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martes, 3 de junio de 2014

Renuncio, pero...

A sus setenta y nueve años y después de treinta y nueve dirigiendo la Empresa, estaba cansado y decidió retirarse, pero con una exigencia: Quería que lo sucediera en el puesto su hijo que estaba muy preparado para esa responsabilidad, ya que había pasado por todos los departamentos de abajo-arriba, aparte de tener las carreras de Económicas y Empresariales, Derecho, dominar perfectamente varios idiomas y el CFA hecho en USA.
Ya lo tenía hablado con los dos principales accionistas del Concejo de Administración y estaban de acuerdo, y tenían poder para hacerlo, aunque los accionistas minoritarios, el Comité de Empresa y los trabajadores en general, prefirieran que se hiciera una selección entre todo el que quisiera presentarse y estuviese preparado para cubrir dicho puesto.
                                                                             


Juan, que se así se llamaba nuestro hombre dimisionario, había entrado en la Empresa propiciado por el “dedo” del anterior Director Gerente, que fue el primero que llevó su puesto, por cierto, de forma dictatorialmente abusiva durante los cuarenta años que duró en el cargo, interrumpido sólo por su muerte.
Nuestro nuevo director cambió totalmente de talante, permitió que hubiese representantes sindicales entre los trabajadores, y lo cierto es que aunque entró como entró, había sido todo un acierto, pues las ventas habían aumentado exponencialmente, los obreros en su mayoría estaban contentos, y el Concejo de Administración lo alababa a todas horas, aunque lo controlaba en todas las acciones que se llevaban a cabo.
                                                                           


Llegó el día en que todo el Concejo se reunió para hablar y votar a un nuevo Director Gerente, y el hijo de Juan, Felipe, salió elegido con los votos de los mayores accionista que poseían el 75% de la Compañía.
Ante el nombramiento de Felipe como nuevo director, hubo bastante contestación por parte de los trabajadores, que aunque consideraban a éste suficientemente preparado y con credibilidad, veían por otro lado como no tenían ningún poder para influir en la elección de sus dirigentes, que les venían impuestos por el poder de los accionistas mayoritarios.
Hasta tal punto llegó el malestar, que el presidente del Concejo, hizo una reunión con la mayoría de los trabajadores, donde les dijo:
“A ustedes se les paga para trabajar, y creo que en ese aspecto estáis contentos. El que quiera tomar decisiones a otro nivel, que compre la Empresa y marque cómo hacer las cosas, pero mientras estemos nosotros aquí, las haremos como creemos que es mejor para todos, y si pensáis en como estábamos y como estamos, y sois sinceros con vosotros mismos, tendréis que reconocer que todo a ido a mejor en todos los aspectos”.
                                                                              


Y ahí acabó todo, no sin dejar cierto mal sabor de boca en algunos, pero todos pensaban en qué les depararía el futuro con el “heredero” Felipe.
Cualquier paralelismo o semejanza con cierta acción política actual, es pura coincidencia.


En Villanueva del Ariscal, a 3 de junio del 2014

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