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miércoles, 7 de noviembre de 2012

Aquellas risas


Me encanta ver los videos donde los chavales se dan sus bromas, pero ahora igual que antes, si de la broma no se enteran todos y se hace historia en forma de comentarios, no es considerada como tal. Ahora los chavales tienen sus móviles con cámara digital, con lo cual las imágenes en tiempo real,  llegan en unos minutos al último rincón de la tierra, por lo que las canalladas de mis tiempos eran diferentes.
Hay una, que recuerda la familia perfectamente.

                                                                
Estábamos pasando el mes de Julio como cada año en la casa solariega de mi hermano Eduardo y  Margarita, junto con todos sus hijos más la novia de alguno y nosotros tres, cuando no se le ocurre otra cosa a mi sobrina Mª Estrella, que ante una enorme discusión con Eduardito que la estaba cabreando sobre manera,  volcarle por la cabeza los huevos para tortilla que estaba cocinando mi mujer. La niña salió corriendo a esconderse, ante el cachondeo generalizado de las mujeres, por lo cual empezamos los varones, que nos posicionamos con el niño, a tirarles todo lo que había en la nevera.
Todo volaba: Tomates, yogures, frutas, etc., con lo que se parapetaron las féminas en el cuarto de baño. Mi hermano se encerró en su dormitorio para inhibirse del conflicto que se avecinaba.
Las atacamos psicológicamente cortándole la luz, dos se quedaron pertrechados de todo a la espera de que salieran, y los demás nos fuimos a nuestro escondite secreto, donde teníamos gran cantidad de petardos, cohetes, y alguna que otra bombita fétida.

                                                               
Empezamos, todavía a oscuras, metiéndoles por el respiradero del wáter y por debajo de la puertra los cohetes y alguna bombita, con lo que de cierta forma la obligamos a plantearse la escapatoria de semejante ratonera. Nosotros estábamos preparados para esta contingencia, con lo que cuando mi mujer, muy despacio abrió dos dedos la puerta, le entraron por el escote dos tomates y en la cara medio cubito de agua.
A la vez habían traspasado la puerta varios petardos y un cohete, que aún hoy se puede ver donde explotó. Dentro de la guerra psicológica de manual, amenazamos a la Fernández con explotarles los petardos dentro del mejor jarrón chino que tenía, herencia de doña Filomena, abuela materna de la cabecilla de la rebelión.
A todo esto mi hermano se había levantado dando gritos, pues nos mostró como un pico de su colcha ardía, pero no la apagaba para enseñarla como prueba, con lo cual el servicio de bomberos, esta vez con manga y casco, intervino apagando el desaguisado, encendió la luz y pidió la paz a los contendientes, que con un cachondeo increíble, asistíamos a la bronca de mi hermano, el cual muy digno, se volvió a recluir en su dormitorio.
Ya podéis imaginaros como habíamos dejado toda la casa y el cuidado césped de mi cabreadísimo hermano.

                                                                  
Entre risas y contarnos mutuamente lo que no habíamos visto, limpiamos toda la casa, pero ahora venía lo peor; Teníamos necesariamente que ducharnos, eran las tres de la mañana, y es que el agua que había en el chalet era de un pozo cercano que llenaba un depósito y de ahí al calentador.
Nosotros los hombres valientes del Santo Ángel de la Guarda, nos duchamos con agua fría de la piscina y nos bañamos ante la bronca del dueño de la casa, que amenazaba con no se qué cosa de la posible avería de la depuradora.
Pero la mala suerte quiso, que mi queridísima cuñada se quedara sin agua enjuagándose el cabello, con lo que sin pensármelo dos veces corrí en su ayuda, cogí la manguera de la piscina, le di presión y se la metí por los barrotes de la ventana del cuarto de baño, llamado a partir de entonces “el del lago Tiberiades”.
Que buenos días pasábamos juntos, siempre de risas, de bromas “inocentes”, y con mi hermano en continuo enfado de trapense.
Ah, se me olvidaba contar que a la mañana siguiente de aquel día mi hermano me echó de su casa, con lo que hubo que delimitar la parte de mí cuñada Margarita e irnos “desconsolados” a su mitad.

                                               Yo afeité la 1ª vez a Elias

Bueno, tampoco quiero que penséis que mi hermano era un ogro, pues siempre se arreglaban las cosas en el bar “Pitraco” frente a unas copas de manzanilla de Sanlucar y unos platos de Jamón Ibérico, un buen queso y unas gambas de escándalo. Eso sí. Casi siempre tenía que pagar yo para penitencia de mis pecados y arrepentimiento del mal ejemplo que daba a los niños.
Después de tantos años aún lo contamos entre risas y ante  gente asombrada por nuestra capacidad de diversión. 

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