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martes, 28 de enero de 2014

Yo mismo

Si pudiera volver a nacer,
Si me fuese dado el milagro de empezar de cero,
Trataría de equivocarme más y no ser tan perfecto.
Sería más tolerante y menos estúpido necio,
Procuraría tomar muy pocas cosas en serio.
Correría más riesgos, sin importarme el “por qué”,
Me concentraría en los amaneceres, en las lunas llenas, en el mar y los desiertos.
Comería más cosas aunque fuesen prohibidas para un medio enfermo.
Jugaría y hablaría más con mis nietos.
¿Por qué ser sensato si la vida es el momento?
Viajar ligero de equipaje, casi con lo puesto.
Buenos días, buenas horas y minutos,
En fin buen concierto entre tu karma y tu cuerpo.
La vida sólo está hecha de instantes de felicidad y de algunos buenos y mágicos encuentros,
Que nunca ya borrarás de tu mente,
Ni aunque esa sensación te pareciera un sueño.
Cuando ya te sientes mayor, por no decir decrépito y viejo,
Sólo te queda andar pensando y rememorar los recuerdos,
De aquella otra vida que tuviste, de aquellas conquistas, de aquellos miedos por no poder llegar a ser el primero.
Qué me importa ya, en esta hora de la vedad donde te sientes cercano al último paseo.
Ya nada importa en verdad,
Cada uno tenemos lo nuestro.
                                           



lunes, 20 de enero de 2014

Acababa de dejar a mi novia en su casa, en un precioso  pueblo llamado  Valencina de la Concepción en pleno Aljarafe sevillano; pensaba intensivamente en ella, pues la quería profundamente,y me dirigía a mi casa en Castilleja de la Cuesta por una carretera muy poco transitada pero que acorta bastante la distancia, cuando al salir de una pequeña curva y poner las luces largas del coche, vi lo que parecía una persona tendida en la calzada, por lo que aminoré la marcha y frené para ver qué pasaba allí.
Todabía hay “tontopollas” que creen en las personas, y decir asi y sin vergüenza y chulescamente que yo soy uno de ellos.
                                                                             
 
Dudé en bajar o no del coche y menos mal que no lo hice, pues al fijarme bien me di cuenta que lo que había en la carretera eran unas ropas rellenas con algo, a la vez que por los espejos retrovisores vislumbré más que ver, unas sombras que se acercaban al vehículo por detrás.
No lo dudé y di marcha atrás a gran velocidad, haciendo en un pequeño ensanche un giro de 360º para salir de allí por donde había venido. En la arriesgada maniobra sentí como el faldón trasero derecho del coche chocaba contra algo, pero yo lo que quería era salir de allí como fuera, pues dos individuos me perseguían tirándome piedras y con sendas garrotas me golpearon el coche.
Llegué a mi destino temblando de pensar lo que podría haber pasado, y cuando ya me serené un poco me fui al cuartel de la Guardia Civil, contar lo ocurrido y poner una denuncia.
Me dijeron que mandarían a un coche, por ver si alguien seguía allí o veían algo que sirviese de prueba, siendo esto  negativo según me enteré después.
                                                                           
     
Había pasado ya casi dos meses, cuando recibí una citación para el juzgado pero que no coincidía con mi denuncia, por lo que fui a enterarme con un amigo abogado y ver de qué iba aquello, y cual no fue mi sorpresa al enterarme que me habían puesto una denuncia por denegación de auxilio y atropello; eran aquellos indeseables.
El día del juicio se me acercó un mal malencarado individuo y disimulando, me dijo que como atestiguara en contra de ellos me iban a “rajar”, pues sabían donde vivía y la forma de perjudicarme.
Pero lo que ya acabó de romperme los esquemas, fue que el juez me declaró culpable de los cargos y además tenía que indemnizar por daños a los dos susodichos “chorizos”.
                                                                       
No sólo mi declaración y denuncia no sirvieron para nada, sino que encima se cachondearon de mí, pues salieron de la sala judicial  riéndose a carcajadas y haciéndome la “peineta”, y aunque yo volviese a poner otra denuncia en el mismo juzgado por amenazas y que mi abogado tuviera unas palabras con el Sr. Juez, no sewrviría de nbada.
Por supuesto que recurrimos aquello, aunque ya no tuve que ir  al juzgado más que a firmar, pues  los mismos individuos que me asaltaron, los pillaron cuando robaban en una joyería de Sevilla por el método de “alunizaje”, y otro jurado los condenó por aquel robo y por mi denuncia con posterioridad, aunque la burocracia estuvo bastante lenta a pesar de mis hechos demostradamente claros.
                                                                           

Menos mal que al final tuve suerte, pues creo que en los tiempos actuales la judicatura no brilla precisamente de mucho prestigio, sino más bien de lo contrario.
Amén.

sábado, 11 de enero de 2014

El desahogo

Llevaban casados muchos años, y ella ya no atendía a los requerimientos sexuales de Juan, su marido, y es que no había forma de cogerla en predisposición, pues nunca tenía ganas de sexo desde que se le retiró la regla.
Él no se sentía viejo a pesar de haber cumplido sesenta y dos años, por lo que maduró la forma de desahogarse, aunque sin poner en peligro su matrimonio de cuarenta años, por lo que empezó a buscar en internet alguna relación sin problemas.
Ya se sabe que nadie en ese medio da su verdadero nombre, ni se cita con persona alguna si no hay ciertas garantías de secreto o de sorpresa, por lo que después de sopesar todas las opciones que se le ofrecían, optó por citarse con una mujer que en principio le pareció honesta y libre de prejuicios sociales.
                                                                         

