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jueves, 27 de junio de 2013

A una mujer bella


(Para Carmen)

No sé si eres así
O como yo te imagino.
Puede que seas un sueño
O un cruel desatino.
¿Eres real o solo una onírica visión
Donde yo te adivino?
Bonita eres, esa es la verdad,
Como una canción cantada en plan fino.
No te pareces a nada,
Por lo menos conocido.
Bella, simpática, irreal,
Para mí quisiera tu estilo.
Que tu vida siga igual,
Y no cambies, te lo suplico.
Que te vaya la suerte bien,
Sin costarte sacrificios.
Se tu misma por favor,
Y que nadie te pode tus desvarios.



jueves, 20 de junio de 2013

La tita

(Dedicado a mi amigo Manuel Limón, “El Coco”)

Era una de las Tabernas o Bodegas más antigua del pueblo, pues ya habían pasado por allí cuatro generaciones familiares, y llegó el momento de reformarla, pues con la crisis había que espabilarse cada día para que el negocio saliera adelante.
                                                       
   
La primera fase consistió en montar de nuevo el lagar, para así pisar la uva y disponer de cosecha propia de mosto, pues esto atraía a una gran cantidad de foráneos entre los meses de Octubre a Febrero, por lo que se habilitó parte de una especie de nave que había en el corralón de la bodega. También hubo que comprar la prensa, la despalilladora y un sinfín de cosas para hacer posible la nueva orientación del negocio, que por cierto fue todo un éxito, pues los mostos de los tres años habían salido magníficos.
                                                     


El lagar solo ocupaba una pequeña parte del espacio, por lo que se pensó con buen criterio, en aprovechar el resto poniendo sillas y mesas, y así posibilitar reuniones y comidas en la bodega.
Para llevar a cabo lo anterior, hubo que vaciar de chismes el espacio, incluso limpiar y derribar un altillo o soberado del que hubo que sacar montañas de cacharros inservibles, pero la gran sorpresa con que se encontraron fue un cadáver totalmente apergaminado y cerúleo, sentado en una mecedora antiquísima.
                                                     


El revuelo en el pueblo fue monumental, pues tuvo que intervenir la policía y por supuesto el juzgado, y es que nadie sabía ni quien era esa mujer, ni que hacía allí o los años que habían pasado desde su muerte, ya que todos los mayores de la familia habían fallecido y eran los únicos que podían esclarecer en algo aquel suceso.
La investigación se centró en preguntar a los más viejos del pueblo, empezando por los parientes más lejanos de la familia, hasta que un anciano del Centro Geriátrico local, que a la edad de noventa y ocho años aún coordinaba, contó la historia de aquella mujer cadáver, ya que Francisco el lejano bisabuelo, era su íntimo amigo y se lo contó cuando sin remedio en el lecho de muerte y aún relativamente joven, sufrió aquel accidente fatal e incomprensible.
Según su relato, esa mujer vino huyendo desde Extremadura durante la Guerra Civil, no se sabe ni de quien ni por qué, lo cierto fue que el bisabuelo del actual dueño la escondió en el soberado del corralón, pues era una prima lejana de la familia de la madre.
                                                     


Contaba Bartolo, que así se llama este anciano que conoció el caso de primera mano, que esta mujer jamás salió de allí ni dio el más mínimo problema, pues salía de noche a comer lo que casi siempre le dejaban o encontraba y a hacer sus necesidades, así que jamás nadie la vio ni nadie sabía de su existencia, con lo difícil que es mantener un secreto en un pueblo y más en un caso de esta índole.
Al final todo se arregló, ya que el propietario del negocio se hizo cargo del entierro de la “tita” que por fin descansa junto a sus lejanos parientes, las obras de la bodega pudieron continuar y a la espera estamos de la ya pronta vendimia.
Lo que ha sido inevitable es que al correr la noticia, la taberna es conocida en todas partes como la “Bodega de la Tita”.



sábado, 15 de junio de 2013

El gorrión engañado

Era una princesita recluida en un torreón del castillo de su padre, que no quería contaminarla con amistades peligrosas, pues quería casarla con el sucesor del reino de su señor, el Rey.
Pero un día, recién iniciada la primavera, las hormonas de esta niña empezaron los estragos propios de la edad madura que estaba alcanzando; empezaron a inflarse sus pezones, un vello púbico empezó a nacer, y su ánimo revuelto requería respuestas, que nadie le daba, pues estaba rodeada sólo de damas que tenían que mantenerla aislada de cualquier información personal y exterior.

