miércoles, 27 de marzo de 2019

Caos

Hacía una preciosa mañana amablemente soleada, cuando como cada día en los últimos tiempos salió tranquilo y confiado de su casa, una vez que se hubo desayunado y duchado, camino de su banco para sacar dinero del cajero para comprar cosas que hacían falta en casa. 
                                                                  

Ni él ni nadie se podía imaginar, que aquel día sería recordado por todas las generaciones venideras como el día del caos. 
Ya llegaba a la fachada de su destino, cuando vio que había bastante gente en la puerta de la sucursal, por lo que preguntó quién era el último para sacar dinero con tarjeta, a lo que le contestaron que no funcionaba el cajero automático, ante lo que entró y preguntó a la cajera qué pasaba, diciéndole esta “que no tenían conexión con la central y que estaban esperando a que se corrigiera el fallo”. 
                                                                   

Pasada más de una hora, decidió ir a otro cajero, pero después de la caminata constató que estaba igual, y otro y otro, por lo que decidió que ya sacaría dinero; iría al supermercado a comprar y pagaría con tarjeta. 
Al llegar a la tienda se encontró con muchas colas en las cajas, y una amable señorita que le informaba que sólo podría pagar con dinero, porque las conexiones con tarjetas no funcionaban. 
                                                                    

No sabía qué hacer, estaba perplejo y desorientado, ya que nunca le había pasado aquello, decidiendo llamar a su compañera y preguntarle qué dinero había en casa, pero después de varios intentos constató que no había cobertura ni línea. 
Iba regresando a su domicilio, y le llamó la atención los pitidos de los coches y que las calles por donde pasaba estaban colapsadas, ni funcionaban los semáforos, ni los pocos policías que encontró podían encausar aquello. 
                                                                  


Lo que no sabía nuestro amigo era el grado del desorden en que estaba sumido el país en ese momento: todas las comunicaciones interrumpidas por carretas, puertos, aeropuertos y trenes, todas las empresas y entidades bancarias sin internet, por lo que estaba paralizada toda la actividad incluido el comercio, la gente no pudo acudir a los trabajos ni los niños al colegio, no funcionaban los teléfonos, ni la radio ni la televisión, y el colofón fue cuando se fue la luz en todas las ciudades; las gentes estaban asaltando supermercados y tiendas sin que nadie pudiera parar aquello, por lo que el ejército tomó las calles para poner algo de orden, a la vez que aviones tiraban octavillas en las ciudades pidiendo calma a la población. 
Todo esto no ha llegado a suceder aún, pero ¿Es posible que en el futuro sean así las guerras y los actos terroristas? ¿Cómo y quién podrá enfrentarse a este caos? 

jueves, 21 de marzo de 2019

El número dos


Es curioso pero normal, que, de un campeonato de la liga de futbol, o de la Copa Davis de tenis o del ganador de Eurovisión, sepamos quien lo ganó y quedó el primero, pero difícilmente nos acordaremos del que le faltó poco, pero que fue el segundo. 
                                               

En todos los currículos que se mandan, si se fue premio extraordinario de la carrera, o se quedó muy por encima de los demás en algo, se destaca, pero si quedamos rezagados de la cúspide y fuimos del montón, ni se nombra de pasada siquiera. 
“Hijo, estudia lo que quieras, lo que te guste, pero que siempre seas de los primeros. Si es así, no te faltarán oportunidades de trabajo” 
                                                  

¿Cuántas veces hemos escuchado este concejo a los jóvenes que empiezan sus estudios? Muchas veces. 
Y es verdad que, a mejor expediente académico, más masters y más idiomas y títulos en prestigiosas universidades, mayor atractivo tienes para los empleadores, pero esto por sí sólo no es suficiente en la vida para triunfar, sino que tiene que ir complementado con esfuerzo, ideas, y un sinfín de cosas que muchas veces no están en la mano del brillante muchacho. 
                                                   

Incluso hay entre este tipo de brillantes personas, gente que fracasa, que no es feliz con lo que hace, que las ansias por seguir siendo el primero le crean ansiedad y estrés, y le hacen fracasar. 
Sin embargo, conozco a muchas mujeres y hombres que nunca han brillado especialmente en nada, que se han abierto paso en la vida a codazos, que, si han fracasado en algo, se levantan y lo intentan de nuevo, sin que por ello se sientan peores ni mejores, y además son felices con lo que hacen. 
                                                   

Creo que el fin primordial que cualquier ser humano anhela, es ser feliz, poder desarrollarse como ser humano, tener un trabajo que le reporte satisfacciones y que cubra sus necesidades, pero que le permita disfrutar de la vida. 
Antiguamente solo el que cogía la profesión de médico tenía que seguir estudiando y preparándose toda la vida, hoy cualquier ocupación requiere que te recicles continuamente para no quedarte atrás, para mantener tu trabajo y no quedar rezagado. 
                                                   
 
Por eso creo que es más importante hoy en día aconsejar a los jóvenes sobre el medio para encontrar la felicidad; que disfruten con lo que hacen, que nadie le corte las alas al desarrollo personal, que lo disfruten y les satisfaga, aunque todo esto tropiece demasiadas veces con los intereses de las empresas, que en la mayor parte de los casos intentan exprimirte y sacarte todo el beneficio posible, y mientras es así, te miman, pero el día que ya no les interesas te dan la patada. 
No es más feliz quien amasa más riquezas, casas y coches, sino el que sabe disfrutar y sacarle partido a lo que tiene. 

