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jueves, 5 de mayo de 2011

La mala educación

Si hay algo que nunca he podido soportar es la mala educación y el gamberrismo. Esto viene al caso, porque últimamente observo, sobre todo en los jóvenes, una total falta de civismo en algunos comportamientos.

Desde el pueblo donde vivo suelo trasladarme a Sevilla en autobús. A pesar de los carteles prohibiéndolo, es normal ver a un chico o chica con los pies encima del asiento de enfrente, que aunque el autobús esté lleno, no quitan hasta que alguien que se quiere sentar les dice algo, no sin antes dirigirle al interfecto una mirada llena de chulería y desprecio.

También es normal que estos jóvenes, cuando van en manadas, no respeten la cola ante la parada del bus y se cuelen en tropel como si de una gracia se tratara. Con anterioridad, los ves sentados en el respaldo de los bancos y con las extremidades inferiores en el asiento.

                                                                               
Así mismo su forma de hablar a gritos, casi siempre empleando una jerga soez y utilizando insultos que nunca he oído en mi vida, deja mucho que desear. Es curioso, pero si estos mismos chavales van solos, su comportamiento suele ser diferente.

En mi juventud estos comportamientos eran impensables, pues si cualquier persona adulta, no tenía que ser necesariamente un guardia, te llamaba al orden obedecías humildemente.

Otro tema diferente pero con la misma raíz, es ver como cuando hay acontecimientos multitudinarios, ya sea la celebración de un éxito deportivo o una manifestación reivindicativa, estos suelen acabar en un destrozo sistemático de todo el mobiliario urbano. Amén de arrasar cuantos cajeros automáticos, escaparates bancarios y comerciales que estas masas histéricas encuentran a su paso.

Otra forma de gamberrismo, que algunos quieren ver como arte, son los “grafitis”.
Por qué tengo que aguantarme con mi fachada, el cierre de mi tienda o el capó de micoche con estas pintadas hechas en su mayoría por descerebrados gamberros.
¿Cuanto nos cuesta esta imbecilidad?

¿Los anti sistemas? ¿Los gamberros de toda la vida que ahora llaman “frustrados”? ¿Es eso una forma reivindicativa?

A esta gentuza que incluso se enfrenta a la policía no sin antes taparse la cara, habría que hacerles pagar los desmanes que cometen, y si no tienen dinero para responder de ellos, que trabajen para la comunidad y que vean que estos destrozos no les salen gratis.

                                                                                                                                                           
Me pregunto qué pasaría, si a ese salvaje que hace esas tropelías le incendiaran su casa, su moto, su coche o su local de trabajo, ¿Cómo reaccionaría? ¿Qué haría?

No veo difícil comprender que lo que no quiero para mí no lo debo querer para los demás. Mi libertad acaba donde empieza la de mi vecino.

También es verdad, que las autoridades competentes cuando ven estas cosas, si no hay delito miran para otro lado.

Por desgracia, la mala educación, la ordinariez y el salvajismo no las contempla el código penal.



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