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miércoles, 2 de enero de 2013

Una Nochevieja inesperada


Nos habíamos reunidos los amigos para programar el fiestorro de fin de año. Estábamos apuntando lo que había que comprar y calculando el presupuesto, cuando a uno de los colegas, Bernardo, se le ocurrió una peregrina idea.
“Llevamos de fiesta en fiesta y de borrachera en borrachera desde que empezaron la Navidades, por lo que estoy pensando que con lo mal que están las cosas y con la cantidad de gentes que carecen de lo imprescindible, debiéramos de plantearnos  gastarnos el dinero de Nochevieja de otra forma”.

                                                               
Se hizo un silencio expectante a la espera de que alguien dijera algo, y fue Maite la que dio la idea.
“Podríamos ir a visitar a toda esa gente que duerme en las calles y llevarles  bebidas calientes y algo de comer, iríamos en los coches y sería un fin de año que podremos contar a nuestros hijos, pero primero deberíamos  saber que os parece y quien se apunta a esta aventura”.
Algunos empezaron a excusarse con mejores o peores razones, pero en total nueve estábamos de acuerdo y no pudieron convencernos para renunciar a lo que pretendíamos.
Una vez que sabíamos cuantos éramos, empezamos a discutir el qué llevaríamos y en la forma de organizarnos.
Para recorrernos Sevilla, nos dividimos en tres grupos con un coche cada uno, en donde cargamos un montón de ropa de abrigo que conseguimos   de nuestras familias y amigos, mantas nuevas que compramos, así como grandes termos de leche con cacao y caldo de pollo, envases de diferentes zumos y vasos de un solo uso. Hicimos un montón de bocadillos surtidos, paquetes de galletas individuales y un montón de dulces caseros.

                                                                
Quedamos en vernos en casa de María cuando acabáramos el periplo, así que el mismo día treinta y uno sobre las siete de la tarde, nos pusimos en marcha cada grupo hacia una parte de la ciudad donde pensábamos que encontraríamos  a estas personas abandonadas de la fortuna.
A nosotros nos tocó el barrio de “Los Remedios”, que recorrimos de punta a punta parándonos con todos los indigentes que nos encontramos, repartimos todo el material que llevábamos, charlamos con ellos y aunque no preguntábamos, escuchamos historias increíbles que en otra ocasión os narraré.

                                                               
Fue maravillosa para nosotros la experiencia, pues estuvimos hablando entre nosotros hasta bien entrada la mañana del día uno quitándonos la palabra los unos a los otros, ya que cada uno quería contar lo suyo. Por contar algún retazo os contaré, que a uno de los grupos ya se les había acabado todo, cuando encontraron a un grupito de personas calentándose alrededor de una hoguera ateridos de frío. Jorge se quitó su chamarro de marca para dárselo a un chaval en camiseta con lo que Rafa y Yolanda hicieron lo mismo con sus prendas de abrigo para no ser menos. El problema vino luego para explicarle a la novia de Jorge, que  había regalado la prenda de marca cara, el magnánimo gesto.
Todos coincidimos que fue el mejor fin de año de nuestra vida, y para mí fue  una intensa felicidad interior de esas que se sienten pocas veces en la vida.

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