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lunes, 25 de julio de 2011

No tengo ganas de callarme

No tengo ganas de callarme, pero no tengo ganas de responderte. No tengo ganas de hablarte, ni tampoco me apetece corregirte. Si te callaras a lo mejor me lo pensaba, si reconocieras alguna culpa propia… Quizás te hablara si pudiéramos tener un diálogo fluido en ambas direcciones. El silencio es el mejor aplauso que puedo ofrecerte.

                                                                               

Si supieras el daño que haces cuando me dices con el rostro encendido y vehemente, con todo el atropello que te deja la ira y el rencor, toda la historia completa de mis pecados, los muchos errores cometidos, la somera cuenta de mi maldad contigo.
Quizás se te olvidan las palabras amables, las justificaciones humanas de un hombre atormentado por esta relación de pequeñas guerras de desgaste, que nos dejan un poso de amargor y a veces hasta de vergüenza propia y ajena.
No sé si te arrepientes después, de alguna palabra de las que me escupes, con las que estás segura que hieres y que quizás algún día  asesines.

                                                                                     
Otras veces balbuceas inconexas frases que te respondes tú misma, sin premeditación y sin darte cuenta de tu conversación a dos voces contigo. Para insultar y ofender, no necesitas de incómodos testigos que son capaces de afear tu actitud, de ponerse en tu contra.
Por una vez calla, por favor, y escucha. Quizás un rato de silencio nos aplaque a los dos y seamos capaces de valorar en profundidad si nos conviene seguir o dejarlo aparcado todo para dentro de un mes, o para siempre.
Reposemos lo dicho, maduremos las consecuencias del desgarro sufrido al contestarnos cosas que mejor haberlas olvidado, barbaridades que parece mentira que hayan podido salir de nuestras bocas.
Lo mismo se nos acabó el tiempo de amor en que un día estuvimos sumergidos, de la pasión que envolvía nuestro hablar con una sola voz, de cambiar de opinión creando una nueva y sólida esperanza.

                                                                            
No quiero el silencio en el olvido  ni la muerte de la palabra, sólo retomar otro tiempo, en donde íbamos remando hasta hacernos uno sólo en el lejano puerto del entendimiento.
Llegaré hasta donde pueda, no puedo prometerte más, me apetece retomar los ardores apasionados de otros momentos, de decirnos “te quiero” con sinceridad y sin espavientos.

lunes, 18 de julio de 2011

Sólo sé que pasó

Todo estaba en silencio, nadie hablaba. Sólo se escuchaba música militar en la radio del cercano bar. En un portal tres viejas cuchicheaban con caras serias y una de ellas lloraba.
Los militares se habían sublevado contra el gobierno. 
Había una guerra. 
Los hombres desaparecieron del pueblo camino de sus quehaceres. Por la tarde, se escucharon tiros en el cuartelillo de la Guardia Civil, y por la noche llegaron unos hombres armados en un camión, cantando y medio borrachos. Se llevaron a algunos viejos y jóvenes, entre los gritos y llantos de sus familias que les hacían hatillos con un poco de ropa para el viaje, que según decían acabaría en la ciudad.
                                                                                     
A la mañana siguiente sus cadáveres cubiertos de sangre se encontraron en una cuneta de la carretera. Muchos casquillos de bala y dos botellas de aguardiente vacías.
Todas las puertas de las casas estaban cerradas. Sólo se salía a por lo imprescindible. El terror se veía en las caritas de los niños y debajo de los pañolones negros que cubrían la cabeza de sus madres y abuelas.
A los pocos días volvía a llegar otro camión, también con hombres armados pero con otra bandera que pusieron en el mástil del balcón del ayuntamiento. También se llevaron a otros hombres que antes se habían alegrado por la suerte del pueblo y por los arrestos.
También aparecieron asesinados. Ya no quedaban sino mujeres,  viejos y niños en las casas.
Había una guerra.
En los campos donde antes se veían crecer las espigas del pan de mañana, ahora sólo había hombres contra hombres, hijos contra padres, hermanos contra hermanos.
A cada cual le había tocado luchar  donde se encontraba en el momento de la movilización, sin importar sus ideales, pues nadie  les había preguntado lo que pensaban.
Había una guerra. No  importaba, sólo eran peones de un incierto tablero de ajedrez, cuya partida  jugaban otros.
Siempre con miedo, siempre con hambre, escondidos y esperando noticias no de la guerra, sino del padre, hermano, marido o novio. De los tiros se encargaban algunos que tenían ideas a secas o malas ideas.
Había una guerra.
                                                                               
