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viernes, 31 de diciembre de 2010

San Silvestre 2010

Son las últimas horas del año y me voy a desahogar con tan cabrón año 2010. Enfermedades varias de mi familia, la muerte de mi madre, murió mi amigo-hermano Fernando, la hermana del Vita y acaban de operar de un cáncer de ovarios a mi cuñada Ana y para colmo nos han quitado la Caseta de la Feria de Abril. Puta mierda de año. Me cago en su puta madre y en todos sus muertos vivos y por morir.

Y es que a pesar de todo, la crisis económica no significa nada al lado de las desgracias personales, familiares o globales. Si tienes menos dinero te las arreglas como puedes, pero si el problema es una enfermedad ¿Qué pasa?

¿Que coño me importa a mí que la India, China, Brasil o Corea sean potencias emergentes, nucleares, y que su PIB esté aumentando al tropecientos por ciento, si en esos mismos países se muere la gente de hambre? ¿De qué coño estamos hablando? ¿De qué un pueblo se levanta o de que cuatro jerarcas se convierten en multimillonarios?

                                                                          
Estamos ante la última etapa de la debacle, de la desilusión colectiva, de que nos importe todo un carajo. Te pones la manta sobre la cabeza y que se acabe el mundo. Todo a la mierda. Bueno y ¿luego qué?

Si estoy muerto no me entero, si estoy vivo y no me despierto es que estoy dormido u inconsciente, y si no me quiero enterar ¿Pues qué pasa? Que os den.

Mierda de gente que se cree alguien por comprar cigalas o angulas para “fin de año” y luego les da asco darle una limosna al pobre porque tiene la mano sucia.

En los últimos cuarenta años no he tomado uvas, ni cava, ni nada que se le parezca en la cena de fin de año. No tengo nada contra los vinicultores, es que no me sale de… hacer lo que me dice nadie. Es mi forma de rebeldía.

Me cago en todos los “ZPs” y en todos los Rajois y compañía, cabrones políticos que solo miran a lo suyo. Yo os maldigo, guarros.

Con todo esto habréis comprendido que me jode tremendamente el “fin de año”. Pues sí.

No nos sirve de nada besar a la familia, ni a los amigos cuando dan las doce campanadas. Prefiero tener una buena relación con todos el resto del año, acudir al amigo que me pide ayuda o al sin techo que aunque no me cuente su problema, se que lo está pasando mal. A lo mejor mañana me tienen que socorrer a mí.

Y si no soy capaz de hacer nada de esto, me meto en mi casa y me imagino que estoy en los mundos de Yupi.

No sé qué me pasa, pero estoy acabando el año con ira, asco y con aborrecimiento, pero es que no lo puedo impedir.

Me da igual que entre el próximo año, es inevitable.

Por favor, no como este. Ayudémosle.



jueves, 23 de diciembre de 2010

Conquista

Si tú fueras la lluvia, la mar o el viento,

O mi arrogancia y mi verbo.

Si fueras algo de mí, mis manos o mi cuerpo,

¿Seríamos algo parecido a un engendro?

Siempre el mar, siempre el viento.

Siempre el bosque de tus sentimientos, (sueños)

Buscarte fuera del lugar,

Fuera de cualquier contexto, o de cualquier tiempo.

No sé si te fuiste de allí

Y así impedir nuestro encuentro.

Algo tuvo que haber

Cuando el abrazo llorabas

Y en mis hombros mojabas el chaleco.

No me respondiste mal,

Ni rechazaste mis besos.

Fui atrevido lo sé.

Gracias a eso te tengo.
 

lunes, 20 de diciembre de 2010

Los Reyes Magos del recuerdo

Para los niños era el día más esperado del año, el día de Reyes. Antes creíamos en los Reyes, no éramos tan republicanos. Entonces no se celebraba Papá Noel el 25 de Diciembre, bendito sea Dios, sino que sólo había regalos el 5 de Enero por la noche, que era cuando los niños creíamos que los Reyes entraban a las casas con los enormes sacos de juguetes y se los dejaban a cada niño en función de lo buenos que hubieran sido en el año. Algunas veces nos dejaban también a los malos y rebeldes. También había costumbre de dejar los zapatos en el balcón para que los llenaran de caramelos. Los pobres les metían cartones dentro para que los caramelos no se cayeran por los agujeros de las suelas, aunque pocas veces había allí caramelos. "Cuando veas a un pobre comerse un pastel, uno de los dos está malo".

