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viernes, 13 de mayo de 2011

Imágenes

Toda mi vida he sentido una tremenda afición por la fotografía. Cualquiera que me conozca sabe, que siempre que acudo a una reunión familiar o a algún evento, voy pertrechado con mi cámara, por eso cuando alguien necesita fotos de personas o de algo, me preguntan si tengo de tal o cual encuentro.

Pero lo que verdaderamente me atrae es contemplarlas, sobre todo esas fotos antiguas en sepia o en blanco y negro, casi siempre deterioradas, de familiares o de amigos de parientes ya desaparecidos.

Me pregunto qué estaría pensando esa persona en ese momento en que el fotógrafo disparó, que problemas le angustiaban o que alegrías le embargaban su alma.

                                                                               
Si se imaginaría que en la posteridad iba a posar en un marco, en un álbum o simplemente se perdería en un cajón que ya nadie abre, o lo que sería más triste aún, en el contenedor de papel para reciclado.

Hace algunos años coincidiendo con el día de Reyes, me regalaron un montón de fotos de abuelos, tíos, padres y hermanos de mi tronco familiar. Las puse en un libro junto con otro sinfín de imágenes que yo había ido rescatando y coleccionando a lo largo de mi vida.

Es una manía personal, pero cuando contemplo alguna instantánea donde estoy reflejado, me acuerdo perfectamente en lo que estaba pensando en ese momento. Diréis que es una costumbre un poco rara, pero imaginad que cuando cogiéramos una de estas copias, nos pudieran hablar los personajes que aparecen en ellas, o por lo menos que nos comentaran algo de su vida y su relación con las personas queridas con quienes vivieron, sufriendo y amando, y también, por qué no, riendo.

                                                                                
Sería un poco como los personajes de los cuadros que cuelgan de las paredes del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería que aparecen en los libros de Harry Potter, que se mueven y hablan como si estuvieran vivos.

Diréis que para eso tenemos el video y el cine, pero para mí, no es lo mismo.

En la mayoría de las casas de la gente de mi pueblo, es normal ver colgados en las paredes las fotografías de las bodas, primeras comuniones y recién nacidos de la familia, en grandes formatos, que aunque a alguien le pueda parecer hortera, es una forma de tener a los seres queridos siempre a la vista y por tanto en el pensamiento.

Cuando hojeo los enormes álbumes de fotos que tengo y veo a través de las imágenes como han ido creciendo los niños o como hemos envejecido los mayores, no dejo de pensar en donde acabaran tantas personas y tantos buenos ratos atrapados por la cámara.

                                                                                    
La realidad es que me gustaría que en el futuro, cuando alguien contemple una imagen mía y no me reconozca o no me estime, en vez de romperme y tirarme a la papelera, que me dignifique quemándome, así me quedaré más tranquilo si es que lo veo desde algún sitio, aunque este sea el infierno del Dante.

Bueno, también una forma de recordarme sería releer las tonterías que escribo, pero eso ya es otra perdida historia de la que no quiero hablar hoy.

Por favor, si tenéis fotos de eventos, seres o cosas que ya no os importa, hacédmela llegar. Tendrán una segunda oportunidad.

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