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jueves, 17 de marzo de 2011

La propuesta:

Escribir entre todos los amigos que seguís mi blog, un relato largo o una novela corta. Yo la empezaré dando los primeros pasos, y tú la continuarás de la forma que se te ocurra. Cada cinco o seis días iré introduciendo las aportaciones que me vengan al blog: http://josesibarguen.blogspot.com

Si te parece, las ocurrencias me la puedes mandar a mi correo: josesibarguen@gmail.com

O a mi blog en el apartado de comentarios.

Por favor, no hagas fracasar mi invento y dime como seguir.

Un abrazo.

Jose

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Había llegado la época de empezar a preparar los exámenes finales, que este año eran a principios de Marzo, así que decidimos mis íntimos y yo, aislarnos en algún sitio donde poder estudiar sin interrupciones ni distracciones.

Mónica, habló con sus padres y nos cedieron para estudiar la casa que tenían en la Sierra de los Filabres, a donde marchamos Daniel, Arturo y yo (Ernesto), junto con nuestra amiga.

La zona era de lo más agreste que yo había conocido. Sabíamos que los móviles no tenían cobertura, y que la única comunicación con el exterior era en teléfono fijo que los guardeses tenían en su casa al otro extremo de la finca.

Los últimos tres quilómetros hasta la casa lo hicimos andando, con la compañía de la nieve y de un carro con su mulo que llevaba nuestras pertenencias y la comida para los diez días que pensábamos estar.

El guarda de la finca, Gerardo, nos informó que teníamos en la planta alta las camas hechas, y en la vieja nevera de la gran cocina había lo más imprescindible para los primeros días. Así mismo había hecho un buen acopio de leña para la chimenea que había en el salón, ya que era la única fuente de calor para toda la casa.

Dejamos nuestras pertenencias en las habitaciones correspondientes, una con tres camas para los hombres y para ella su dormitorio de toda la vida. Encendimos la chimenea con la ayuda del tétrico y callado Gerardo, que se marchó diciendo que vendría todos los días por la tarde para ver si necesitábamos algo.

Acababa de irse el guarda cuando las dos bombillas de la parte alta se apagaron sin ninguna razón objetiva.

Echamos a suerte quien subía por la empinada escalera y ponía unas velas en los dormitorios. Me tocó a mí, que era miedoso en extremo, pero que no quería decirlo. Así que cogí las velas metiéndomelas en los bolsillos, menos una que encendí. También cogí un cuchillo grande de la cocina y empecé a subir los crujientes escalones entre las risas de mis amigos.

Puse la vela encendida en un mueble del primer cuarto, y al fijarme en la cama vi que había alguien acostado en la cama.

Pegué un enorme grito, se me cayó el cuchillo y al cogerlo del suelo, me hice un gran corte en la mano que no sentí hasta llegar abajo, que chorreando sangre y en estado de pánico les conté a todos lo que había visto.


…………….Tú continúas.

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