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lunes, 29 de diciembre de 2014

Navidad en familia

Como cada año, nuestro grupo de “cuñaos” o como nos llaman algunos, “La fraternidad de los cuñaos”, nos citamos en la abacería de nuestro amigo Jose, en la calle Teodosio cercana a la Plaza de San Lorenzo, para decidir la organización de la intendencia para las reuniones que hacemos cada Navidad, por supuesto acompañados de nuestras legítimas y en Valencina de la Concepción, en casa de mi “cuñao” José Mª “El triste”.
                                                                  



Y pasó como cada año, que de lo que decidimos a lo que comemos hay grandes diferencias, por supuesto siempre ganando la exageración propia de nuestra familia, por lo que económicamente nos salió, como siempre, por un.... y la yema del otro.
A mí me tocó hacer un guiso de cuchareo para los cerca de cincuenta que nos reunimos el día de Navidad a la hora del almuerzo, para redondear y completar la gran cantidad de aperitivos y platillos de los que dimos buena cuenta antes de meterle mano a la “Berza jerezana” o también llamada “Berza Gitana”, que como en opinión de todos y todas me salió buenísima, me pidieron la receta, así que ahí va el invento.
                                                                   
   

Ingredientes, tiempos, manejo y cantidades para este evento:
1,5 kg. De garbanzos, 1,5 kg. De judías blancas, dos orejas de cerdo, dos trozos grandes de tocino ibérico, 2 kg. De panceta ibérica fresca o papada, 2 kg. De jarrete de ternera, 4 chorizos, 4 morcillas, tres trozos de hueso de jamón, 250 grs. De manteca de cerdo, y ahora las verduras y especies.
1 manojo de acelgas, 1 manojo de tagarninas, 2 coles o berzas, un trozo grande de calabaza, ½ kg. De judías verdes, cuatro patatas grandes (1 kg. aproximadamente), 2 cabezas de ajos, 2 cebollas grandes, 2 ramas de apio y 2 puerros, 4 zanahorias, sal, pimentón, comino, clavo y un buen manojo de yerbabuena.
                                                                 



Puse el día 23 por la noche en remojo, las judías blancas en agua fría y los garbanzos en agua caliente.
El día 24, empecé guisando las judías con una cebolla grande con cuatro clavos de olor clavado, una cabeza de ajos entera y la parte verde del puerro, un poco de sal y pimentón en la olla exprés, cubriendo todo con agua fría. En 25 minutos estaban guisadas y tiernas (si hay que añadir agua, siempre que sea fría).
En otra olla exprés de las grandes, (8 litros), eché los garbanzos con todas las verduras picadas y limpias de hebras y tierra, una cabeza de ajos entera, la carne de ternera, el tocino, los huesos de jamón y la papada, cubriéndolos de agua caliente, desespumándolo cuando empezó a hervir, para después cerrar la olla dejándola sonar durante 25 minutos.
                                                                         


Le saqué todo el caldo colándolo, al que añadí el ramo de yerbabuena. Ya teníamos el primer plato, sopa del “puchero”.
Las orejas de cerdo, las quemé con llama para quitarle los pelos y les di un hervor para quitarles la suciedad y el olor, añadiéndolas a la olla con los garbanzos, las carnes, las verduras y ahora también con los chorizos, morcillas, la manteca, sal, pimentón y bastante comino, cubriéndolo todo nuevamente con agua caliente y dejándolo todo otros 20 minutos, en que ya todo tierno y en su punto de sal, le añadí las judías y la cebolla que una vez desechados los clavos de olor, trituré con algunas judías y caldo para añadirlo con todo a continuación.
                                                                    


Este guiso hay que dejarlo reposar un día completo y estará mucho mejor, que fue como nos lo comimos el día 25, picando toda la carne, el tocino, la papada y las morcillas, orejas y chorizos. Unos se comieron sola la “pringá”, y otros lo mezclaron todo.
                                                                    


Pero lo más importante; salió todo bien y buenísimo, y pasamos como siempre un día inolvidable con los niños, nuestro familiar Cristóbal Jiménez dijo misa en la casa, y se remató todo con canciones navideñas acompañadas a la guitarra por “Charía” el pintor, sección de fotos, pasteles, dulces y turrones a discreción, aunque mi mujer Pili y yo, echamos mucho de menos a mi hija, mi yerno y mis nietos, que no llegarán hasta el 2 de enero. Bueno ya pronto.
Feliz año 2015 a toda mi familia, mis amigos y mis lectores que me aguantan las tonterías que escribo.
Abrazos y besos para todos.


