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lunes, 23 de septiembre de 2013

Cumpleaños

Todos los que me conocen saben, que tengo auténtica aversión y que rechazo cualquier tipo de celebración cuando me toca la penosa suerte de rememorar el día de mi nacimiento, y sin embargo eso no siempre fue así.
Recuerdo de pequeño, como los días se me hacían eternos hasta llegar a mi primera meta de edad que eran los doce años, luego fueron los dieciséis y después los dieciocho, pero hasta ahí llegué en mi ilusión por cumplir años.
                                                   
  
En mi casa no se celebraban los cumpleaños sino los santos, aunque esta celebración consistía como mucho, en alguna ropa que hacía falta y poco más, y no fue hasta conocer a mi cuñada Margarita primero y a mi mujer después, que me preparaban la famosa tarta de chocolate y galletas para hacerme apagar las consabidas velitas, convidadas de piedra que veían año tras año como iban aumentando su número.
                                                     


Pero fue cuando fui a cumplir cuarenta cuando me opuse descaradamente a celebración alguna, aún con enfado del “respetable” que tanto se empeñaron en que sí habría celebración, que me vi obligado a desaparecer por esas fechas.
No pretendo justificar de ninguna manera mi actitud, pero quiero exponer alguna razón por lo que me sucede esto, y en primer lugar decir que no veo por qué celebrar algo como que la vida se nos está yendo de las manos, y que cada vez que cumplimos un año más, nos acercamos inexorablemente al final al que nadie queremos llegar, y yo menos que ninguno.
                                                    


Pero lo curioso del caso es que parece mentira que estas posiciones ante la vida, se puedan transmitir por los genes, ya que mi nieta Olivia que sólo ha cumplido cuatro años y que ha tenido la mala suerte de siempre pasarle algo en su efeméride, dice cuando se le recuerda la fecha: “Cumpleaños feliz, no”.
Sé que la mayoría de los que leen mis tonterías no estarán de acuerdo, ya que dirán que es una alegría cumplir años porque es señal de que estamos vivos, que podemos contarlo, aunque la mayoría de las veces nos pasen pocas cosas buenas en ese año que acabamos de pasar, por lo que siempre habrá quien ve la botella medio llena, pero yo en esta cuestión la veo siempre medio vacía.
Esto no quiere decir que no agradezca a todos vuestras felicitaciones sinceras, esto sólo supone una queja contra el jodido calendario de las narices, que pasa por nosotros irremediablemente riendo a carcajadas cuando ve nuestra cara de estupor por lo rápido que se han agotado sus hojas hasta llegar a…, a donde sea.


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