ninguna parte.
                                                               


Había dejado hacia bastante tiempo la ciudad y las autopistas, mirando casi sin ver, aquel mar de verdes, de olivos, encinas, castaños y entremezclándose, ovejas aquí, piaras de cerdos comiendo los frutos de la tierra en la lejanía, pastores y niños que le decían adiós con las manos, cuando sufrió un pinchazo en aquella carretera de tercera;  tenía un problema, y es que nunca se había puesto en el trance de cambiar una rueda, por lo que cogió el libro de mantenimiento, y una vez medio aclarado se puso a la faena, lo que consiguió no sin gran esfuerzo, sudores e imprecaciones en menos de una hora.
                                                                        


Iba pringado, sucio de tiznones, y bastante cansado cuando llegó casi cinco horas después de haber salido a su destino, que no era un moderno bungaló como le habían prometido, sino lo que parecía una choza de labor bastante abandonada.
                                                                     


Quería lavarse, pero no había ducha ni baño, sólo un agujero “para todo” detrás de la cabaña, por lo que tuvo que sacar varios cubos de agua de un pozo de aguas cristalinas para lavarse por partes,  restregándose con un ajado trozo de jabón seco, y para secarse,  una descolorida toalla que seguro había conocido tiempos mejores.
                                                                     


Estaba cansado y con hambre, así que fue a la mochila para comerse el bocadillo que trajo para el camino, pero al sacarlo estaba cuajado de hormigas, por lo que lo arrojó lejos a los árboles, y se conformó con la fruta que también trajo.
                                                                       


Los ruidos del campo lo despertaron muy de mañana. Le dolía todo, pues la cama era durísima y estaba aterido de frío, por lo que se envolvió en la manta y salió a la puerta para admirar la naturaleza.
Lo primero que vio, fue una enorme liebre y un sarnoso perro que meneando el rabo con alegría le pedía de comer. Seguro que la noche anterior se comió su bocadillo, pues no había ni rastro de él.
                                                                        


Se moría de ganas de un café con algo de comer, y como allí no había nada, se metió en el coche dispuesto a ir al pueblo más cercano, apenas unas pocas casas, a unos veinte quilómetros.
Le sorprendió encontrarse aquella aldeucha engalanada, con cuatro o cinco músicos en su labor, y con su vecindario que lo recibió invitándolo a una gran mesa en mitad de la plaza en donde había comida en abundancia.
                                                                   


Comió, bebió, y hasta bailó como nunca lo había hecho, y era ya noche cerrada cuando despertó en el coche donde se había recostado para diluir los efectos del alcohol.
Era una preciosa noche estrellada cuando llegó a su casita, en donde cayó a la cama sin desvestirse siquiera, durmiéndose con el pensamiento de que nunca en su vida había disfrutado tanto. Ni le pareció ya duro el camastro.
 Había hecho amigos diferentes, conocido a preciosas muchachas, y lo habían invitado a todo sin pedir nada a cambio.
                                                                       


Si, nunca había pasado por aquella extraña experiencia donde gente desconocida te aceptaban y te agasajaban sin contrapartida alguna, sin interés. ¿Sería este el mundo que buscaba desde hacía algunos años?
Se había  cansado de la lucha competitiva del cada día, de las zancadillas a compañeros para ser tú el primero en la meta. Y después de todo ¿Para qué? Prestigio social y más dinero para gastar en cosas que no necesitaba

Mañana y pasado pensaría en todo esto, y a lo mejor, a lo mejor, se quedaba para siempre.