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domingo, 30 de noviembre de 2014

Abuelo




Habrá pasado el ventoso otoño,

Dando  paso desganado al polar invierno,

Y esas terciadas hojas bermejas que  no veo,

Volverán a cubrir mi calle al paso apresurado de los

 días.

Ya no estaré.

Un inapropiado aguacero terrible y vengativo,

Causará estragos en mi decadente barrio recordado,

Anegando el parque de los besos,

Arrastrando piedras, árboles y bancos,

Sin respetar, si acaso, la memoria del silencioso eco.

Ya no lo veré.

¡Qué bulliciosamente alegre la calle del colegio

A la salida en punto de niños con sus padres!

Coches que llaman con sonidos familiares,

Apresurados adioses amigos hasta el siguiente día,

Completando de tele, galletas, baños y tareas,

El corto espacio restado hasta la cama.

No los sentiré.

Y crecerán mis nietos sin mis benévolas miradas,

Inmersos en sus ganas del vivir de cada día,

Como si ya quedara poco hasta el mañana.

Y quizás recuerden lejanamente remoto aquel tiempo;

El nombre, la imagen, las palabras, el irregular paso,


De este abuelo que se fue sin querer, sin ruido y sin

 ganas.




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