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sábado, 22 de agosto de 2015

Aún hay vida

Era un cualquier caluroso día de agosto, y mis nietos que pasaban unos días con nosotros, salieron al jardín a jugar y a respirar un poco la poca brisa que soplaba proveniente de las costas de Huelva.
                                                                     


Llevaba Santi un rato meciéndose en el columpio, cuando a gritos empezó a llamarnos diciendo:
-“¡Venid! ¡Venid! Ahí hay unos ojos verdes que me miran”.
Como es natural todos acudimos a la llamada, y la primera en agacharse y ver qué había allí fue la abuela, que dijo:
-”Hay un gato entre los pinitos”.
                                                                      


Fue a la cocina a por una escoba para intentar que el gato se fuera, pues Olivia blanca y temblando, y el pequeño llorando, se habían asustado bastante.
A pesar de los escobazos, la gata no se iba, y además hacía frente como una fiera, hasta que ante la insistencia, salió disparada hacia la calle, pero se quedó en la cancela mirando hacia adentro, como esperando algo.
Mi mujer dijo:
-“Es extraño cómo se ha puesto el animal, ¿Habrá parido?”.
Y efectivamente, vimos que entre las ramas bajas había cuatro gatitos recién nacidos. Los pusimos junto a la salida donde había estado la madre, y todos vimos cómo se fue llevando con la boca, mediante un mordisquito en el cuello, a sus cuatro vástagos hacia una casa deshabitada cercana a la nuestra.
                                                                    


Entonces y ya más tranquilos los pequeños, les acercamos un cuenquito de leche, pero los pequeñines ya mamaban directamente de las ubres de su madre.
Esa fue la gran noticia del día, pues los niños lo estuvieron comentando en la piscina de la comunidad, con todos los que quisieron escucharles.
Ahora Santi, que es el más asustadizo, cada vez que va a salir a jugar nos coge de la mano y nos dice:
-“No hay gatos, ¿No?”.
                                                                        


A pesar del frío y del calor y de las malas noticias de los informativos, donde vemos cómo intentan llegar a la vieja Europa miles de migrantes con mujeres embarazadas y bebés, la naturaleza sigue su marcha manifestándose tanto en personas como animales.

Demos la bienvenida al ciclo de la vida y ojalá podamos dejarles algo de verde a nuestros descendientes, porque a este paso, dejaremos una tierra arrasada.

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