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miércoles, 5 de noviembre de 2014

Con derecho a queja

Hoy quiero pensar en voz alta sobre lo que nos está aconteciendo en nuestra vida diaria y que nos ha agotado el margen de sorpresa, y esto es el chorreo interminable y diario de la corrupción que nos invade y que afecta a todos los estamentos de nuestra sociedad, o debería decir nuestra “suciedad”.
El españolito de a pié, actualmente no tiene razones objetivas para sentirse de izquierdas, de derechas o de centro, ni siquiera en los ultras ve soluciones medianamente claras.
                                                          


Su mentalidad política pasa por que quiere un trabajo estable para poder sacar a su familia adelante, quiere una sanidad y una educación gratuitas y de calidad, está convencido que tiene derecho a una vivienda digna y piensa que lo demás es secundario, pues le da igual que gobiernen partidos de cualquier signo, siempre y cuando respeten sus necesidades básicas antes expuestas.
Y el escenario por el que estamos pasando no es precisamente para llenar de alegrías al ciudadano, pues ve que no solo no llega a lo anhelado ni de coña, sino que todo, lo poco que aún le queda, se lo recortan o simplemente se lo niegan, mientras una clase de advenedizos individuos salidos de las mas casposas organizaciones llamadas políticas o sociales, campan a sus anchas cometiendo todo tipo de tropelías sin que nadie sea capaz de pararlos, pues aunque algunos de estos imputados van a la cárcel y les obligan en algunos casos a dimitir de sus cargos, el dinero sustraído o defraudado no aparece por ningún lado.
                                                         


Si queremos un ejemplo lo tenemos en el casi terminado caso “Malaya”, donde los responsable del saqueo al ayuntamiento de Marbella están en la cárcel o a punto de entrar, pero de los cerca de setecientos millones sustraídos, sólo 2,5 millones han sido recuperados por el ayuntamiento, por lo que a los sinvergüenzas la privación de libertad les sale a cuenta.
Pero lo más curioso de todo esto es que la sociedad española es tremendamente permisiva con la corrupción, pues partidos con sus dirigentes en prisión o imputados por todo tipo de delitos, vuelven a salir elegidos por los ciudadanos, y eso si que no lo entiendo.
Aunque también es verdad, que últimamente están apareciendo en toda Europa formaciones políticas de diverso signo, que con un discurso “populista” según lo denominan las grandes formaciones, están calando en el individuo medio que ya está cansado de que siempre lo engañen los mismos y en las mismas cosas; total piensan:”Por probar algo nuevo esto no puede empeorar más, puesto que ya está al límite”.
Vi el otro día un programa de televisión, donde preguntaban a daneses y noruegos sobre si conocían algún caso de corrupción en su país, y no debe haber muchos, pues no fueron capaces de nombrar ninguno ni los más viejos del lugar. Pero sin embargo preguntaban a españoles y nombraban un montón, y algunos demostrando que conocían en profundidad algunos hechos. Normal, pues cada día nos desayunamos con alguna noticia de este tipo que ya no nos causan sorpresa; si indignación creciente.
                                                               
                                                                 

Por todo lo dicho, la próxima vez que haya elecciones municipales, autonómicas, o generales, sólo pensaré en quien me cae más simpático para que sea el que me robe.
“¿Podemos?”
“Más vale ladrón reconocido, que candidato a enriquecer”.


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