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domingo, 30 de noviembre de 2014

Abuelo




Habrá pasado el ventoso otoño,

Dando  paso desganado al polar invierno,

Y esas terciadas hojas bermejas que  no veo,

Volverán a cubrir mi calle al paso apresurado de los

 días.

Ya no estaré.

Un inapropiado aguacero terrible y vengativo,

Causará estragos en mi decadente barrio recordado,

Anegando el parque de los besos,

Arrastrando piedras, árboles y bancos,

Sin respetar, si acaso, la memoria del silencioso eco.

Ya no lo veré.

¡Qué bulliciosamente alegre la calle del colegio

A la salida en punto de niños con sus padres!

Coches que llaman con sonidos familiares,

Apresurados adioses amigos hasta el siguiente día,

Completando de tele, galletas, baños y tareas,

El corto espacio restado hasta la cama.

No los sentiré.

Y crecerán mis nietos sin mis benévolas miradas,

Inmersos en sus ganas del vivir de cada día,

Como si ya quedara poco hasta el mañana.

Y quizás recuerden lejanamente remoto aquel tiempo;

El nombre, la imagen, las palabras, el irregular paso,


De este abuelo que se fue sin querer, sin ruido y sin

 ganas.




lunes, 24 de noviembre de 2014

Envejecer perjudica el corazón

Hacía un tiempo que las alarmas habían saltado, pero él o no quería verlas o si las veía no creía que aquello tuviera solución, o por lo menos no intuía una solución sencilla, por lo que había optado dejar correr la cuerda hasta que aquello parara lo más tarde posible, pues ocurrir, seguro que ocurría.
Quedaba lejano aquel idílico otoño en que se fueron conociendo y enamorando entre risas, copas y amigos comunes, coincidiendo en eventos diversos que aunque parecían fortuitos, estaban perfectamente pensados y controlados por ambos, y ya al poco, cuando empezaron a sentirse incómodos con los demás, se desgajaron de la manada y fueron por libre viviendo sus vidas en solitario y sorbiéndose literalmente el uno al otro en todo lo que entendáis por eso.
                                                                 


Los unía casi todo, como sucede casi siempre en esos casos donde el amor entra a raudales atolondradamente, aunque la puerta receptiva de los sentimientos esté encajada por temor a que alguien lo pueda entender como “barra libre” y equivoque los pasos hacia lo interiormente profundo y prohibido.
Él era veinte años mayor que ella, y aunque inicialmente no se notara excesivamente esta diferencia, después de aquellos gloriosos años pasados como en “volandas”, poco a poco, apenas sin apercibirse ninguno de los dos de los pequeños detalles que iban apareciendo de vez en cuando, cada cierto tiempo pero que cada vez eran más próximos entre sí, se fueron encendiendo algunas “luces” a las que hasta el momento no se les daba mayor importancia, tal como si fueran pequeños acoples a otra etapa más tranquila, de un amor maduro y profundo.
                                                                     


Todo empezó un día, pero podría haber sido cualquier otro, en que a ella le apetecía ir con unos amigos a la presentación de un disco de su grupo favorito, y él le dijo que no quería acostarse tarde teniendo que madrugar al día siguiente, marchándose Juana sóla.
Aquella negativa, se extendió a otras ocasiones con diferentes excusas, de tal forma que ella empezó a ir por su cuenta y sin preguntar, de manera que cada uno empezó a hacer su vida, pues a ella, como desde siempre, le encantaba salir y beberse la vida a tragos durante el día o la noche, y Tomas ya entonces pasaba de aquello, disfrutando sobre todo de la tranquila soledad de su biblioteca, oyendo la música de siempre y entre sus queridos libros. Había cambiado hasta la relación retomada con sus amigos comunes.
Pasaron un tiempo de esta manera inapropiadamente despegada, ya no sólo fisicamente, sino también en sus afectos en otro tiempo desbordantes, de forma que un día se sentaron y lo hablaron como dos personas cultas y sensatas que eran, y se impusieron un tiempo para reconducir la nueva situación, pero ya sabían en aquel tardío impás, que no había ya lugar para empezar de nuevo, pues el “plato” no sólo estaba frío, sino que había perdido color, olor y sabor.
                                                                    


Una lluviosa tarde de febrero se despidieron prometiéndose volver a verse en unos días, pero pasó el tiempo sin que a ninguno de los dos le apeteciera marcar el número del otro, y llegó el momento en que resultó tarde para todo, incluso para poner esquela al fallecimiento del amor entre aquella pareja de Juana y Tomás.
“Envejecer, perjudica seriamente el corazón”.
R.I.P.A. Amén.


domingo, 16 de noviembre de 2014

¿Caridad o justicia?

