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martes, 9 de julio de 2013

Estaba pensando...

Estaba tan asqueado y cansado de todo, que me fui a las afueras de mi pueblo, que es donde uno puede ir al campo. Me senté debajo de un olivo milenario, sin ánimo de nada, sólo descansar y desembotarme de todo lo que había alrededor de mi vida, la prensa, Internet, la televisión, los problemas familiares y todas esas cosas que embrollan nuestros sentidos.
                                                     
         
Casi al pié del árbol descubrí, un enorme hormiguero, y en una abstracción impropia, me introduje en los misterios de esa sociedad tan bien cimentada durante siglos y glaciares, ya que vienen del Cretáceo o sea de la tontería de 130 millones de años, llamando la atención de como es la organización de un enjambre de hormigas, estudiada durante años por los científicos y que tienen una organización que sigue haciendo lo mismo durante siglos.
                                                     
   
Tantos obreras y soldados, como mucho viven tres años trabajando para una reina, que sólo está preocupada por procrear, que vive más de treinta años, pero que sus amantes a poco que la hayan fecundado, languidecen al poco tiempo y mueren.
¿Y a donde ponemos a las obreras? Años y años haciendo lo mismo sólo por la comida, y sin una posibilidad de lograr una mejora de sus vidas.
Pues, si señor, en esto se ha convertido nuestras vidas. Te deslomas estudiando y consiguiendo dinero o entrampándote para que tu hija consiga un máster, y después de años de empleo en alguna de las grandes empresas del país, llega un momento que no puedes superar un tope, el que sólo traspasa la hija del que es accionista, dueño o político influyente. Y ahí te quedas dando igual que tu valía sea increíblemente superior.
                                                   

Está todo orquestado para que los que tienen el dinero siempre sean los mismos, generación tras generación, y si algún advenedizo sube en un momento determinado, se le hace bien saber quién es el que manda.
¿Es que sólo los hijos de los grandes valen para tales puestos, aunque ellos hayan estudiado en no sé cuantas cosas en la Universidad privada y que tu a empellones hayas conseguido situar a tu hija en la pública y con grandes esfuerzos?
Sólo las revoluciones consiguen incidir en esta brecha de injusticias, pero al poco tiempo todo vuelve a lo anterior, pues el dinero y el poder siempre lo tienen los mismos.

En Sevilla, a 9 de julio del 2013



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