                                                                               
Todo empezaba al principio de las Navidades con la Carta a los Reyes, donde se les explicaba a sus majestades cómo habíamos sido durante el año y todas las cosas que queríamos que nos trajeran. Dichas cartas, eran echadas al correo o entregadas en mano en algunos de los muchos sitios en que se ponían sus enviados. Las mías casi siempre se perdían antes de llegar a su destinatario.

Así era corriente ver, a la entrada de jugueterías o en algún Portal de Belén, a un Rey determinado que te sentaba en sus rodillas y tú le dabas la carta y le anticipabas algunas cosas. El te daba caramelos y si querías te podías hacer una foto con él. Por supuesto del fotógrafo profesional que allí había.

Ese mismo día cinco, salían Cabalgatas de Reyes en casi todas las ciudades de España y en algunos pueblos. Los niños iban con sus padres a verlas y a poder coger algunos caramelos de los que tiraban desde las carrozas. Yo me quedaba en el negocio familiar que vendía precisamente eso, caramelos.

                                                                             
En algunas familias era tradición comprar ese día el Rosco de Reyes y que era de masa, o sea que entonces no se rellenaba de ninguna cosa, solo llevaba un regalo en el interior y daba suerte al que le caía en el trozo.

Ni que decir tiene que ese día los niños nos acostábamos temprano, pues sus majestades podían llegar en cualquier momento. Era en ese momento cuando los padres, entre copitas de anís y mantecados iban colocando los juguetes a los pies de la cama de cada niño, o en el salón de la casa con carteles para que cada uno supiera que era lo suyo. Yo siempre lo mío, lo distinguía de lejos.

Siempre nos dormíamos con la duda si ese año nos traerían carbón, que era lo que le dejaban a los que se habían comportado mal.

Ya os podéis imaginar cómo eran los amaneceres del día 6. Cuando ya se veía claro nos levantábamos a ver qué nos habían traído. Normalmente todas las caras eran de felicidad, porque ¿Quién no ha disfrutado haciendo feliz a un niño? Y sobre todo ¿Quién no ha sido niño?


lunes, 13 de diciembre de 2010

Las Navidades de antes

Recuerdo las Navidades de mi niñez, como algo que poco tiene que ver con las actuales, quizás fuera el ambiente de compras, pues no había ni muchas cosas, ni mucho dinero, la televisión machacaba menos con perfumes y colonias, pues casi nadie teníamos tele, era todo como más sencillo.

En primer lugar se empezaba el arreglo de las calles, se montaban los belenes (Aún no había llegado el consabido “árbol”), siempre después de la Fiesta de la Purísima, esto es sobre el 10 de Diciembre.
                                           
                                                                            
Las únicas calles que iluminaba el Ayuntamiento eran las del centro, pues es donde se concentraban la mayoría del comercio y por supuesto bastante más pobretonas que ahora, que a pesar de la crisis, montan los alumbrados artistas ilustres y en su mayoría extranjeros.

Proliferaban los Coros de Campanilleros, que iban de casa en casa y por las plazas de ciudades y pueblos, cantando villancicos de “toda la vida”, y por supuesto ninguno en inglés. Se hacían concursos callejeros y radiofónicos de estas agrupaciones que formaban vecinos, hermandades, gremios y colegios.

                                         
                                                                              
La cena de la Noche Buena, el 24 era eminentemente familiar. Los novios y las novias cenaban cada uno en su casa y lo más que se hacía esa noche, era ir a la Iglesia cercana, a las doce de la noche para celebrar el nacimiento del Niño Dios, la consabida Misa del Gallo.

