Google+ Badge

domingo, 14 de julio de 2013

San Fermín

Era un magnífico corredor en los encierros hasta que mi hija consiguió quitarlo de tan peligroso evento.
Es mi yerno, Santiago Íñigo Huarte, y quiero contar una historia que ni él mismo sabe que yo la sé.
Ya su padre era corredor habitual en los encierros, y lógicamente heredó la vena por el peligro, de tal forma que nadie se enteró que corría desde los dieciséis años, hasta que su foto en primera plana apareció en el Diario de Navarra.
                                                    


Aparte de esto, decir que era una persona preparada para el deporte, pues jugó profesionalmente en varios equipos de la segunda división de fútbol profesional.
Bueno, pues contar que cuando su madre se enteró de que corría en los encierros de San Fermín, cerraba con llaves y candados la entrada de la casa, de tal forma que se le pusiera imposible salir, aunque para él esto no constituyó problema, pues se pasaba desde su balcón en un noveno piso, hacia el de su vecino y amigo Nacho, y ambos partían hacia las seis de la mañana para participar en el encierro.
                                                 


Desde luego, volvía por el mismo camino para ducharse e irse con su cuadrilla a participar de lo que en Pamplona se denomina almuerzo, que no es otra cosa que desayunarse sobre las diez y media de la mañana, un plato a base de huevos fritos con chistorras, pimientos, patatas y jamón o unas magras con tomate o un ajo-arriero, y naturalmente regado con un magnífico vino de la tierra.
En uno de esos encierros, que no recuerdo bien si fue sobre el año 89 o 90 del pasado siglo, y haciendo la carrera sobre la mitad de la calle Estafeta, vio como su amigo Nacho que iba unos pasos por delante de él, estaba a punto de ser empitonado por un toro negro zaino de la ganadería de Torrestrella, camino de la entrada a la plaza de toros.
                                                   


Santi, sin saber cómo, lo arroyó para quitarlo del pitón del astado, cayendo ambos a los pies de la manada que los pisoteó a placer, lo que los dejó con alguna costilla rota y en reposo durante varios días.
Ya cuando la familia asumió que Santi iba a seguir corriendo los encierros, se ponía una camiseta azul para que su madre lo distinguiera entre los corredores y así estar un poco atentos ante cualquier incidencia.
Pero hay una cosa que me tiene muy intranquilo, y es que de mis dos nietos Olivia y Santi, este último y a pesar de su corta edad, ya apunta maneras, pues no teme el peligro y necesita cuatro o cinco personas para controlarlo. Yo le digo mi “talibán”, y el otro día hablando con mi hija le comentaba que este seguiría la tradición familiar de correr los encierros, a lo que mi hija me respondió. “Lo encierro yo, pero en Sevilla”.
                                                    




A pesar de todo, yo opino que “bendita la rama que al tronco sale”, pero es que me da mucho miedo los encierros, y aunque sé que me van a criticar mis amigos de Pamplona, voy a comprarle al chico una bici de carreras para que corra la “Vuelta a España” y que se olvide de los toros.

4 comentarios:

  1. Siempre en el anonimato,(nada de divinos), pero muchos de nosotros pendientes del jersey azul en la mitad de estafeta. Besos Roberto y blanca

    ResponderEliminar
  2. Gracias! Precioso!! Lo que se siente al correr es increíble y compensa pese al riesgo que se corre.Si el peque decide hacerlo(apunta maneras)yo no se lo voy a impedir.Es una tradición muy nuestra que no debemos perder.Besos.Santi

    ResponderEliminar
  3. No "siento"los San Fermines, quizád por la distancia, pero sé que lo sentiría como lo hacen pamplonicas porque tiene algo que te remueve por dentro....pero que no le toque a Pili, compradle esa bicicleta al niño, ¡pero ya!!

    ResponderEliminar
  4. Muchas gracias a todos, y que conste que yo no corro los encierros por carencia de aptitudes físicas. Las tradiciones son importantes y que Viva a San Fermín.

    ResponderEliminar