                                                   


En uno de esos días de incertidumbres y deseos no comprendidos, llegó a su ventana un gorrión exhausto y herido que ella recogió con sus primorosas manos y empezó a curarlo, pero cual no fue su sorpresa, cuando este se convirtió como por ensalmo, en un agraciado paje.
El Duque dormía, cuando lo despertaron unos gritos de placer provenientes del torreón de la niña.
Al acudir, su hija le explicó todo lo anterior con el terror transfigurando su rostro, pues su padre había desenfundado su espada y estaba dispuesto a matar al galán, cuando este se reafirmó en que era un pájaro cuando se vio transfigurado en humano, y lo demás no sabía por dónde le había venido.
                                                     


Ante las súplicas de su única hija, el buen hombre se pensó que hacer sin dañar su honor y el de su estirpe, por lo que convino que el joven amante de su hija y en el mayor de los secretos, se incorporara al ejercito que formaba para luchar contra los sarracenos.
Y hacia las fronteras partieron para impedir el avance enemigo, tardando en volver al ducado más de cinco años, pero cómo de grande sería su sorpresa, cuando al llegar se encontró el buen chaval, que su princesita ya tenía tres hijos.
                                                     


A los requerimientos de respuestas por parte del doncel, ella con la mayor ingenuidad, le relató que el tiempo que su señor había estado en batallas, habían llegado a su ventana algunos gorriones, tan herido como él llegó, y que al darles cuido se había vuelto a producir el ensalmo, y que sus tres hijos provenían de estos pájaros convertidos en humanos tras sus cuidos.
El señor duque y padre de la princesita, no pudo reprimir una muesca irónica ante esta nueva historia que ya venía de largo, por lo que, como un mal menor para salvaguardar su honor, les dio vivienda en una parte del castillo, no sin antes casarla formalmente con el dulce mancebo, que ya era todo un hombre.
                                                  


En el tiempo que pasó en próximos años, tuvieron dos hijos más, ya sin la duda de a qué “gorrión” pertenecían.
Ni que decir tiene, que cualquier pájaro que pasara por el condado, era abatido inmediatamente, y aunque el sucesor del ducado mataba a todos, su esposa intentaba reanimarlos para ver si el milagro volvía a producirse.

Y fueron felices, puesto que ya ningún “pájaro” foráneo cruzaba sus lindes.

jueves, 6 de junio de 2013

Solo tristeza

Después de tantos gritos, reproches y acusaciones, solo sonó la puerta al cerrarse. Me dejé caer sobre el sillón con la mente en blanco, cómo si no supiera que había pasado un tsunami sobre mi cuerpo y mi mente, aunque aún respiraba.
No. Mi vida no iba ser fácil a partir de ahora pero esto tenía que pasar, se veía venir. Era una tensión acumulada de muchas cosas, algunas muy pequeñas, otras grandes.
                                                    


Antes de la jubilación estábamos separados casi toda la semana, pues su trabajo era viajar por una zona muy amplia y los domingos y algunos sábados era cuando convivíamos, eso sí entre silencios, medias palabras, verdades a medias y monosílabos, muchos si y no, y alguna que otra frase de urbanidad, pues éramos personas educadas.
Ya estábamos los dos solos, en una individualidad cada vez más deseada. Los hijos marcharon y ya únicamente nos reuníamos en Navidad y en algún que otro raro acontecimiento.
                                                   


No necesitaba hacer ningún análisis para saber qué nos había pasado, pues era claro que ya no nos queríamos sino que sólo nos servíamos el uno del otro como la noche se sirve del día, pues si no, no existiría nocturnidad.
Atrás quedaba la lucha por la vida en común, pues nos habíamos casado muy jóvenes y tenido los hijos casi enseguida, con lo que solo pensábamos en ganar un poco más para la guardería, los colegios, la hipoteca del piso, el crédito del coche y un largo etcétera que es en lo que se convertía la vida de las parejas que nos había tocado vivir en ese trocito de la historia.
                                                     


Todo era silencio ahora, solo interrumpido por el ruido del frigorífico o el de algún coche que pasaba raudo por la calle.
No sé el tiempo que me llevé en aquel estado de semiinconsciencia, pero la habitación se iba oscureciendo con la caída de la tarde, de aquella última tarde de convivencia si a eso de los últimos años se le pudiera llamar así.
                                                     


En algún momento me había podido el sopor y desperté al cabo de no sé cuánto tiempo, con el silencio doliéndome en las sienes y la boca seca, pero no me moví de cómo estaba y de donde estaba. Ahora sí quería pensar en mi futuro o si acaso dejarme llevar por la nada o por la indolencia que hasta me parecía deseable en aquella tristeza de situación.
Ya no importaba el tiempo ni si pasaba de la vida, todo daba ya igual.
Sólo me quedaba tristeza.