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viernes, 13 de julio de 2012

¿Qué nos ocurre?


No tengo ninguna autoridad y por supuesto no  soy nadie, para hablar o predicar sobre las virtudes o los vicios de todos, pero hoy me propongo reflexionar en voz alta sobre lo que me parecen cosas que o han perdido su sentido o que ya no significan nada.
Ahí van mis reflexiones.
                                                                 
Empecemos por la honradez, ya que hace poco veía una noticia de prensa donde decía cómo un inmigrante marroquí, había devuelto en una comisaría de policía una bolsa con 500.000 euros que encontró en un parque. Esto no debería ser noticia, pues si consideramos que nadie se debe de quedar con lo ajeno, es una acción normal de cualquier persona, pero en esta noticia se dice que el que devolvió lo encontrado era inmigrante, esto es más inusual, pues solemos mezclar la palabra inmigrante a alguien normalmente fuera de la ley. Reseñar que al inmigrante se le pidieron sus papeles. ¿Esto es celo, desconfianza o asombro?

                                                                
Ética. La Real Academia de la lengua la define como conjunto de normas morales que rigen la conducta humana.
La imagen que tenemos del político, del funcionario, de los jueces, del empresario o del trabajador no se acerca ni por asomo a esta definición, y sin embargo deberíamos saber que las personas que incumplen las normas morales son una minoría de estos colectivos, y sin embargo tendemos a identificarlos a todos  como gente sin escrúpulos ni ética que van cada uno a ver que se pueden llevar para su exclusivo beneficio.
“Te doy mi palabra de honor”. Cuando decimos esto a otra persona, estamos comprometiéndonos con la verdad, con el cumplimiento de un trato, estamos dándonos como compromisarios del acto al que nos referimos, sin embargo tengo que decir por experiencia, que la mayoría de las veces mentimos o no le damos ningún valor a esta palabra dada como hombres de honor, interpretándola como una forma de hablar.

                                                              
Educación, buenas y sanas costumbres, cómo nos relacionamos con nuestro entorno. Cosas ya casi olvidadas en la mayoría de los mortales.
Debería ser normal cederle el asiento en el transporte público a un anciano, a una mujer embarazada, a un enfermo. Sentarnos sin quitarnos los zapatos, sin poner los pies en el asiento de enfrente, no gritar, no molestar a los que están a nuestro alrededor, no fumar en los sitios prohibidos.
Los médicos, los profesores, los policías, hasta los mendigos y la gente que no piensa como nosotros son agredidos para imponer nuestros criterios o nuestras razones. Sin querer ser pesimista ¿Observamos normalmente buenas costumbres y gestos civilizados? Respondámonos a nosotros mismos.

                                                               
¿Y la mentira? Decía un antiguo catedrático que hay tres formas de mentir: La mentira propiamente dicha a sabiendas, la verdad a medias que no nos compromete a nada y la estadística, ya que a través de ella demostramos con gráficos sólo lo que nos interesa.
Tendríamos que ir todos a una insurrección moral contra la podredumbre de los políticos, los poderosos y de las instituciones que los cobijan.
Como libro de cabecera podemos coger cualquier periódico de cualquier tendencia para ratificar en qué han quedado las normas morales de cualquier individuo, y en estos días vemos como se recorta el bienestar, la honestidad y el esfuerzo, para asentar la desigualdad. Confunden equilibrio con equilibrismo.

                                                               
No solamente la virtud siempre ha estado en minoría sobre la tierra, sino que todo parece conspirar contra la felicidad pública.
Deberíamos convertirnos en un disciplinado ejército para luchar por que las palabras, los actos y los hechos que nos definen como seres racionales, tuvieran nuevamente un significado positivo que fuera capaz de retomar estas disciplinas tan olvidadas en los terribles días en que estamos viviendo.


Desolado en mi burbuja, a 13 de julio del 2012

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