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viernes, 5 de febrero de 2016

¡Qué bochorno!

“Diooosss…., que mal estoy, Diossss…¡Que alguien apague esa luzzzz, coñooo, que me estalla la cabezaaaa!
Nada, ni puto caso, ni nadie me oye, o pasan de mí, o yo que sé…No, si me tendré que levantar. Por lo menos reconozco mi cama, aunque huele fatal. ¿Por qué estaré tan mal? Aunque me duele ponerme a pensar, recapitulemos.”
                                                                    


“De lo último que me acuerdo, es de estar cantando en el karaoke del pub de Ramón, que por cierto me tiraron de todo, y que luego empezamos toda la tropa de indeseables que son mis ¿Amigos?, a beber en plan leñador canadiense chupitos de vodka, yo que iba con… ¿Con quién coño iba? Mary Rosa, Rosa María, Rosalía, Rosaura…Yo qué sé, era la segunda vez que salía con aquel pedazo de hembra colombiana.
Con lo bien y prometedora que empezó la noche…”
“Ella, porque no me acuerdo del nombre,  quedó en pasar el fin de semana conmigo en mi apartamento, con lo que me esperaba, creía, dos largos días de sexo desenfrenado. Y eso que me había esforzado en prepararlo minuciosamente para que todo saliera bien. Había limpiado todo a fondo, puesto flores, comprado velitas, champan, y al final no sé, no me acuerdo qué pasó, pero estoy aquí en la paupérrima soledad de mi mini-apartamento.”
                                                                                


“Bueno, pues me levanto y a ver que me voy encontrando, pero lo primero, serán un café solo doble y dos paracetamoles, porque estoy fatal, todo  me da vueltas y la cabeza… Uf…Prometo por mis mulas que esto no me vuelve a pasar. Bueno, despacito arriiibaaa..”
“Y tengo ganas de vomitar; me voy al baño a arrojar lo que sea, y a mojarme la cara.”
“Joder, como está todo, esto parece Waterloo…Junto al ordenador hay una nota…¡Ah sí de Ross! Bueno ya  me acordé del nombre. Luego la leo, antes voy a chorrearme la cabeza y a preparar el café.”
“La hostia, como está el baño de vomitonas, ¿Mías o también de la “bella”? Que me resbalooo… ¡Qué porrazo, lo que faltaba! Ayyy…ay…, mi hombro. ¡Joder!”
“Definitivamente voy a por él cafetito y luego…A ver por donde empiezo”.
“Bueno, a ver si esto se me va pasando con un poco de ejercicio fregonil. Allá voy.”
“Pues el baño ya está, ¡Qué asco! Y ahora ya que estoy aquí una buena ducha, a ver si me repongo.”
                                                                           


“Creo que después de este prolongado remojo, ordenaré un poco en resto. Menos mal que esto es un pañuelo.”
“Ah, la nota, pues si que es larga, parece una minuta de abogado.”
“Imbecil -empezamos bien- tú te lo has perdido, y yo que te tenía por otra cosa.
Como no sé cómo escribir mi indignación, sólo voy a relatarte para que te avergüences, de la noche que me distes. ¡Con todo lo que esperaba de ti!
Hubiese preferido una cenita a solas los dos, pero como no sabes moverte sin tus amigotes, tuvimos que salir con “los tres inseparables” y las estiradas de sus novias o lo que sean.
La cena bien, aunque se pasaron ustedes con el vino. Tu suerte fue que no te hice caso y fuimos en mi coche, pero lo que vino después en el bar de vuestro amigo, eso no tiene nombre.
Hiciste el ridículo cantando, (ahí debí marcharme y dejarte tirado), luego te empeñaste en jugar a los dardos y le distes  a un señor sentado a tres metros, creo que queriendo, pues cuando tirabas me dijiste:”al gordo sapo con ojos”.
                                                                      


¡Vaya la que se lió! Entre todos los camareros te echaron a la calle, mientras yo pedía disculpas a izquierda y derecha. Y tú gritando:”gilipollasss”. Te metí en el coche como pude, mientras arrojabas sobre la tapicería lo más grande, luego nos pararon para un test de alcoholemia, yo no había bebido, y tú cuando me dio negativo querías abrazar  a los guardias, y a rastras logré llevarte a tu apartamento, vomitándolo todo por el camino a la cama.
Cuando te quedaste dormido, empezaste a roncar de tal forma que me levanté del sofá sin poder dormir, y he estado viendo la televisión hasta que fue hora de volver a mi casa.
Ahí te quedas cretino, y no se te ocurra en la vida ni hablarme ni mirarme.
Ross”.
                                                                      


Pues la noche fue redonda. ¡Seré idiota, con la noche que tenía por delante!

Nunca más. Nunca, nunca, nunca.

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