Habíamos acudido a la playa como cada día de estas vacaciones del mes de Agosto, en que toda la familia compartía descanso y comunicación, y como cada año esta gran fraternidad se reunía en la casa que los abuelos tenían en esta playa estupenda de Barbate, en la provincia de Cádiz.
Entre mayores y pequeños éramos más de quince, y mientras los pequeños jugaban con la arena, los adolescentes y mayorcitos se bañaban, y los padres, madres y abuelos charlaban, leían, o hacían punto como la abuela y algunas de las hijas mayores.
                                                                  


En eso estábamos ya cercano el medio día, cuando Mendi, unas de las pequeñas que se bañaba, vino corriendo hacia nosotros, diciéndonos que había zombis que salían del agua, con las consiguientes risas  con que nos miramos, pero después de este primer momento y con la niña en brazos, atendí hacia donde me señalaba la pequeña, y pude ver cómo efectivamente salía gente del agua pero no muertos, sino casi muertos pues eran inmigrantes que sabe Dios cómo habían llegado hasta allí.
Me llamó la atención una mujer que gritaba llorando señalando hacia el mar, y por sus gestos entendí que hablaba de un niño, pero que salió corriendo hacia el rompeolas cuando salía un joven con un pequeño agarrado a su espalda.
                                                                   


Había que hacer algo, pues se les veía con frío y con sed, ya que acabaron rápidamente con las botellitas de agua que habíamos llevado para los niños, por lo que los mayores fueron a buscar mantas, bebidas y algo de comer para aquella pobre gente, mientras llegaba la Cruz Roja a la que habíamos dado aviso.
Cuando llegaron éstos, ya habíamos aliviado a estos once inmigrantes en lo más urgente, pero el médico que también acudió con la Guardia Civil, dictaminó que los tres niños de la expedición, una mujer y un anciano, necesitaban hospitalización.
                                                                      


Cuando ya se marcharon todos y nos quedamos solos, eran pasadas las cinco de la tarde y nos dirigimos cansados y cabizbajos hacia casa a comer algo también nosotros, que apenas hablábamos, pues todo aquello había dejado una impronta de impotencia en nuestro ánimo.
Ya enfilábamos el espigón del puerto hacia el Paseo Marítimo, cuando vimos a un mendigo pidiendo bajo la sombra de una raída sombrilla, y le mostré la evidencia de que al ir en bañador  no podía darle nada porque nada llevaba encima.
                                                                   


El pobre hombre agachó la cabeza en el momento que me decía: “Bueno, esos que habéis atendido en la playa lo necesitaban más que mi familia, pero luego, mañana o pasado o algún día, acordaos de mí, que yo también tengo hambre y sed, y no tengo trabajo con que alimentar a los míos”.
Aquello me dejó pensando en algo que aún viene repitiendo mi cabeza. Mirad alrededor; ¿Es esta situación justa para esta pobre gente que vienen o los que ya están aquí?
                                                                       


Nuestra enferma sociedad debe, tiene que cambiar para que no lleguemos a la desesperación de los que no tienen nada, y que precisamente por eso, tampoco tienen nada que perder.
Demandar justicia, después, donde no llegue ésta, cuando sea imprescindible, caridad.


lunes, 10 de noviembre de 2014

Penumbra

Una paleta de ambiguos plomizos colores, sacados del peor y bomitivo pensamiento de un monstruo, creados para apagar, para matar y rematar cualquier sentimiento que pudiera o pudiese venir de ente seudohumano, para asi vengarse de antiguas o nuevas afrentas que ya la eternidad olvidó, pero que un malvadamente amargado ser tiene bien presentes y quiere disfrutar de tan ansiado y agrio momento.
                                                                 


Un infinito gris continuo como tono de cielo que no cambiaba ni en el día ni en la vigilia de la madrugada, donde nunca llegaba el amanecer, ni las criaturas dispersas de aquel apagado submundo imaginativamente real, conocían otra cosa desde la más lejana época de la llegada a estas inciertas y nada arborescentes ¿tierras?.
Nadie lo sabía, ni se había imaginado ni puesto en duda otra cosa, pues cómo poner en duda la realidad de la mirada o el apagado gris de cada cercana realidad. ¿Realidad?
No convenía que el paso de los aburridos tiempos se dividieran en horas, ni días, ni tenía por qué sucederse un mes a otro, ni tendría que llegar ningún año después del primero que nunca terminaba, ya que al no haber luces y sombras no se podían definir los tiempos de la vida, de esta inopinada oscura vida…¿Era vida?
                                                                



Como lombrices humanas dormidas y en silencio, se repartían los quehaceres sin palabras, sin gestos, sin llantos ni sonrisas, todo marcado en la ancestral costumbre o en las manías del monstruoso mandamás de ese tiempo conformado de infinitos momentos, pues nadie se podía permitir pensar ¿Pensar?
                                                                   