La realidad es que estaba muy nervioso, se sentía como un colegial ante su primera cita amorosa, aunque ya hemos dicho que él solo buscaba cama.
Ella iría con un pañuelo naranja anudado al cuello, y él no se definió, por lo que se fue muy temprano adonde habían quedado, una discreta cafetería que disponía de una sala de baile en su sótano; allí se sentía medianamente seguro para esa aventura extramatrimonial, en donde se bebió un par de whiskys para entonarse y que no se le notara su timidez.
Iba por su tercera copa, cuando vio como entraba por las puertas la susodicha dama, pero cual no fue su sorpresa cuando detrás de ella entró su mujer que hablaba con ella. Luego se enteró de que eran amigas intimas desde el colegio de monjas, y que habían quedado en el mismo sitio a petición de mi amiga internauta.
                                                                           


Ya no servía de nada disimular, pues lo vieron a la primera. Él demostró sorpresa, les dijo que había quedado con un cliente y se sentaron los tres en una zona discreta del local.
¿Qué hacer? Su mujer con la conquista de su cita por internet, que por cierto, aunque madurita estaba para mojar pan.
Muy nervioso, dijo que iba al servicio, y estaba pensando qué hacer, cuando vio a un amigo de la juventud, Damián, divorciado por dos veces y que meaba a su lado.
No lo dudó. Le contó toda la historia y se arrodilló para pedirle que ocupara su identidad de internet, asegurándole que no se arrepentiría, y haciéndose cargo de los gastos que conllevara la cita, para lo cual le adelanto doscientos euros.
                                                                              


Disimularon ir por separado cuando se presentó el amigo a las dos damas, quedando Damián prendado de la amiguísima de su mujer, Eloisa.
Allí los dejaron charlando después de irse, y aquello tubo que resultar bien, pues el amigo no lo buscó para pedirle lo que se gastó en aquella cita.
Siento decirlo, pero lo envidio. Juan sigue igual. ¿Conocéis a alguien que alivie sus “penas”? No piensa compartirlo con nadie, le cueste lo que le cueste, y mantendrá el secreto de la fuente de información.


sábado, 4 de enero de 2014

Queridos Reyes Magos:

Tenía doce años y al ser la mayor de sus tres hermanos se daba cuenta de las cosas. Su familia no estaba pasando precisamente por sus mejores momentos, ya que la felicidad de la que disfrutaba antaño su entorno, se había visto truncada por la falta de trabajo de su padre y la consiguiente estrechez del momento, por lo que se dispuso a escribir la carta a los Reyes Magos, no sin pensar bien antes que le podían traer a ella y a su familia en semejante situación.
                                                                             


Después de emborronar varias hojas de cuaderno sin atreverse a expresar sus verdaderos deseos, se decidió al fin por la idea que le rondaba la cabeza hacía unos días, por lo que sólo escribió unas pocas líneas en donde pedía un trabajo para su padre que llevaba parado tres años, a pesar de ser un hombre muy trabajador y que sabía hacer de casi todo.
En este tiempo de penurias había trabajado ocasionalmente de un montón de cosas, desde comercial a tendero, albañil, fontanero, mecánico, panadero y hasta de aparcacoches, aunque estos trabajos se continuaban sólo por unos meses, pero él inasequible al desaliento, seguía pateando la calle a diario para encontrar algo y llevar lo mínimo necesario a su casa.
Elisa, que así se llamaba nuestra niña, plegó la carta, adjuntó un currículo de su padre metiéndolos en un sobre, y sin dudarlo dos veces lo dejó en la oficina de correos más próxima a su casa.
                                                                                   
  
Estas Navidades habían sido especialmente tristes para ella, pues su abuelo a quien quería enormemente y que además había paliado en parte las necesidades familiares, había fallecido recientemente después de una penosa y larga enfermedad, por lo que realmente tenía pocos motivos para la alegría y la risa contagiosa de la que siempre había disfrutado.
Llegó la noche de Reyes, y les dejaron a los hermanos algunos juguetes no especialmente valiosos que llenaron el hueco de la fiesta, pero el verdadero regalo llegó unos días después, en forma de cita para su padre ofreciéndole una ocupación.
No se sabe por qué derroteros, la carta a los Magos de Oriente cayó en manos de un buen hombre, que a punto de jubilarse, le ofrecía seguir con un pequeño negocio de confitería y pastelería en una zona muy céntrica de la ciudad y que marchaba estupendamente.
                                                                                 


Y los Reyes Magos, fueron más magos que nunca, pues gracias a los vericuetos que la diosa fortuna deparó a aquella carta llena de ganas y de ilusiones de Elisa, aquella familia volvió a tener felicidad, ya que en estos tiempos difíciles, ¿Que mayor dicha que tener trabajo para sacar a los tuyos adelante? ¡Bendita sean las buenas gentes que piensan en los demás!