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domingo, 15 de noviembre de 2015

La conquista

Nuevamente estaba en un sitio no deseado, pero al que había sido arrastrada, como siempre, por Luci y Carmen, sus amigas de toda la vida que sabían, por otra parte, que si no la secuestraban sacándola de su casa, se quedaba sin salir todo el fin de semana.
                                                                     


Elisa  sabía que no era rara, sino diferente, ya que a pesar de ser una mujer alta, rubia, ojos azules y con un tipazo, estos ambientes ya hacía tiempo que no le aportaban nada; no buscaba novio ni aventuras sexuales de un día, pues hasta ahora, siempre se la intentaban ligar tipos engreídos, ególatras,  que sólo tenían como conversación su yo, su coche, su trabajo de fábula, sus pretensiosos viajes y otro montón de necedades que no solo no la encandilaban, sino de las que se reía en la cara de cualquier personajillo de este pelaje de pavo real alfa.
Inmersa en sus pensamientos, ni se dio cuenta que a su lado en la barra del local, se acodaba un gordísimo sujeto que conocía de haberlo visto por la facultad. Se llamaba Emilio.
                                                                     


Él también se sentía desubicado allí, y aunque tenía muchos amigos que le llamaban el “gordito pachón” desde el colegio, nunca ligaba por ese aspecto de antihéroe que tenía y que no le acomplejaba en absoluto.
Resultó que a ella se le cayó el bolsito que llevaba al suelo, y al agacharse a recogerlo se pegó un cabezazo con nuestro hombre que caballerosamente también había querido agacharse, por lo que al levantarse ambos un poco aturdidos por el tropiezo indeseado, se quedaron mirándose ambos sin saberse que decir, hasta que Emilio farfulló:
                                                                    


“Menos mal que por fin hoy he tenido un buen tropiezo, porque llevo un tiempo que sólo me pego con la lámpara de mi dormitorio.”
Esto a ella le hizo gracia, por lo que nuestro hombre siguió con las bromas para hacerla reír, pues tenía una sonrisa…
“La última vez que ligué fue en primero de infantil, y fue porque otra niña me quito el bocata, y yo para defender mi pitanza le propiné un bocado, y empezó a llorar con tal desconsuelo que le tuve que dar el pan y yo me comí lo de dentro. Ya fuimos novios el resto del curso”
                                                                   


Nuestra dama continuaba riéndose con estas tonterías, por lo que sus amigas se daban codazos asombradas mirándola desde la pista de baile.
Al fin él se decidió y le pidió a Elisa:
“Porfa, baila conmigo que hoy soy el Rey Sol alucinando a la panda de amiguetes que nunca me habían visto hablar con una chica tanto tiempo, y si para colmo ya bailo…”
Y sin parar ambos de reírse se fueron a bailar, triunfando tanto, que todos les hicieron el corro para verlos, aunque tuvieron que aguantar bailar la música que algún guasón les puso: “La bella y la bestia”.
                                                                       


Bueno, pues aquello tuvo sus consecuencias, ya que al acabar la carrera y ambos triunfar también  encontrando trabajo, se casaron, y hoy tienen dos preciosas y gorditas niñas que hace que sean una risueña pareja feliz y envidiada.
¡Qué cosas!
                                                                     



En Madrid, a 15 de noviembre del 2015

                                                                                    

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