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martes, 20 de agosto de 2013

Cuento a mi nieta Olivia

Era una princesa, pero Olivia no lo sabía, ya que había llegado casi recién nacida a Sevilla procedente de un lejano país, en donde los militares depusieron al rey y organizaron una dictadura de los sables.
Su benefactor, era un buen amigo de su depuesto padre, hombre de negocios inquieto que viajaba por todo el mundo en busca de oportunidades, y que salvó a la niña de una muerte cierta.
                                                    


Vivía esta pequeña mujercita en una casa palacio en la Plaza de Doña Elvira, en el barrio de Santa Cruz, donde su “tío” pues así lo llamaba, la tenía vigilada todo el día, ya que habían recibido múltiples amenazas, no se sabía bien si de sicarios del antiguo reino o de enemigos comerciales que odiaban a hombre de tan enorme fortuna y relaciones.
La princesita solía asomarse al balcón casi todas las tardes que hacía sol para contemplar pasar a la gente, y ver como otros niños jugaban a cosas en la placita donde ella tenía prohibido salir. También se asomaba a la ventana cuando una Tuna de jóvenes le cantaba desde la calle, y veía como su tío siempre les daba buenas propinas a los alegres tunos.
                                                     


Pero un día las amenazas se convirtieron en realidad y los malos compinchados con gente de la casa, secuestraron a la niña un triste día de otoño, y un coche de caballos cerrado corrió a toda velocidad por las estrechas calles del barrio,
Dio la casualidad que uno de los tunos estaba esperando a un amigo y vio la escena, por lo que sin dudarlo y sin saber muy bien lo que hacía, cogió una bicicleta que había apoyada en una casa y salió en persecución del coche que se llevaba a la niña, que después de un largo trecho entró en un gran portalón en una de las calles de Triana, con lo que se dio con las cerradas puertas en las narices y sin saber muy bien qué hacer.
                                                      


Volvió a la plazoleta y fue localizando uno a uno a sus amigos y contándoles lo sucedido, y ver que podían hacer entre todos ya que el tío de la pequeña estaba de viaje en el extranjero, y ellos no sabían en quien podían confiar del servicio de la casa.
Discutieron y discutieron durante muchas horas, hasta que delimitaron un plan para salvar a la princesita de sus captores.

(Continuará, para lo cual necesito el concurso de mis lectores para que me ayuden a terminar este cuento de la mejor forma posible. Mandadme vuestras sugerencias a mi correo electrónico. josesibarguen@gmail.com. Gracias anticipadas por vuestra colaboración).


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