Nada podía existir más allá de este encapotado firmamento, pues al no “movernos de lo nuestro”, ni la posibilidad tenía cabida en las oscuras dudas de aquel deambular atento a cualquier cambio, para maldecir, eso sí, de pensamiento callado y sin esfuerzo, lo que desconocían, lo que les era negado no fuera a ser que se les ocurriera abandonar el maldito lugar y escapar a otro tiempo. Pero ¿Existía otro lugar?
Podía ser ese otro sitio donde se decía iban los muertos, pero ir de esta infra utilizada vida directamente a la tumba, sin vivir ni un aliento, ni un momento, sin tenerse un sentimiento para este o ese que rozan sus manos, sin verle la cara y sin escuchar sus pasos ni su aliento, sin saber si tampoco ve más allá que nosotros, que está tan atado aquí como Yo, aunque me crea prisionero si es que recordara otro sitio, alguna vida pasada, algún celeste cielo antes de que llegara, a este siniestro agujero.
                                                                    


Si. Horrible agujero.
Morirme aquí, ya que muerto estoy, y resucitar bajo un azul firmamento con sol, y muchos pájaros cantores, y un enorme prado verde donde pasten vacas y corderos, que venga la luna después del día, y conocer y amar todo lo que se me negó en el encierro, donde por fin pueda olvidarme del cruel cautiverio en la maldita Penumbra y que maldita sea por los Tiempos.



En Aljaraque, a 10 de noviembre del 2014


miércoles, 5 de noviembre de 2014

Con derecho a queja

Hoy quiero pensar en voz alta sobre lo que nos está aconteciendo en nuestra vida diaria y que nos ha agotado el margen de sorpresa, y esto es el chorreo interminable y diario de la corrupción que nos invade y que afecta a todos los estamentos de nuestra sociedad, o debería decir nuestra “suciedad”.
El españolito de a pié, actualmente no tiene razones objetivas para sentirse de izquierdas, de derechas o de centro, ni siquiera en los ultras ve soluciones medianamente claras.
                                                          


Su mentalidad política pasa por que quiere un trabajo estable para poder sacar a su familia adelante, quiere una sanidad y una educación gratuitas y de calidad, está convencido que tiene derecho a una vivienda digna y piensa que lo demás es secundario, pues le da igual que gobiernen partidos de cualquier signo, siempre y cuando respeten sus necesidades básicas antes expuestas.
Y el escenario por el que estamos pasando no es precisamente para llenar de alegrías al ciudadano, pues ve que no solo no llega a lo anhelado ni de coña, sino que todo, lo poco que aún le queda, se lo recortan o simplemente se lo niegan, mientras una clase de advenedizos individuos salidos de las mas casposas organizaciones llamadas políticas o sociales, campan a sus anchas cometiendo todo tipo de tropelías sin que nadie sea capaz de pararlos, pues aunque algunos de estos imputados van a la cárcel y les obligan en algunos casos a dimitir de sus cargos, el dinero sustraído o defraudado no aparece por ningún lado.
                                                         


Si queremos un ejemplo lo tenemos en el casi terminado caso “Malaya”, donde los responsable del saqueo al ayuntamiento de Marbella están en la cárcel o a punto de entrar, pero de los cerca de setecientos millones sustraídos, sólo 2,5 millones han sido recuperados por el ayuntamiento, por lo que a los sinvergüenzas la privación de libertad les sale a cuenta.
Pero lo más curioso de todo esto es que la sociedad española es tremendamente permisiva con la corrupción, pues partidos con sus dirigentes en prisión o imputados por todo tipo de delitos, vuelven a salir elegidos por los ciudadanos, y eso si que no lo entiendo.
Aunque también es verdad, que últimamente están apareciendo en toda Europa formaciones políticas de diverso signo, que con un discurso “populista” según lo denominan las grandes formaciones, están calando en el individuo medio que ya está cansado de que siempre lo engañen los mismos y en las mismas cosas; total piensan:”Por probar algo nuevo esto no puede empeorar más, puesto que ya está al límite”.
Vi el otro día un programa de televisión, donde preguntaban a daneses y noruegos sobre si conocían algún caso de corrupción en su país, y no debe haber muchos, pues no fueron capaces de nombrar ninguno ni los más viejos del lugar. Pero sin embargo preguntaban a españoles y nombraban un montón, y algunos demostrando que conocían en profundidad algunos hechos. Normal, pues cada día nos desayunamos con alguna noticia de este tipo que ya no nos causan sorpresa; si indignación creciente.
                                                               
                                                                 

Por todo lo dicho, la próxima vez que haya elecciones municipales, autonómicas, o generales, sólo pensaré en quien me cae más simpático para que sea el que me robe.
“¿Podemos?”
“Más vale ladrón reconocido, que candidato a enriquecer”.