martes, 23 de diciembre de 2014

La soledad del Jefe

Desde que comenzó la crisis, y aunque nuestra empresa cada vez vendía más y con los mismos empleados,  habíamos perdido las pagas extraordinarias y por supuesto la cesta y la comida de Navidad, aunque nosotros y por nuestra cuenta seguíamos reuniéndonos, ya que era la única vez en el año en que estábamos juntos los treinta y cuatro empleados sin contar al jefe, que como representante de la sociedad, dejó de ir cuando  suprimió el pago de la reunión-comida la instancia superior.
                                                                  


Este diciembre, se proclamó a “bombo y platillo” que volveríamos a cobrar esta última paga extraordinaria del año, pero siguió sin haber dinero para el almuerzo, por lo que continuando con la tradición, nosotros lo pagaríamos a escote como en los últimos años.
Llegado el día, que como siempre fue el último viernes antes del día 22 en que se celebraba el Sorteo Extraordinario de la Lotería de Navidad, fuimos llegando al restaurante contratado como siempre, más allí nos aguardaba una sorpresa, y era que D. Benito nuestro jefe, se había presentado a comer con nosotros sin avisarlo con antelación, pues no lo creería necesario.
                                                                    


Nos quedamos todos bastante cortados sin saber qué decir o como afrontar aquel imprevisto que nos coartaba para estar a gusto hablando sobre todo y todos, pues con aquella presencia fiscalizadora al fin y al cabo, la reunión tenía poco sentido al tener que seguir guardando las apariencias.
Una vez que estuvimos todos sentados y antes de empezar con los aperitivos, nuestro jefe pidió por favor que escuchásemos lo que había venido a decir, pues no se quedaría en la comida, aunque nosotros ya contábamos con que seríamos uno más.
Empezó justificando su ausencia en la comida de Navidad en los últimos años, pero que teníamos que “tener claro el por qué”.
Y con gesto serio continuó:
-El motivo de entrometerme en vuestra comida, no es otro que despedirme de ustedes.
Nos habíamos quedado bastante cortados mirándonos los unos a los otros, cuando continuó:
-Ni os podéis imaginar lo duro que han sido estos seis últimos años para mí, pues aunque todos sabéis de mi rigor y de mi exigencia en el trabajo, mi mayor esfuerzo y lucha diaria en estos años ha sido mantener vuestros puestos de trabajo, y evitar los despidos y la deslocalización de la empresa que nuestros superiores pretendían, pero gracias a Dios esto a ustedes, solo se os ha quedado en recortes económicos de las pagas extraordinarias, y ese es el único precio que habéis pagado.
                                                                  


Deciros que a mí el salario se me quedó en la mitad, pues era una de las condiciones que oferté para manteneros a todos en vuestro sitio, amén de negociar mi marcha que se producirá a final de mes, sin tener que pagar la empresa ninguna indemnización, y ni siquiera retiro el plan de pensiones que me corresponde, ya que solo me jubilo anticipadamente y amortizan así mi puesto de trabajo ahorrándose un dinero.
Os doy las gracias a todos por vuestra colaboración y trabajo, ya que gran parte del éxito de mis propuestas se ha debido a que hemos mantenido el crecimiento de las ventas.
Sólo quiero que sepáis de mi esfuerzo por manteneros a todos en vuestros puestos, y que estéis tranquilos por mí, ya que aunque no para lujos, pero si tengo para vivir holgadamente el tiempo que me quede.
Perdonadme el daño que sin querer os haya podido hacer y gracias por todo lo que me habéis dado.
No pudo seguir  dando la mano a todos, pues con un sollozo acabaron sus últimas palabras.
                                                                    


Lo vimos salir del bar cabizbajo, a paso lento y sin mirar atrás, desapareciendo de nuestras miradas y de nuestras vidas, y ya  nadie supo de él ni de su familia.
Al cabo de los años supe que se había retirado a un pueblo de la provincia de Huesca, donde tenía la antigua heredad de sus padres, que arrendaba como “casa rural”.

