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miércoles, 13 de enero de 2016

Soluciones creativas

Había sido una zona residencial allá por los años 60 del anterior siglo, cuando su padre, emigrante durante veintitantos años en Alemania, compró este enorme y entonces destartalado local con casi todo lo que había ahorrado trabajando de sol a sol en todo lo que salía, y había montado el taller mecánico para arreglar vehículos “El Alemán”, pues era lo que le gustaba y sabía.
                                                                   


Él era pequeño, y de lo único que se acordaba era de las épocas de Navidad, cuando su padre volvía de aquel país cargado de regalos para su madre y sus cuatro hermanos menores. Era la única ocasión en que aquella familia rozaba la felicidad, aunque sabían que su padre volvería a marcharse al siguiente día en que todos, como locos de emoción, disfrutaban de los juguetes dejados por los Reyes Magos.
A la muerte de su querido padre y amigo, les compró entrampándose hasta las cejas, la parte de herencia que correspondía a sus hermanos, y ahora se encontraba en la disyuntiva de que no sabía qué iba a pasar con todo aquello, que con mucho trabajo y esfuerzo había ido sacando adelante, intentando adaptarlo cada cierto tiempo, a las necesidades del momento.
                                                                      


Hacía un par de años que se tuvo que buscar un socio, pues tenía la oportunidad de hacerse concesionario de una importante marca de vehículos de lujo, y aquí empezaron sus auténticos problemas, ya que entrampado nuevamente, dio con una mala persona que creía amigo, y que además de no involucrarse en la actividad, se dedicó de sibilina forma, a vaciar la caja común y a retirarse después cuando ya solo quedaban los préstamos bancarios que había avalado con todo y más de lo que tenía.
Toda su vida y la de sus nueve empleados dependía ahora de una liquidez que le negaban todas las entidades de crédito en esta época de crisis, a pesar de que el negocio era rentable, pues tenían más trabajo del que podían atender y sólo había que cambiar algunas cosas, pero le faltaba  dinero para encauzar definitivamente aquello.
                                                                    


Una noche en que los problemas no le dejaban descanso para el sueño, habló largo y tendido con su esposa, y ambos de común acuerdo atisbaron algunas soluciones.
Era una persona llana que gozaba, con todos los que le conocían, de una gran credibilidad, así que inició entonces una ronda de conversaciones cara a cara con la gente a las que les debía, con sus proveedores necesarios, con sus principales clientes, y por último, cuando lo estuvo todo claro, reunió a sus empleados para hablarles del futuro, y que sin tapujos les expuso con total transparencia.
Con el principal deudor, llegó al acuerdo de una moratoria con aplazamientos de pago, claro está que tendría que pagar más intereses. A los suministradores de material les contó el plan que tenía para salir del bache, proponiéndoles una forma de pago beneficiosa para ambas partes que no lo asfixiara tanto, y por último tuvo una reunión con sus  principales clientes, que eran: Dos multinacionales con coches de renting,  una empresa de vehículos de alquiler, y una cooperativa de taxis.
                                                                      



A todos  los puso al corriente de los problemas y les propuso que si pagaban por adelantado los trabajos, disfrutarían de unos descuentos muy ventajosos que no podrían rechazar.
Dejó para el final lo que más le afectaba: sus empleados.
A partir del próximo mes sólo cobrarían el 75% de sus sueldos, él también se incluía, y quedaban anuladas las primas y pagas extraordinarias,  pero que dichas cantidades se les empezarían a devolver gradualmente pasados dieciocho meses, por lo que no las perderían.
                                                                      


Sólo uno no estuvo de acuerdo y decidió marcharse a otra empresa que lo requería.

Todo esto se llevó a cabo con escasas contrariedades sin incumplir en ningún momento el plan trazado, por lo que pasados algunos años y casi superada ya la crisis, habían ampliado la plantilla de empleados al  doble, y todos estaban más que satisfechos  de trabajar con Eulogio, que les demostró que con la verdad y con ganas de involucrar a todos en la solución, se solucionan los problemas.

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