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jueves, 26 de febrero de 2015

Camarón

Había llegado con tiempo al Tanatorio de la SE-30 en Sevilla para dar el postrero adiós a un familiar, y como siempre al bajar del coche, se me acercó un “gorrilla” de los que siempre te buscan un aparcamiento a cambio de una propina, y más allí al lado del asentamiento del “Vacie”, donde malviven un montón de criaturas sin medios, sólo ayudados por Cáritas y varias ONG que tienen hasta escolarizados a los niños.
                                                                       
 

En este caso era un gitano viejo muy desaliñado, con barba y mugre de un tiempo indefinido, con los ojos rojos de lo que fuera, pero que venía cantando unas “alegrías de Cádiz”, y sin dejar de cantar me preguntó:
-“A que no sabe usted quien cantaba esto”.
A lo que yo respondí con lo primero que se me vino a la mente: “Camarón”, le dije, ya que no soy versado en flamenco aunque me guste y me coja un pellizco cuando el que lo canta lo dice bien.
                                                                 


-“Pues sí señor, me respondió el gitano, y si tiene usted un momento le cuento una cosa”, y como iba con tiempo me paré a escucharlo.
-“Es que yo acompañaba al “Camarón” hasta que murió, sabe usted. Me dicen “El chaleco”, y con toda la fama que tenía no dejó ni un duro. Sin embargo ahora la viuda, nada en millones.
-¿Y eso?, le dije.
-“Cuando él vivía, siempre íbamos muchos gitanitos acompañándolo, y a ninguno nos faltaba de nada, y eso que la “farlopa” buena es cara. Comíamos, bebíamos y nos metíamos de todo a su cuenta”.
-Claro, así se quedó sin un duro.
                                                                  


-“Pero es que los que más abusaban de él eran los parientes de ella. Ahora sin embargo la viuda cobra por todos lados; así se le ha puesto el culo de gordo”.
Me siguió cantando un rato por lo bajini con más ganas que acierto, pero como ya empezó a tomarse confianzas y a pedirme más dinero, me despedí del gitano sin más.
                                                                    


Venía pensando en esta realidad cuando llegué a casa. La de gente famosa en todos los ámbitos que se mueren, o mejor dicho, se mata por sus muchos y perniciosos vicios, y curiosamente son otros los beneficiarios económicos de sus famosas, cortas y locas carreras que no fueron capaces de asimilar.
C´est la vie.


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