Era una buena persona aunque nunca lo entendiéramos.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Los libros arden bien

Con la irreparable pérdida de mi amigo Fito, que se dejó la más y única cosa valiosa que poseemos, la vida, tratando de salvar del fuego su amada biblioteca, y aunque casi todo ya se ha dicho y mejor expresado que lo que yo pueda decir, perdonad mi atrevimiento, pero se me ocurren algunas reflexiones.
                                            


Me viene a la cabeza el estupendo libro de Manuel Rivas que leí hace tiempo, “Los libros arden mal”, y en este caso hay que decir todo lo contrario, ya que a pesar del extintor con el que luchó hasta el final mi recordado amigo contra el fuego, como con toda el agua que derrocharon los bomberos, no fueron capaces de frenar la destrucción de tan queridos elementos culturales.
                                               


En estos oscuros tiempos en que se desprecia desde los ámbitos del poder la cultura, donde comprar un libro se ha convertido casi en un lujo, que gran lección nos ha dado Rafael con su muerte sobrevenida a consecuencias de la fatídica lucha perdida por salvaguardar el saber, por salvar su más preciado bien, sus amados libros.
Y estoy seguro que más de uno se preguntará, ¿Merecía la pena?
¿Qué pensaría en este postrer momento mi amigo para escoger entre intentar salvarse él, o quemarse o salvarse todos?
                                              


Días atrás, me llamó una sobrina mía que había heredado del abuelo de su marido más de seis mil libros, preguntándome que donde y quién estaría dispuesto a comprar dicha biblioteca que tenía amontonada en la cochera de su adosado. Pues bien, le di un par de direcciones de librerías “de viejo” que podrían estar interesadas, pero su sorpresa y la mía vino porque una no compraba nada, y la otra sin verlos, se los compraba como simple papel, al peso. Se nos vino todo a los pies. Increíble.
Me pongo en el lugar como protagonista de este desgraciado suceso, y confieso que soy tan imbécil o tan gilipollas, que haría lo mismo que Fito. Si me faltaban mis libros, ¿Merecería la pena la vida?
                                              


Hombre, tengo a mi familia, pero es que mis libros igualmente son parte de mi mismo, y por loco o descabellado que a alguien le pareciese, moriría por salvar a cualquiera de ellos, ya que si desaparecieran estos queridos y viejos amigos, estaría muerto en vida.


viernes, 12 de diciembre de 2014

Vuelve la Navidad

Eran amigos desde pequeños, pues Nicolás y Antonio habían vivido en el mismo barrio, estudiaron en el mismo colegio, y hasta de adolescentes estuvieron tonteando con la misma chica, que luego se hizo novia y se casó con un tercero.
                                                                   


Esta amistad continuó cuando fueron mayores en que cada uno afrontó la vida como quiso o como pudo; Nicolás heredó y continuó el negocio familiar de la Administración de Loterías y Apuestas del Estado, y Antonio que había estudiado Económicas y Empresariales, creó una mediana empresa de electrónica e informática, por lo que cada año le compraba a su amigo la lotería de Navidad para todos sus empleados, clientes y amigos, hasta hacía tres años en que tuvieron un problema, por el cual había terminado aquella amistad de toda la vida.
                                                                     


Sucedió que la empresa de electrónica, como casi todas en estos tiempos convulsos, estubo pasando unos delicados momentos, pues no les entraba trabajo, habían despedido a gente y les costaba pagar la nómina de los que quedaban, por lo que la lotería de aquel año no la iban a comprar por falta de liquidez, pero Nicolás conocedor de esta situación le había insistido a su amigo para que retirara los 2.500 euros de la lotería del número de siempre, y que se la pagara cuando pudiera, pero de aquello hacía varios años sin que la trampa se hubiese saldado, aunque ahora el negocio se hubiese reflotado y hubiese dinero, es más; Antonio se había negado a reconocer la deuda a su amigo, tuvieron unas palabras fuertes llegando casi a las manos, y ahí habían acabado años de una amistad de hermanos.
                                                                  


Este año, como desde entonces, el lotero jugaba íntegramente la cantidad y el número que anteriormente retirara su examigo, y quiso la diosa fortuna que su administración de loterías diera el Gordo de Navidad precisamente en este número que vendieron completo en todas sus series, por lo que toda la historia trascendió a los periódicos y se conoció.
No se sabe si fue por mala gestión o si tuvo algo que ver el detalle del comportamiento poco ético de Antonio con aquella deuda de azar, el caso fue que los clientes y los amigos que le quedaban le dieron la espalda, y ahora si que se vió avocado a cerrar la empresa definitivamente acuciado por las deudas y la falta de encargos.
                                                                     


