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lunes, 18 de abril de 2011

La Madre Tierra se muere

¿Para cuándo la muerte de la “Pachamama”, la Madre Tierra en la espiritualidad andina?

Estamos asistiendo a enfermedades de un cuerpo vivo y real, la Tierra, de fácil diagnóstico pero por no querer verlas, de difícil soluciones.

Padecemos  desastres naturales como tsunamis, terremotos cada vez más violentos, huracanes, tifones, grandes inundaciones, erupciones volcánicas, y también un fenómeno como el de la corriente “La Niña”, que no sabemos si es natural o es consecuencia de, pero que ha alterado las cosechas de medio mundo con la consabida subida de precios en los alimentos básicos.

                                                                            
Pero además tenemos los desastres que producimos nosotros, consciente o inconscientemente: fugas radioactivas de centrales nucleares, vertidos a gran escala de crudo en nuestros océanos, grandes incendios intencionados, tala indiscriminada de bosque enteros, guerras fratricidas que producen grandes hambrunas y una gran contaminación ambiental con todo el CO2 que tiramos a la atmósfera, que está produciendo el consabido “efecto invernadero” y el consiguiente cambio climático, lo quieran o no los apóstoles de las tesis negacionistas.

                                                                               
Y no es poca la contaminación que producimos a nivel individual, desde el ama de casa que tira el aceite usado por el sumidero del fregadero, hasta el no reciclar nuestro cubo de la basura, tirar bolsas de plástico en cualquier sitio, y un largo etcétera. Que cada uno medite en lo que hace diariamente y en lo que podría evitar.

Todos estamos gastando más recursos naturales de los que se regeneran. Sin ir más lejos nuestro país, España, tiene un fuerte déficit ecológico que le hace decir a Aniol Esteban, responsable de Economía Medioambiental de la NEF, que “si todos vivieran como un español, necesitaríamos tres planetas”.

A todo esto, es curioso como los países más desarrollados son los que más contaminan y además los que más esfuerzo ponen en frenar los acuerdos para la sostenibilidad del planeta.

Hoy curiosamente, se puede leer en la prensa, que el país más contaminante del mundo, Estados Unidos, hace un gran recorte de la política medioambiental, exactamente de 1.600 millones de dólares.

¿Qué pasará en unos años cuando países, como China, India, Brasil, México y otros muchos países emergentes, comiencen a querer la parte que les corresponde en la tarta del consumismo?

¿Cuántos habitantes soportará la Madre Tierra? ¿Habrá recursos para todos? Pensad que hacen falta seis kilos de vegetales para producir un kilo de carne. Y si a los países anteriormente citados, les diera por utilizar papel higiénico, no habría suficientes árboles en el mundo para producir celulosa.

                                                                          
Por qué no nos conformamos con menos gasto de energía, con una comida más sana, con utilizar el coche lo justo, con no tirar nada que pueda tener arreglo, reciclar todo y no comprar nada que no sea reciclable.

Otra forma de consumo sostenible es posible, a pesar de que soy tremendamente pesimista.

Esto se acabará si no damos un giro de 180º a nuestra forma de vida y no veo indicios de que esto vaya a suceder.

Nuestra amada tierra es un avión en donde nos salvamos todos o todos morimos. Aquí no vale el “a mí no me pasará”, ni el “sálvese quien pueda”.

Pensémoslo sin perder tiempo, pues esto está tocando a su fin y ya hay cambios irreversibles.

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