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lunes, 5 de enero de 2015

Un Rey Mago familiar

(Este relato está dedicado a mis dos sobrinas mellizas Amparo y Tere en su cumpleaños)
Mi cuñado Gonzalo, murió muy joven dejando a mi hermana la mayor, Mª Teresa, con siete hijos. Menuda faena.
                                                                     


Una de sus ilusiones fue salir de Rey Mago, y tuvo la suerte de serlo en unas circunstancias un poco especiales, ya que mi hermana estaba en avanzado estado de gestación en su tercer parto y traía mellizas, aunque entonces no se sabía el sexo de los niños hasta que estos nacían.
Yo era muy pequeño, ya que me llevo con mi hermana veintiún años, pero recuerdo a mi cuñado perfectamente, ya que de novio traía siempre algún juguete cuando iba a ver a Mª Teresa, me llevaba al futbol, y hasta ya un poco mayor me metió el gusto por el güisqui, el cual me echaba en un vaso con mucho hielo y mucha agua, para que yo me las diera de mayor, pues asistía con asiduidad a las reuniones literarias que organizaba en su casa con escritores y eruditos de aquellos años 60 del anterior siglo, eso sí, siempre muy callado escuchando con la boca cerrada y tratando cual esponja, de comprender todo lo que allí se decía.
                                                                


El día de la cabalgata amaneció un magnífico día de sol a pesar del frío, y ya mi hermana tenía algunas contracciones a pesar de estar sólo de siete meses, cuando Gonzalo se marchó al almuerzo de sus majestades en Camas, que es de donde partiría la cabalgata.
Entonces no había teléfonos móviles como ahora, ni casi fijos, por lo que mi cuñado en todo el tiempo no sabía qué ocurría en su casa, por lo que iba subido a su carroza repartiendo caramelos por las calles del pueblo, cuando un amigo le informó cuando las carrozas estaban a punto de entrar, que la comadrona había acudido a su casa porque su mujer se sentía de parto.
Al llegar a su casa aún vestido de Rey, se encontró que a él también le habían dejado regalos los Magos de Oriente, pues sus dos preciosas mellizas rubias y con celestes ojos, habían nacido con muchas dificultades, ya que fueron sietemesinas y hubo que acondicionarles el dormitorio como si fuese una incubadora, pues el muy bajo peso al nacer así lo aconsejaba, y en aquel tiempo los hijos se tenían en los domicilios y muy raramente en algún hospital.
                                                                    


Hoy es el cumpleaños de mis dos sobrinas, Amparo y Tere, y desde aquí las quiero felicitar recordándoles cómo vinieron al mundo.
Muchas felicidades a estas dos preciosidades que ya son abuelas.
Un beso de vuestro tío.


En Villanueva del Ariscal, a 5 de enero del 2015

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