miércoles, 13 de marzo de 2019

Desorientados

Vivimos en una época convulsa donde la gente anda desorientada, y no es para menos, pues si hoy desde Villanueva del Ariscal compran un cartucho de tinta para la impresora por internet, resulta que el cargo de su tarjeta Visa se lo hacen en Luxemburgo, el paquete viene de China, y la impresora es americana. 
                                                                

Si bajan las acciones de una empresa en Tokio, puede suceder que haya un ajuste de plantilla en Madrid o cualquier otra ciudad, o lo que es peor, que trasladen la empresa a otra ciudad o desaparezca del país (deslocalización). También sucede, que el agricultor que hoy está plantado su tierra en Almería no sepa, que el Mercado de Futuros de la City londinense ya le ha puesto precio a lo que va a recoger dentro de dos años. 
                                                                   

A todo esto, hoy le damos un nombre: globalización. Y no es ni más ni menos que las decisiones que hoy se toman en Nueva York, mañana repercuten en cualquier lugar del mundo. 
Todo este estado de realidades descoloca al más pintado, y la gente se siente insegura, y si ha perdido el empleo, o no lo tiene y lo busca desesperadamente, no te digo más. 
                                                                  

Esto hace que los menos jóvenes que han vivido otra época, que a pesar de los pesares no era mejor, la añoren y quieran volver a ella, lo cual es imposible, y se buscan enemigos entre lo que se nos antoja diferente: los inmigrantes, el feminismo, los colectivos de gais y lesbianas, los desempleados, etc., etc., cosas que por desgracia fomentan y publicita la ultraderecha más retrógrada, y no le importa mentir y prometer lo imposible, al ver su caladero de votos en esta gente desorientada e insegura. 
                                                                

La gente no necesita salvapatrias embusteros, la gente lo que necesita es que le solucionen sus problemas o le enseñen el camino para lograrlo. Las personas lo que demandan es una vida digna, seguridad en el trabajo, vivienda asequible, justicia igualitaria, mejoras en sanidad y educación, que no sean siempre las clases bajas y medias las que paguen los platos rotos de los poderosos, que el que la haga lo pague, y si ha robado, que no salga de la cárcel hasta que devuelva lo que se llevó de la bolsa común. 
También es necesario estar bien informados, y si vemos una noticia falsa o que nos parece, contrastarla con los medios de comunicación que nos parezcan creíbles. Yo, cada vez que me mandan una noticia falsa por WhatsApp o la veo en las redes sociales, siempre lo denuncio y digo si disimulos que es mentira, aunque esto me haya procurado algún que otro insulto de los de siempre, que sólo leen o se informan de lo que coincide con lo que piensan. 
Tened cuidado ahí afuera.  

jueves, 7 de marzo de 2019

Futuro imperfecto


Habían pasado muchos, muchos años, y todo estaba cambiado. Ahora la energía que se utilizaba era toda solar, los coches habían desaparecido y la gente se desplazaba o por los supersónicos trenes subterráneos que surcaban la ciudad en todas direcciones, o por el aire en artefactos dirigidos autónomamente, y los trabajos más duros o más técnicos eran realizados por robot de inteligencia artificial.
                                                                     


Todo era silencio y no se escuchaba nada, (quien supiera escuchar), ya que cada persona llevaba implantado un pequeño chip de grafeno con el que se comunicaba mentalmente con quien quería.
Las enfermedades prácticamente habían desaparecido, por lo que había gente que llegaba a más de doscientos años, y a pesar de lo cual la población disminuía rápidamente, pues no había nacimientos apenas, y la principal causa de muerte era el suicidio, que se planificaba de muy diversas formas y era aceptado.
                                                                   


Sucedió, que un día llegaron unas gentes que no se sabía de dónde, con una forma de vida muy antigua, pues se comunicaban directamente con el habla y los gestos, y se  volvieron a escuchar, para quien supiera oír, risas, charlas, discusiones y hasta parlamentos, ante el asombro de aquella sociedad tan adelantada.
Estas gentes que no se mezclaban con los demás porque no las entendían, constituyeron parejas y empezaron a nacer niños como en siglos pasados, para el asombro de propios y extraños.
                                                                         


Y he aquí que aquellas viejas costumbres de trato y comunicación se incrementaron y contagiaron, con lo que se planteó en las más altas instancias si esa vuelta a atrás se toleraría, por lo que habría que empezar por enseñar a comunicarse a quien quisiera esa vuelta a los principios.
Fue una autentica revolución lo que estas nuevas formas produjeron, pero llegaron al acuerdo de que si esto iba a mejorar la vida de las personas y a que se iniciara nuevamente los nacimientos de nuevos humanos, era positivo.
                                                                    


Y el ser humano renació de sus cenizas con el trato, la palabra y las relaciones de pareja que contribuyeron a la procreación, aunque hubiera que empezar con nuevos planteamientos.
No siempre empezar de nuevo es malo.