La cena era la mejor del año. En mi casa que no éramos ni pobres ni ricos sino todo lo contrario, mi madre ponía unos entremeses, entre los cuales el jamón, que era el único día que se veía en nuestra mesa. De primer plato hacía una exquisita sopa de mariscos con pescadilla y chirlas y de segundo el pollo de pueblo que nos mandaban cada Navidad para la ocasión. Todo se acompañaba de vino de Jerez para los mayores y refrescos para los niños. Luego venían los mantecados, polvorones, alfajores, roscos de vino y turrón del duro y del blando. Aún no habían llegado los “Ferrán Adriá” de las Grandes Superficies a vendernos treinta o cuarenta sabores diferentes. Se solía rematar con una copita de anís o de coñac.

Ya el día 25 era más de compartir con la familia política y los amigos, donde se remataban los restos de la noche anterior. Normalmente con los del pollo de la víspera y un buen refrito, se hacían magníficos arroces o se hacía un buen guiso de patatas “laureadas”.

Luego venía el Fin de Año, que ya era una fiesta más de calle, sobre todo para los jóvenes. Después de cenar con sus padres, se ponían sus mejores galas para acudir con amigos, amigas, novios y novias, a fiestas que organizaban en alguna azotea o en algún local alquilado, adornándose todo con bombillas de colores y banderolas. El equipo de música era el antiguo “pickup” o giradiscos, con los éxitos del momento en vinilo, los cuales se rayaban con mucha facilidad, porque los ponía el feo de la reunión. De beber, refrescos, anís del Mono o coñac Fundador y para picar, mantecados que cada uno traía de su casa.

                                                                                  
Normalmente era en estas fiestas donde se conocían las parejas que después de un largo noviazgo llegarían al altar. Eran muy raros los matrimonios civiles.

¿Era aquello mejor o peor que lo actual? Yo reservo mi opinión, pero recuerdo con mucho cariño aquellas Navidades de antes.

En mi próximo relato, hablaré de “Los Reyes de antes”.



miércoles, 8 de diciembre de 2010

Renacimiento de la vid en Villanueva del Ariscal



Ya he comentado en otras ocasiones, como esta bendita tierra de Villanueva va renaciendo en una de sus más ancestrales labores del campo: El cultivo de la vid.

En unos casos por economía, ya que actualmente se vende el litro de mosto a 2,50 €, a lo que no se vende ni el vino fino, ni la solera, ni el Pedro Ximénez.

En otros casos constituye afición en personas jóvenes y no tan jóvenes, que de un trozo de campo con vides o comprando la uva requerida, la pisan y llenan 300 o 400 botellas para su familia y amigos.


 
Días atrás me invitó mi amigo Manolo Silva o como se le conoce, Manolo el del “Leo”, a llenar unas botellas del mosto que había pisado para su consumo. Ni que decir tiene que fui a su casa y en la bodeguita llenamos alrededor de 300 botellas de un magnífico caldo que había fermentado en grandes recipientes de acero inoxidable. Hay quien prefiere los barriles de madera, pero esto tiene el inconveniente de que el vino se estropea con cualquier pequeño defecto en el tonel o en cualquier bacteria que haya quedado a pesar de su limpieza anterior.

                                                                           

Catamos el magnífico mosto acompañado del tradicional tostón con huevos y unas magníficas caballas a la brasa de la chimenea que nos calentaba.

Unos días después, y aprovechando que venían unos amigos de Marchena con mi sobrino Eduardo, organizamos un arroz con perdices y una cata ciega de mostos del Aljarafe en la taberna de mi amigo “El Coco”. Degustamos mostos de Espartinas, Umbrete, Provincia de Huelva y por supuesto el del terreno nuestro.

En total fueron siete mostos y una vez puntuados todos, el que más gustó fue el de Manolo el del “Leo”.

Y como postre nos invitó a una copita de una “mistela” de cosecha propia. También ha hecho este año cava y cerveza, ayudado de su compadre que es el químico que lo orienta.

                                                                              

Por cierto que mi amigo “Coco” lleva viento en popa la preparación de sus tierras que en poco tiempo plantará de cepas escogidas de la variedad de uva “garriga”.
 Esperemos poder probar en dos años el resultado de tanto trabajo y tanto desvelo.

Os recomiendo que aprovechéis estas Navidades y vengáis a ver “La ruta del Belén” y a degustar nuestros caldos recorriendo nuestro pueblo. Os encantará.