La imagen que salió en el diario local, fueron las puertas cerradas de la empresa y un enorme cartel enfrente que decía: “La lotería que no pagaron les hundió la empresa e hizo rico al acreedor”.
Esto parece un cuento de Navidad como otro cualquiera, pero algunos saben que sucedió de verdad.


sábado, 6 de diciembre de 2014

Sombras de sospecha

Hacía días que no se hablaba de otra cosa en este pueblecito del Aljarafe. Los cuchicheos tenían diferentes sesgos según quien los dijera, ya que iban desde los que denotaban celos, odio, venganza, traición, etc.., hasta los que incluso  veían motivos sexuales a la sospecha de lo que parecía, pero que nadie daba por exacto ni por cierto, ya que ningún vecino se atrevía a indagar la verdad de aquello.
                                                               


Y es que el motivo de todo este revuelo no era otro, que lo que María del Rocío, vecina de la Plaza y viuda desde hacía largos años, había visto un frío amanecer del mes de noviembre, ya que esta mujer solitaria y aburrida era siempre quien primero se enteraba de todo lo que sucedía en esta comunidad, por lo que los visillos de las ventanas de su casa eran mudos testigos de la curiosidad malsana de esta dama.
Pues bien, aún casi ni había amanecido, cuando esta mujer observó cómo había una furgoneta blanca en el callejón que daba a la sacristía de la iglesia, y por ella aparecía alguien cubierto con un chubasquero negro, que empujaba una camilla con lo que parecía un cuerpo cubierto con una sábana blanca y lo introducía, después de mirar para todos lados en el interior del vehículo, iniciando luego la marcha a incierto destino.
                                                                    


Era un asunto delicado, pues aunque nadie lo hablaba públicamente en ninguna tertulia y todos  lo comentaban por lo bajo a la gente de su confianza, todo el mundo sabía que se estaba señalando al párroco como víctima y al sacristán como homicida de lo que  sospechaban.
Era conocido que a D. José, sacerdote que administraba esta parroquia de Santa María, no se le veía desde hacía algún tiempo, pues eran  otros  oficiantes de la cercana ermita los que habían acudido a cumplir con esta feligresía, y además se daba también el caso de que el sacristán estaba en paradero desconocido desde que comenzaron los rumores.
Lo que si era verdad, es que últimamente acudía más gente a las misas, aunque las malas lenguas decían que en realidad era por enterarse de alguna nueva noticia sobre el caso, y no porque hubiese aumentado la devoción del pueblo.
                                                                  


La ebullición de los rumores llegaron a tal punto,  que un grupo de ciudadanos cercanos a la “cosa de la Iglesia” o “meapilas” según los paganos, se decidió a ir a denunciar a las autoridades competentes la sombra de sospecha que se abatía sobre el pueblo y que nadie individualmente quería denunciar por no señalarse, por lo que pidieron una reunión conjunta con el Sr. alcalde, el cabo de la Policía Municipal y con el teniente de la Guardia Civil.
Pero la realidad se impuso ante tanto despropósito, y el domingo siguiente a la denuncia ante las fuerzas vivas, apareció nuestro párroco a decir la misa de las once junto al susodicho sospechoso sacristán, Paco.
En la expectante  homilía de aquella iglesia abarrota como nunca y con una socarrona sonrisa, D. José saludó a su rebaño “después de esta ausencia por motivos familiares”, a la vez que anunciaba que “la imagen de Santa Catalina, vieja de 380 años, había sido llevada  a restaurar a un conocido imaginero, siendo sacada en camilla de la iglesia con premeditación y alevosía el día 20 de noviembre a las 7,30 de la mañana”.
A partir de estas palabras, nadie miraba a nadie, ya fuera por corte o remordimientos por dar pábulo a tanta rumorología, y en cortante silencio fueron saliendo rápidamente y sin entretenimientos ni corrillos, al término del oficio dominical.
Ya nadie volvió a hablar de aquello, pues como dice el dicho, “lo que no se habla no existe”.
                                                                      



(Dedicado a Francisco la O Ruiz, sacristán de la Iglesia de mi pueblo)

domingo, 30 de noviembre de 2014

Abuelo




Habrá pasado el ventoso otoño,

Dando  paso desganado al polar invierno,

Y esas terciadas hojas bermejas que  no veo,

Volverán a cubrir mi calle al paso apresurado de los

 días.

Ya no estaré.

Un inapropiado aguacero terrible y vengativo,

Causará estragos en mi decadente barrio recordado,

Anegando el parque de los besos,

Arrastrando piedras, árboles y bancos,

Sin respetar, si acaso, la memoria del silencioso eco.

