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miércoles, 4 de enero de 2012

Eventos Navideños


Todo empezó como siempre, con una reunión de los padres y madres para organizar las sucesivas comidas de las fiestas, así que con unas cervecitas por delante y unos pavías de bacalao empezamos, bueno empezaron ellas, a dar ideas para organizar las comidas y cenas de los días de Navidad, para entre veinticinco y sesenta bocas, ya que nunca se sabe quien vendrá y quien no, a eso los tenemos mal acostumbrados.
El cordero se encargó en Guadalcanal, así que hubo que ir a recogerlo días antes y congelarlo, con lo cual hicimos una nueva comida en el camino, el jamón se lo compré al “Coco” y las aceitunas gordales también de mi amigo José, en Villanueva.
El centro de las reuniones, como siempre, fue la casa de mi cuñado el “Triste”, en Valencina de la Concepción.                                                


                                                                              
                                                 Mi nieta Olivia organizando el Portal    


En Nochebuena fuimos en total solo veinticinco, ya que algunos cenaron con los padres de sus parejas y otros estaban trabajando. Cenamos el cordero en pinchitos y chuletillas en barbacoa, acompañadas con chistorra de Pamplona, un riquísimo caldito, morcilla serrana, cerca de un centenar de ensaladas varias, langostinos, canapés, jamón, queso y demás,  y un montón de dulces de Navidad.


                                              Cena de Nochebuena en amor y compaña


El día siguiente en el  almuerzo, se reunieron en Valencina alrededor de cuarenta, sin nosotros que como era tradición cuando vivía mi madre, nos reunimos con mi rama familiar en el restaurante que acaban de abrir mis sobrinos Fran y Manu, “La Aldaba”, donde nos sirvieron un menú fantástico que se prolongó hasta más allá de las siete de la tarde, y aunque hubo ausencias notorias, fuimos veinticinco.


                                                   Almuerzo día 25 en "La aldaba" 


El día de fin de año, como no teníamos claro quién vendría, quedamos que cada uno aportara algún plato y acabáramos con algunas cosas que sobraron el día 25.


                                                        ¡Qué bien empezamos Fin de Año!


                                                               Los niños de la casa


Aquí ya no puedo decir todo lo que comimos, tal fue la cantidad y variedad. Fuimos alrededor de cuarenta, y como es tradicional y a petición del pesado de mi sobrino Pablo Blázquez, hicimos el “amigo invisible”, que nos deparó algunas sorpresas con relación a años anteriores, ya que a mi yerno Santi no le regalaron ningún torito, a Jorge Blázquez  no le compraron ningún despertador con el escudo del Sevilla F.C., pero si como en los últimos veinte años, al Lolo le endosaron una magnífica peluca.


                                                       La Chelo y Pablo repartiendo regalos  


Todo muy bien, aunque el televisor no tenía voz, y nos comimos las uvas en su momento porque salían los números de las horas sobreimpresionados en la pantalla. Y luego ya sabéis, besos, abrazos y algunos, copas hasta altas horas de la madrugada.
                                                                 El Lolo "espelucado"   




                                                             Yo también me disfracé


                                                               Julio se cuidó su calva   




                                                                 El Carmona de "bella"    
El día primero del año nuevamente nos reunimos para comernos lo que sobró, más lo que llevaron, más una magnífica “fideguá” con su “allí-oli” que nos preparó Carlos Gómez y su novia Vero. Este día fuimos a comer por lo menos sesenta y cinco, o más.


                                   La barbacoa con El triste, Julio y el Carmona       


                                                         Lleno total el 1º de año    


Pero las reuniones familiares no acaban aquí, ya que el dos de Enero nos reunimos para celebrar los ochenta años de mi hermano Eduardo. Todo magnífico, Enrique y Piluca hicieron un exquisito guiso de garbanzos con langostinos, además de un montón de platos en los que colaboraron todos los hijos y sus parejas. Magníficas las tres tartas de cumpleaños, buenísimas, pero para mí la mejor la de mi cuñada Gary, con galletas y chocolate. Los más viejos se pusieron de comer como nunca, aunque ya teníamos localizada la ambulancia para que en el hospital les curaran las congestiones. Gracias a Dios no hizo falta.
                                                       Ochenta años de Eduardo
Y después de todo esto todavía nos queda reunirnos el día de Reyes en casa de mi cuñado Carmona, como también viene siendo tradición.
Ahora después de todos estos días, tendremos que empezar a reconducir nuestra dieta, ya que todos tenemos cosas propias del “carnet de identidad”, como dice mi médico.
Un año más hemos disfrutado de la familia, que al final y al principio es lo que vale y lo que nos queda.

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