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miércoles, 6 de julio de 2016

Corruptos de manual

Era un mando intermedio de una empresa de suministros hospitalarios en la que llevaba muchos años, pero que desde que entró en la dirección un auténtico “trepa” con el que había tenido algunas opiniones contrarias en cómo hacer las cosas, estaba sin saberlo ni imaginarlo en la cuerda floja, pues estaban esperando el más mínimo fallo para justificar su despido.
                                                                     


Un día de finales del verano recién incorporado de las vacaciones, fue llamado por Personal a la sede central, donde de sopetón y por sorpresa, fue puesto en la calle, aunque eso sí, con todos los informes favorables y una indemnización suficiente.
No supo reaccionar de momento, pues era una persona honrada y trabajadora, y ahora a sus cuarenta y tantos años, a ver quién le daba un puesto de trabajo.
                                                                          


Decidió después de consultar a un abogado, que pondría toda la carne en el asador en su beneficio, pues tenía que sacarle a esos ingratos lo más posible.
En aquellos tiempos, había una costumbre en la mecánica de ventas de casi todas las empresas del ramo, y es que a todos los productos que se vendían en los diferentes hospitales, se les añadía un determinado porcentaje para así pagar, con cenas, congresos, reuniones, regalos de lujo y todo lo que se les ocurriera, al personal que movía el consumo, por lo que decidió atacar por ahí.
                                                                      


Como sabía de lo peligroso de la maniobra tomó precauciones; las  cartas que hizo dirigidas a los periódicos más importantes y a todos los gerentes hospitalarios comunicándoles las abusivas prácticas que se hacían para conseguir beneplácitos, las hizo por triplicado, depositándolas en personas distintas con orden de enviarlas si a él le pasaba algo o no se llegaba a ningún acuerdo satisfactorio con la empresa, y la documentación probatoria, en cajas lacradas depositadas ante un notario y en un bufete de abogados.
                                                                      


Ya así las cosas, su abogado entabló unas conversaciones con la empresa que fueron harto difíciles y que duraron bastante tiempo, pero al final se llegó a un acuerdo, por lo que el material probatorio de las corruptelas no llegó a sus destinatarios.
                                                                        


La próxima semana, saldrá un libro donde se explican con pelos y señales las prácticas de las empresas y laboratorios farmacéuticos en aquella segunda parte del siglo pasado. Asumamos que la corrupción lleva muchos años instalada entre nosotros, de tal forma que es un gen de nacimiento en cualquier españolito.
Todos tenemos un precio, y el que no roba es porque no puede.

Esta es la triste y dura realidad. 

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