Ya no lo veré.

¡Qué bulliciosamente alegre la calle del colegio

A la salida en punto de niños con sus padres!

Coches que llaman con sonidos familiares,

Apresurados adioses amigos hasta el siguiente día,

Completando de tele, galletas, baños y tareas,

El corto espacio restado hasta la cama.

No los sentiré.

Y crecerán mis nietos sin mis benévolas miradas,

Inmersos en sus ganas del vivir de cada día,

Como si ya quedara poco hasta el mañana.

Y quizás recuerden lejanamente remoto aquel tiempo;

El nombre, la imagen, las palabras, el irregular paso,


De este abuelo que se fue sin querer, sin ruido y sin

 ganas.




lunes, 24 de noviembre de 2014

Envejecer perjudica el corazón

Hacía un tiempo que las alarmas habían saltado, pero él o no quería verlas o si las veía no creía que aquello tuviera solución, o por lo menos no intuía una solución sencilla, por lo que había optado dejar correr la cuerda hasta que aquello parara lo más tarde posible, pues ocurrir, seguro que ocurría.
Quedaba lejano aquel idílico otoño en que se fueron conociendo y enamorando entre risas, copas y amigos comunes, coincidiendo en eventos diversos que aunque parecían fortuitos, estaban perfectamente pensados y controlados por ambos, y ya al poco, cuando empezaron a sentirse incómodos con los demás, se desgajaron de la manada y fueron por libre viviendo sus vidas en solitario y sorbiéndose literalmente el uno al otro en todo lo que entendáis por eso.
                                                                 


Los unía casi todo, como sucede casi siempre en esos casos donde el amor entra a raudales atolondradamente, aunque la puerta receptiva de los sentimientos esté encajada por temor a que alguien lo pueda entender como “barra libre” y equivoque los pasos hacia lo interiormente profundo y prohibido.
Él era veinte años mayor que ella, y aunque inicialmente no se notara excesivamente esta diferencia, después de aquellos gloriosos años pasados como en “volandas”, poco a poco, apenas sin apercibirse ninguno de los dos de los pequeños detalles que iban apareciendo de vez en cuando, cada cierto tiempo pero que cada vez eran más próximos entre sí, se fueron encendiendo algunas “luces” a las que hasta el momento no se les daba mayor importancia, tal como si fueran pequeños acoples a otra etapa más tranquila, de un amor maduro y profundo.
                                                                     


Todo empezó un día, pero podría haber sido cualquier otro, en que a ella le apetecía ir con unos amigos a la presentación de un disco de su grupo favorito, y él le dijo que no quería acostarse tarde teniendo que madrugar al día siguiente, marchándose Juana sóla.
Aquella negativa, se extendió a otras ocasiones con diferentes excusas, de tal forma que ella empezó a ir por su cuenta y sin preguntar, de manera que cada uno empezó a hacer su vida, pues a ella, como desde siempre, le encantaba salir y beberse la vida a tragos durante el día o la noche, y Tomas ya entonces pasaba de aquello, disfrutando sobre todo de la tranquila soledad de su biblioteca, oyendo la música de siempre y entre sus queridos libros. Había cambiado hasta la relación retomada con sus amigos comunes.
Pasaron un tiempo de esta manera inapropiadamente despegada, ya no sólo fisicamente, sino también en sus afectos en otro tiempo desbordantes, de forma que un día se sentaron y lo hablaron como dos personas cultas y sensatas que eran, y se impusieron un tiempo para reconducir la nueva situación, pero ya sabían en aquel tardío impás, que no había ya lugar para empezar de nuevo, pues el “plato” no sólo estaba frío, sino que había perdido color, olor y sabor.
                                                                    


Una lluviosa tarde de febrero se despidieron prometiéndose volver a verse en unos días, pero pasó el tiempo sin que a ninguno de los dos le apeteciera marcar el número del otro, y llegó el momento en que resultó tarde para todo, incluso para poner esquela al fallecimiento del amor entre aquella pareja de Juana y Tomás.
“Envejecer, perjudica seriamente el corazón”.
R.I.P.A. Amén.


domingo, 16 de noviembre de 2014

¿Caridad o justicia?