Al final ganaron, ¿Ganaron? los de un lado, y unos pocos volvieron al pueblo contando cosas, y nunca más se les vio sonreír.
Siguió el hambre, la muerte por enfermedades comunes, pues si no había dinero para cubrir las necesidades básicas, mucho menos para comprar de estraperlo los medicamentos necesarios que salvaran la vida del viejo o del niño o de su madre. 
Había acabado la guerra.
Años de silencio, de llantos por los ausentes, de sobrevivir a todo y a todos. La cabeza vacía y el estómago llenándose con lo justo, saliendo del agujero poquito a poco. Sobrevivientes en esta pobre tierra llamada España.
                                                                               
Ya no somos los mismos, pero hay que acordarse de aquello para que el odio entre hermanos no nos ciegue y aquel horror, vuelva a pasar otra vez.
De aquel aquelarre de muerte hoy hace setenta y cinco años. No queda casi nadie de entonces. Sólo cadáveres enterrados, unos en cementerios, otros en campos y cunetas.
Vivamos sin mirar atrás. ¡Qué bella es la vida!

lunes, 11 de julio de 2011

De cuento

Cuando hablamos de iniciar a los niños en la cultura de los libros, instintivamente pensamos en los cuentos y en nuestra propia infancia. De cómo por Reyes se nos regalaban libritos multicolores donde casi siempre se nos contaban las imaginativas historias  de Caperucita Roja, Blancanieves y los Siete Enanitos, La Cenicienta, etc.…
Este era el principio de nuestra, quizás, afición a los libros en el futuro, pasando de estos inicios, nunca mejor dicho de cuento, a la literatura de aventuras y a las libros juveniles de Salgari, Julio Verne y otros, hasta desembocar en una bendita adicción que generalmente te dura toda la vida.

                                                                                   
Pero esos cuentos tan queridos por conocidos y universales, han “evolucionado” hacia otro mundo, nuestro mundo del siglo XXI, en que entre las múltiples versiones cinematográficas de la factoría Disney, y algunos escritores que a falta de ideas propias destrozan las de los demás, hacen que no reconozcamos en ellos esas historias de nuestra tierna infancia.
Hay veces que ante esas películas, te queda la duda de si la madre de Caperucita era una descerebrada al mandar a una niña por la tarde, cerca ya de la noche y por el bosque, a llevarle un pastel a la abuela enferma. Y aquí entran los ecologistas defendiendo al lobo, como especie protegida que tiene que comer, y que el olor a pastel y el abrigo rojo de Caperucita, lo provocan y atraen irremisiblemente.
                                                                           
¿Por qué ese afán en hacer desaparecer a los siete enanitos, que a veces son cuatro y a veces ni están ni se les espera? ¿Por qué una limusina en vez de una carroza? Seguramente la calabaza era una cucurbitácea  transgénica.
Otro fenómeno es el rol de madrastra que estas nuevas historias nos muestran. Que si celos por competir por el cariño del marido-padre, que si mujeres bellas que al estilo del “Retrato de Dorian Gray” (Oscar Wilde), no quieren envejecer, incluso toda una suerte de  escalas competitivas dentro del amor filiar, ya que es natural querer más a las hijas propias, por feas que sean, que a una advenediza que aporta tu marido como dote al matrimonio.
                                                                                 
Cuanto no sería más bonito crear cuentos nuevos, que nos lleven en volandas a nuestros sueños del niño que nunca dejamos de ser, sin tener que destrozar los clásicos ya imposibles de mejorar. ¿A quién se le ocurriría modificar, aunque fuera una versión cinematográfica con efectos especiales, a nuestro “Quijote”?
Otro capítulo aparte merecería el sinfín de seudocuentos o historietas, donde en un porcentaje altísimo todo es violencia, y donde muchas veces el fin justifica los medios, por mas angelicales que aparezcan estos nuevos pequeños héroes.
Si queréis retomar esos cuentos clásicos de primera mano, os recomiendo “Cuentos al amor de la lumbre I y II”, de Antonio Rodríguez Almodóvar, sobre los cuentos tradicionales españoles, y los repertorios clásicos de los hermanos Grimm, Perrault, Afanásiev o las básicas obras de Bettelheim y Vladimir Propp.
Benditos cuentos que nos enseñaron a leer y a soñar.

martes, 5 de julio de 2011

¿Hablamos de trabajo?

