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lunes, 25 de octubre de 2010

El deporte y yo: Historia de un "Crack"


El primer recuerdo que se me viene a la mente de esfuerzo deportivo, es cuando a los siete u ocho años jugaba a las “bolas” o canicas con mis amigos. Las bolas las había de barro, china, cristal y las más cotizadas eran de acero. Yo tenía una gran bolsa de todas, que iba subiendo o bajando en función de la suerte en el juego. Qué pena que no lo hicieran deporte olímpico.
Cuando tenía sobre once años, llegó a mi colegio de los Maristas, un hermano joven con ideas propias para fomentar el deporte. A cada clase nos puso un color de camiseta o blusa y empezamos a competir con otras clases en casi todo. Futbol, baloncesto, balonmano, balonvolea, hockey sobre patines, frontón etc. A mí me gustaban sobre todos el hockey y el frontón. De este último llegamos mi amigo Fernando Mihura y yo a ser campeones del colegio. Pero nuestro gran desengaño llegó cuando competimos fuera contra la Universidad Laboral, donde dos vasquitos de 1,50 m. nos dejaron en ridículo.


                                                                               
En hockey jugaba de portero porque no sabía patinar, pero no me colaban ninguna y mi clase llegó a ser la mejor en su categoría. Al empezar los partidos me llevaban entre dos compañeros a la portería y luego me recogían. Pero mi “amor propio” hizo que aprendiera a patinar, pues esto era una vergüenza. Por fin debuté en un partido de liga yendo yo solo a la portería entre los aplausos de mis compañeros. Pero fue un mal estreno, pues me metieron siete y al siguiente partido fueron once. En fin que ahí acabó mi trayectoria de campeón.
A los 16 años me dio por apuntarme en la Escuela de Remo, donde antes de tocar una embarcación me pegaban unas palizas de gimnasia y de carreras de fondo de 40 km. que me dejaban exhausto, pero que hicieron de mi cuerpo algo que ya después nunca tuve. Mis pectorales eran autenticas tabletas de chocolate que causaban admiración. Por supuesto que ya remaba como el mejor, pero como soy un patoso, un día al subirme al skiff lo volqué y se hundió en el río. Entre todos y con la ayuda de una grúa lo sacamos, Entre el “accidente” y que me fui a la mili acabé con los barcos.


                                                                             
En la mili fui campeón de tiro con pistola y cetme, pero ya a punto de licenciarme tenía que ir al campeonato de España en Zaragoza, por lo que empecé a fallar ya que no quería seguir en el ejército durante seis meses más. Estuvieron a punto de arrestarme al darse cuenta de mi fechoría.
Ya de mayor y trabajando, me invitaron un grupo de amigos a jugar con ellos en un equipo de futbol sala. Jugaba de defensa y como no sabía, daba mucha leña y siempre me echaban. Pero mi final fue un día que al despejar un balón en el pabellón cubierto, le día un gran pelotazo a un foco y dejó todo a oscura, lo cual aproveché para vestirme y huir antes de que me vieran y tuviera que pagar el desaguisado. Me dejaron de hablar algunos, pero bueno así es la vida.


                                                                                 
También volví a jugar a frontón-pala en el chalet de un amigo, donde al intentar recoger una pelota me metí en la pierna contra una maceta, que hasta me dejó un geranio en la brecha que me hice.
Me apunté en una Escuela de Tenis durante un año, donde el monitor me dejó por imposible.
Pero por fin ahora estoy triunfando en dos deportes sin esfuerzo físico: Dominó y ajedrez, aparte de internet, que suplen mi “pasión” y fogosidad por el riesgo competitivo.
¡Ha! Y por supuesto desde mi sillón estoy aprendiendo mucha teoría de todos los deportes, sobre todo de los de riesgo que me encanta seguir.

Te digan lo que te digan,
No te cortes.
Lleva una vida tranquila,
Mucho vaso y mucho pote,
Y que le den al deporte.


En Cizur Mayor a 25 de Octubre del 20010







1 comentario:

  1. Ya sabia yo de lo peligroso que eras amigo.
    Por cierto la oto con tu nieta maravillosa
    Besos para ti y mi amiga, al la peque un mordisquito

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