Habíamos acudido a la playa como cada día de estas vacaciones del mes de Agosto, en que toda la familia compartía descanso y comunicación, y como cada año esta gran fraternidad se reunía en la casa que los abuelos tenían en esta playa estupenda de Barbate, en la provincia de Cádiz.
Entre mayores y pequeños éramos más de quince, y mientras los pequeños jugaban con la arena, los adolescentes y mayorcitos se bañaban, y los padres, madres y abuelos charlaban, leían, o hacían punto como la abuela y algunas de las hijas mayores.
                                                                  


En eso estábamos ya cercano el medio día, cuando Mendi, unas de las pequeñas que se bañaba, vino corriendo hacia nosotros, diciéndonos que había zombis que salían del agua, con las consiguientes risas  con que nos miramos, pero después de este primer momento y con la niña en brazos, atendí hacia donde me señalaba la pequeña, y pude ver cómo efectivamente salía gente del agua pero no muertos, sino casi muertos pues eran inmigrantes que sabe Dios cómo habían llegado hasta allí.
Me llamó la atención una mujer que gritaba llorando señalando hacia el mar, y por sus gestos entendí que hablaba de un niño, pero que salió corriendo hacia el rompeolas cuando salía un joven con un pequeño agarrado a su espalda.
                                                                   


Había que hacer algo, pues se les veía con frío y con sed, ya que acabaron rápidamente con las botellitas de agua que habíamos llevado para los niños, por lo que los mayores fueron a buscar mantas, bebidas y algo de comer para aquella pobre gente, mientras llegaba la Cruz Roja a la que habíamos dado aviso.
Cuando llegaron éstos, ya habíamos aliviado a estos once inmigrantes en lo más urgente, pero el médico que también acudió con la Guardia Civil, dictaminó que los tres niños de la expedición, una mujer y un anciano, necesitaban hospitalización.
                                                                      


Cuando ya se marcharon todos y nos quedamos solos, eran pasadas las cinco de la tarde y nos dirigimos cansados y cabizbajos hacia casa a comer algo también nosotros, que apenas hablábamos, pues todo aquello había dejado una impronta de impotencia en nuestro ánimo.
Ya enfilábamos el espigón del puerto hacia el Paseo Marítimo, cuando vimos a un mendigo pidiendo bajo la sombra de una raída sombrilla, y le mostré la evidencia de que al ir en bañador  no podía darle nada porque nada llevaba encima.
                                                                   


El pobre hombre agachó la cabeza en el momento que me decía: “Bueno, esos que habéis atendido en la playa lo necesitaban más que mi familia, pero luego, mañana o pasado o algún día, acordaos de mí, que yo también tengo hambre y sed, y no tengo trabajo con que alimentar a los míos”.
Aquello me dejó pensando en algo que aún viene repitiendo mi cabeza. Mirad alrededor; ¿Es esta situación justa para esta pobre gente que vienen o los que ya están aquí?
                                                                       


Nuestra enferma sociedad debe, tiene que cambiar para que no lleguemos a la desesperación de los que no tienen nada, y que precisamente por eso, tampoco tienen nada que perder.
Demandar justicia, después, donde no llegue ésta, cuando sea imprescindible, caridad.


lunes, 10 de noviembre de 2014

Penumbra

Una paleta de ambiguos plomizos colores, sacados del peor y bomitivo pensamiento de un monstruo, creados para apagar, para matar y rematar cualquier sentimiento que pudiera o pudiese venir de ente seudohumano, para asi vengarse de antiguas o nuevas afrentas que ya la eternidad olvidó, pero que un malvadamente amargado ser tiene bien presentes y quiere disfrutar de tan ansiado y agrio momento.
                                                                 


Un infinito gris continuo como tono de cielo que no cambiaba ni en el día ni en la vigilia de la madrugada, donde nunca llegaba el amanecer, ni las criaturas dispersas de aquel apagado submundo imaginativamente real, conocían otra cosa desde la más lejana época de la llegada a estas inciertas y nada arborescentes ¿tierras?.
Nadie lo sabía, ni se había imaginado ni puesto en duda otra cosa, pues cómo poner en duda la realidad de la mirada o el apagado gris de cada cercana realidad. ¿Realidad?
No convenía que el paso de los aburridos tiempos se dividieran en horas, ni días, ni tenía por qué sucederse un mes a otro, ni tendría que llegar ningún año después del primero que nunca terminaba, ya que al no haber luces y sombras no se podían definir los tiempos de la vida, de esta inopinada oscura vida…¿Era vida?
                                                                



