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lunes, 24 de octubre de 2011

HALLOWEEN (2ª Parte)


(Continuación)


Marché a casa muy pensativa dándole vueltas a todo esto, de forma que al llegar abrí el ordenador y me metí en Internet para ver los accidentes ocurridos el día del Pilar, y efectivamente allí estaba:
(Y me dio un recorte de prensa  con la noticia)


                                                                                 
EL PAIS/Sevilla. Día 12/10/2010
Un joven de 19 años ha fallecido  este martes tras sufrir un accidente de tráfico en la carretera A8077, entre las localidades sevillanas de Olivares y Sanlúcar la Mayor, término municipal este último en el que se ha producido el siniestro. Así lo han confirmado a través de sendos comunicados la Empresa Pública de Emergencias Sanitarias (EPES-061) y el Centro de Gestión de Tráfico de Sevilla. De esta manera, según el 061, tuvieron noticia del accidente a través de una llamada telefónica recibida a las 18,36 horas de este martes, momento tras el cual se envió al lugar el helicóptero sanitario del 061, una UVI móvil, y el equipo médico de urgencias de Sanlúcar la Mayor.
Dicho equipo asistió  a un varón de 19 años identificado como R.M.Y., que falleció en el lugar del accidente. Por su parte, el Centro de Gestión de Tráfico de Sevilla ha precisado que el accidente, que describen como una salida de vía por la derecha, se ha producido en el kilómetro 14 de la A-8077. Por último, fuentes del servicio unificado de Emergencias 112 Andalucía consultadas por Europa Press han confirmado que a las 18,40 horas de este domingo han recibido una llamada telefónica que alertaba de un accidente de moto en la mencionada carretera sevillana, si bien aún no tenían constancia de las consecuencias del mismo.

Bea me observaba mientras yo leía, la miré cuando acabé pero no me decía nada.
-Sigue, le dije.
-Bueno pues ya está. Sólo que estoy obsesionada con esto, pues a pesar de todo estoy  segura que era él.
-Pero es imposible, ya sabes que murió. Seguro que estando entre tanto jaleo y con copas, te equivocaste o alguien te quiso gastar una broma macabra.
-Bueno, mira, le dije. Te vas a venir nuevamente el lunes que viene y mientras tanto quiero que salgas y te distraigas.
Te voy a recetar una medicación suave para ayudar a tranquilizarte y que puedas dormir.


                                                                             
Después de marcharse, me quedé un rato pensativo, asimilando todo aquello; recogí la grabadora y fui a buscar a mi maestro.
El sabía toda la historia, así que le comenté el tratamiento y que seguiría viéndola hasta que superara aquello.
Ya en casa volví a escuchar todo lo que había  dicho la chica. Algo no me cuadraba, pues la veía muy segura de lo que había visto. Pero por otra parte, las historias de zombis, fantasmas y demás temas sobrenaturales y fantasiosos no iban conmigo.
Aquella misma tarde llamé a un amigo forense que trabajaba en el Departamento Anatómico. Le hablé del accidente y me dijo que se enteraría quién  había hecho la autopsia del fallecido, ya que él no tenía ni idea.
Me llamó al día siguiente, confirmándome que el joven había muerto en el acto al salir despedido de la moto y estrellarse contra un poste de electricidad.
Le di las gracias y llamé al cementerio para ver si me podían dar razón sobre donde estaba enterrado Ramón. Esa información no me la daban por teléfono, tenía que ir, así que al día siguiente pedí permiso por dos horas y me fui al camposanto.
Una vez que me dieron la dirección de la tumba, fui caminando hacia donde me habían dicho, “San Remigio 137”.
En una gran fila de nichos  de pared estaba la lápida, solo con su nombre y la fecha de nacimiento y del fallecimiento: “Ramón Márquez Yélamo, 1991-2010”, pero al observarla detenidamente vi que estaba rota por la mitad y sin cemento, solo apoyada en el hueco.


                                                                                
Miré hacia todos lados constatando que no había nadie a la vista, tomé una escalera de mano que había por allí, quité uno de los trozos de mármol y miré dentro. Había una caja mortuoria rota, pues se veían las lascas de madera.
Me puse unos guantes que siempre llevo por si acaso, moví la otra parte de la lápida y vi solo restos de madera rotos y un zapato.
Volví a poner la lápida como estaba, me quité los guantes y me senté en uno de los peldaños bajos de la escalera, pues me caía de la impresión recibida. ¿Qué había pasado con el cadáver?
(Continuará)

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