En este tiempo en que estamos, vayas por donde vayas, el tema en todas las bocas es la escasez del trabajo, con cada vez mas parados y el de las empresas, sobre todo las de autónomos, que se están cerrando a mansalva.
Y se escucha de todo. Uno que está en esa atalaya de la prejubilación, poniendo velas a todos los santos para que no nos quiten la pensión después de tropecientos años cotizados, ya no se asusta casi de nada. Sólo de esta fragrante  herida abierta de cinco millones de parados, por donde se está desangrando este desdichado país.
Como siempre sucede en estas épocas de necesidades apremiantes, hay quien intenta aprovecharse de los trenes baratos, tanto por la parte empresarial como por la parte trabajadora.
No me resigno a no contar lo que se escucha de unos y de otros.
1.- Vicente lleva diez años dando cursos de formación para un banco de los de grandes beneficios. Este trabajo es de forma esporádica, ya que cada trimestre de cursos, lo dejan en el paro por cuatro meses.
De buenas a primeras le dicen que ya no se van a dar más cursos, así que adiós, sin reconocer el banco que tiene que indemnizar económicamente a esta persona. Para ello ha tenido que acudir al juzgado que ha fallado a su favor.
2.- El amigo Carlos trabajaba en una tienda de muebles con contratos de tres meses hasta que ya tenían que hacerlo fijo. Como llegó el verano, le dijeron que se fuera de vacaciones por su cuenta, y que en Septiembre si quería volver al trabajo, se hiciera autónomo y ellos le harían un contrato mercantil, dándole el 3% de lo que vendiera después de cobrarlo la tienda.
                                                                               
3.- A Lola la despidieron de una asesoría jurídica porque había poco trabajo. Le ofrecieron quedarse pero sin cobrar y sin plazo de tiempo, hasta que las cosas mejoraran.
4.- Antonio fue a una entrevista de trabajo para un puesto de comercial. Después de tres selecciones quedó finalista, por lo que le ofrecieron empezar a trabajar, pero que siguiera cobrando el subsidio de desempleo y ellos le pagarían comisiones por lo que vendiera, eso sí, en dinero negro.
También hay empresarios, buenos empresarios, que se quedan asombrados con algunos demandantes de trabajo.
                                                                                 
A) Un laboratorio farmacéutico quiere contratar a un joven que acaba de terminar la carrera de farmacia. Están de acuerdo en el sueldo y en el trabajo a desarrollar, pero el chaval dice que sus vacaciones las quiere en Agosto, por que es cuando las quiere su novia, y que cuando vaya a trabajar a otras provincias, se la quiere llevar con él e incluirla en las comidas y en la habitación que paga la empresa.
B)  A Mónica la contrata una pequeña empresa que lleva cuatro tiendas de camisetas unisex. A los diez días, un socio de la empresa pasa por la tienda donde debía estar la chica y la encuentra cerrada. Puestos al habla con la susodicha, argumenta que ha tenido que ir con su cuñada al ginecólogo, pero que iba a abrir por la tarde.
C) Un supervisor de una empresa de seguros, lleva a un grupo de promotores de ventas a un pueblo de los grandes. Cada uno de ellos lleva un listado de quince personas con las que han de contactar. Al ir a la ruta de uno de ellos, se lo encuentra junto con otros dos en un bar jugando a las cartas. 
Estos son algunos ejemplos escuchado de personas conocidas que merecen mi credibilidad.
                       
                                                                                                                                     
Por último hablar de algunos funcionarios. El jefe de personal del Hospital de San Juan de Dios del Aljarafe en Bormujos, hospital privado concertado con el SAS, me comentó que el absentismo laboral en dicho hospital está en el 0,18%. El porcentaje en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla es del 5,67%.
Tengo un sobrino, Enrique, que hace unos días lo dejaron parado. Le pregunté que como estaba y me dijo que bien, aunque desorientado, ya que no recuerda el nombre de los compañeros de su nueva empresa, Desempleo S.A.