Como lombrices humanas dormidas y en silencio, se repartían los quehaceres sin palabras, sin gestos, sin llantos ni sonrisas, todo marcado en la ancestral costumbre o en las manías del monstruoso mandamás de ese tiempo conformado de infinitos momentos, pues nadie se podía permitir pensar ¿Pensar?
                                                                   


Nada podía existir más allá de este encapotado firmamento, pues al no “movernos de lo nuestro”, ni la posibilidad tenía cabida en las oscuras dudas de aquel deambular atento a cualquier cambio, para maldecir, eso sí, de pensamiento callado y sin esfuerzo, lo que desconocían, lo que les era negado no fuera a ser que se les ocurriera abandonar el maldito lugar y escapar a otro tiempo. Pero ¿Existía otro lugar?
Podía ser ese otro sitio donde se decía iban los muertos, pero ir de esta infra utilizada vida directamente a la tumba, sin vivir ni un aliento, ni un momento, sin tenerse un sentimiento para este o ese que rozan sus manos, sin verle la cara y sin escuchar sus pasos ni su aliento, sin saber si tampoco ve más allá que nosotros, que está tan atado aquí como Yo, aunque me crea prisionero si es que recordara otro sitio, alguna vida pasada, algún celeste cielo antes de que llegara, a este siniestro agujero.
                                                                    


Si. Horrible agujero.
Morirme aquí, ya que muerto estoy, y resucitar bajo un azul firmamento con sol, y muchos pájaros cantores, y un enorme prado verde donde pasten vacas y corderos, que venga la luna después del día, y conocer y amar todo lo que se me negó en el encierro, donde por fin pueda olvidarme del cruel cautiverio en la maldita Penumbra y que maldita sea por los Tiempos.



En Aljaraque, a 10 de noviembre del 2014


miércoles, 5 de noviembre de 2014

Con derecho a queja

Hoy quiero pensar en voz alta sobre lo que nos está aconteciendo en nuestra vida diaria y que nos ha agotado el margen de sorpresa, y esto es el chorreo interminable y diario de la corrupción que nos invade y que afecta a todos los estamentos de nuestra sociedad, o debería decir nuestra “suciedad”.
El españolito de a pié, actualmente no tiene razones objetivas para sentirse de izquierdas, de derechas o de centro, ni siquiera en los ultras ve soluciones medianamente claras.
                                                          


Su mentalidad política pasa por que quiere un trabajo estable para poder sacar a su familia adelante, quiere una sanidad y una educación gratuitas y de calidad, está convencido que tiene derecho a una vivienda digna y piensa que lo demás es secundario, pues le da igual que gobiernen partidos de cualquier signo, siempre y cuando respeten sus necesidades básicas antes expuestas.
Y el escenario por el que estamos pasando no es precisamente para llenar de alegrías al ciudadano, pues ve que no solo no llega a lo anhelado ni de coña, sino que todo, lo poco que aún le queda, se lo recortan o simplemente se lo niegan, mientras una clase de advenedizos individuos salidos de las mas casposas organizaciones llamadas políticas o sociales, campan a sus anchas cometiendo todo tipo de tropelías sin que nadie sea capaz de pararlos, pues aunque algunos de estos imputados van a la cárcel y les obligan en algunos casos a dimitir de sus cargos, el dinero sustraído o defraudado no aparece por ningún lado.
                                                         


Si queremos un ejemplo lo tenemos en el casi terminado caso “Malaya”, donde los responsable del saqueo al ayuntamiento de Marbella están en la cárcel o a punto de entrar, pero de los cerca de setecientos millones sustraídos, sólo 2,5 millones han sido recuperados por el ayuntamiento, por lo que a los sinvergüenzas la privación de libertad les sale a cuenta.
Pero lo más curioso de todo esto es que la sociedad española es tremendamente permisiva con la corrupción, pues partidos con sus dirigentes en prisión o imputados por todo tipo de delitos, vuelven a salir elegidos por los ciudadanos, y eso si que no lo entiendo.
Aunque también es verdad, que últimamente están apareciendo en toda Europa formaciones políticas de diverso signo, que con un discurso “populista” según lo denominan las grandes formaciones, están calando en el individuo medio que ya está cansado de que siempre lo engañen los mismos y en las mismas cosas; total piensan:”Por probar algo nuevo esto no puede empeorar más, puesto que ya está al límite”.
Vi el otro día un programa de televisión, donde preguntaban a daneses y noruegos sobre si conocían algún caso de corrupción en su país, y no debe haber muchos, pues no fueron capaces de nombrar ninguno ni los más viejos del lugar. Pero sin embargo preguntaban a españoles y nombraban un montón, y algunos demostrando que conocían en profundidad algunos hechos. Normal, pues cada día nos desayunamos con alguna noticia de este tipo que ya no nos causan sorpresa; si indignación creciente.
                                                               
