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martes, 23 de diciembre de 2014

La soledad del Jefe

Desde que comenzó la crisis, y aunque nuestra empresa cada vez vendía más y con los mismos empleados,  habíamos perdido las pagas extraordinarias y por supuesto la cesta y la comida de Navidad, aunque nosotros y por nuestra cuenta seguíamos reuniéndonos, ya que era la única vez en el año en que estábamos juntos los treinta y cuatro empleados sin contar al jefe, que como representante de la sociedad, dejó de ir cuando  suprimió el pago de la reunión-comida la instancia superior.
                                                                  


Este diciembre, se proclamó a “bombo y platillo” que volveríamos a cobrar esta última paga extraordinaria del año, pero siguió sin haber dinero para el almuerzo, por lo que continuando con la tradición, nosotros lo pagaríamos a escote como en los últimos años.
Llegado el día, que como siempre fue el último viernes antes del día 22 en que se celebraba el Sorteo Extraordinario de la Lotería de Navidad, fuimos llegando al restaurante contratado como siempre, más allí nos aguardaba una sorpresa, y era que D. Benito nuestro jefe, se había presentado a comer con nosotros sin avisarlo con antelación, pues no lo creería necesario.
                                                                    


Nos quedamos todos bastante cortados sin saber qué decir o como afrontar aquel imprevisto que nos coartaba para estar a gusto hablando sobre todo y todos, pues con aquella presencia fiscalizadora al fin y al cabo, la reunión tenía poco sentido al tener que seguir guardando las apariencias.
Una vez que estuvimos todos sentados y antes de empezar con los aperitivos, nuestro jefe pidió por favor que escuchásemos lo que había venido a decir, pues no se quedaría en la comida, aunque nosotros ya contábamos con que seríamos uno más.
Empezó justificando su ausencia en la comida de Navidad en los últimos años, pero que teníamos que “tener claro el por qué”.
Y con gesto serio continuó:
-El motivo de entrometerme en vuestra comida, no es otro que despedirme de ustedes.
Nos habíamos quedado bastante cortados mirándonos los unos a los otros, cuando continuó:
-Ni os podéis imaginar lo duro que han sido estos seis últimos años para mí, pues aunque todos sabéis de mi rigor y de mi exigencia en el trabajo, mi mayor esfuerzo y lucha diaria en estos años ha sido mantener vuestros puestos de trabajo, y evitar los despidos y la deslocalización de la empresa que nuestros superiores pretendían, pero gracias a Dios esto a ustedes, solo se os ha quedado en recortes económicos de las pagas extraordinarias, y ese es el único precio que habéis pagado.
                                                                  


Deciros que a mí el salario se me quedó en la mitad, pues era una de las condiciones que oferté para manteneros a todos en vuestro sitio, amén de negociar mi marcha que se producirá a final de mes, sin tener que pagar la empresa ninguna indemnización, y ni siquiera retiro el plan de pensiones que me corresponde, ya que solo me jubilo anticipadamente y amortizan así mi puesto de trabajo ahorrándose un dinero.
Os doy las gracias a todos por vuestra colaboración y trabajo, ya que gran parte del éxito de mis propuestas se ha debido a que hemos mantenido el crecimiento de las ventas.
Sólo quiero que sepáis de mi esfuerzo por manteneros a todos en vuestros puestos, y que estéis tranquilos por mí, ya que aunque no para lujos, pero si tengo para vivir holgadamente el tiempo que me quede.
Perdonadme el daño que sin querer os haya podido hacer y gracias por todo lo que me habéis dado.
No pudo seguir  dando la mano a todos, pues con un sollozo acabaron sus últimas palabras.
                                                                    


Lo vimos salir del bar cabizbajo, a paso lento y sin mirar atrás, desapareciendo de nuestras miradas y de nuestras vidas, y ya  nadie supo de él ni de su familia.
Al cabo de los años supe que se había retirado a un pueblo de la provincia de Huesca, donde tenía la antigua heredad de sus padres, que arrendaba como “casa rural”.

Era una buena persona aunque nunca lo entendiéramos.

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