                                                                 

Por todo lo dicho, la próxima vez que haya elecciones municipales, autonómicas, o generales, sólo pensaré en quien me cae más simpático para que sea el que me robe.
“¿Podemos?”
“Más vale ladrón reconocido, que candidato a enriquecer”.


lunes, 27 de octubre de 2014

Regalo "Low Cost"

Estaba en un callejón sin salida. Día a día, hora a hora se acercaba el cumpleaños de mi “Cari” y yo sin dineros ni ideas sobre qué regalar en tan celebrado día, pues sus padres le habían preparado una enorme fiesta, con una enorme tarta, y una enorme lista de invitados para que dicho día pasase a los anales de la familia como el día “enorme” en que la niña cumpliría dieciocho añitos.
                                                


Y yo el prometido, el novio, “el chico que sale con Tina”, iba a quedar peor que un niño de “Primera Comunión” vestido de naufrago.
Por enésima vez volví a pasearme entre las secciones de música, libros, joyería y demás departamentos afines de cuantas tiendas y Grandes Superficies estaban en mi entorno ciudadano, pero es que todo estaba carísimo y además me había fijado en que las normas de seguridad eran muy estrictas, y yo en los bolsillos con doce pelados euros.
                                                   
 
¿Qué hacer? Porque el momento se acercaba y yo tenía que tener un regalo para mi chica.
Agachado entre las estanterías de sartenes y cacharrería, luchaba intentando quitar la alarma de seguridad de un CD sin conseguirlo, cuando vi como saltaba la alarma en una de las cajas de pago, y un fortachón agente de seguridad, registraba el bolso de una muchachita que titubeaba y se excusaba cuando le sacaron un botecito de colonia que no había pasado por el susodicho control.
Temblándome las piernas y sin saber qué hacer, deambulé por todos los departamentos de los almacenes aclarándome las ideas por si salía alguna buena, cuando me fijé en una señora muy bien vestida y enjoyada, que a la vez que empujaba un carro hasta arriba de todo, era arrastrada por un caprichoso niño de corta edad y horrorosos modales, y cómo relatando y persiguiendo al “cafre” se dirigía desesperada a una de las cajas.
                                                 


Y se me ocurrió una idea que podía salir bien.
Con mis escogidos discos en la mano, me dirigí hacia donde la señora luchaba por poner las cosas sobre la cinta para el cobro, a la vez que intentaba sujetar al pequeño para que no se desmandara, ofreciéndome amablemente a ayudarla, lo cual aceptó encantada.
Fui poniendo todas las cosas del carro en la cinta, incluyendo, como el que “no quiere la cosa”, mi regalo, pasando éste por caja sin que la señora lo advirtiese.
Yo volví a meter todo lo comprado en sus bolsas e incluso le llevé el carro hasta el coche guardándoselo todo, pues el niño tenía un berrinche tal, que la abuela con todo lo que podía no era capaz de controlar, incluso en el último momento hasta me dejó al energúmeno mientras buscaba las llaves.
En el momento que cogí al niño de la mano y le susurré algo, éste se cayó de inmediato, por lo que la mujer no paraba de darme las gracias, hasta me insistió para que le aceptara veinte euros de propina que no tuve más remedio que coger por no ofenderla.
                                                 

Yo con la mejor de las sonrisas le devolví al niño, preguntándome la dama que, “qué había hecho” para que este se callara: “Nada, nada…” le dije, cuando la realidad es que al niño  sólo le susurré al oído que  “yo había matado a Papá Noel y a sus renos”, y que él sería el siguiente si no se callaba.
Ah, y decir que luego volví sobre mis pasos para que me envolvieran los CDs del conjunto favorito de mi “Cari” para regalo, y que estaba feliz y contento con  mi “buena acción”, y por supuesto con los veinte eurazos más en mis despoblados bolsillos.
Iba a terminar aquí esta crónica del “Conseguidor de Regalos”, pero no. Voy a contar el epílogo.
Mi “Cari”, mi Tina, me dejó a la semana de su fiesta de cumpleaños porque decía que “yo no cumplía sus expectativas de futuro”.
Algo ya vería en mi.