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jueves, 20 de junio de 2013

La tita

(Dedicado a mi amigo Manuel Limón, “El Coco”)

Era una de las Tabernas o Bodegas más antigua del pueblo, pues ya habían pasado por allí cuatro generaciones familiares, y llegó el momento de reformarla, pues con la crisis había que espabilarse cada día para que el negocio saliera adelante.
                                                       
   
La primera fase consistió en montar de nuevo el lagar, para así pisar la uva y disponer de cosecha propia de mosto, pues esto atraía a una gran cantidad de foráneos entre los meses de Octubre a Febrero, por lo que se habilitó parte de una especie de nave que había en el corralón de la bodega. También hubo que comprar la prensa, la despalilladora y un sinfín de cosas para hacer posible la nueva orientación del negocio, que por cierto fue todo un éxito, pues los mostos de los tres años habían salido magníficos.
                                                     


El lagar solo ocupaba una pequeña parte del espacio, por lo que se pensó con buen criterio, en aprovechar el resto poniendo sillas y mesas, y así posibilitar reuniones y comidas en la bodega.
Para llevar a cabo lo anterior, hubo que vaciar de chismes el espacio, incluso limpiar y derribar un altillo o soberado del que hubo que sacar montañas de cacharros inservibles, pero la gran sorpresa con que se encontraron fue un cadáver totalmente apergaminado y cerúleo, sentado en una mecedora antiquísima.
                                                     


El revuelo en el pueblo fue monumental, pues tuvo que intervenir la policía y por supuesto el juzgado, y es que nadie sabía ni quien era esa mujer, ni que hacía allí o los años que habían pasado desde su muerte, ya que todos los mayores de la familia habían fallecido y eran los únicos que podían esclarecer en algo aquel suceso.
La investigación se centró en preguntar a los más viejos del pueblo, empezando por los parientes más lejanos de la familia, hasta que un anciano del Centro Geriátrico local, que a la edad de noventa y ocho años aún coordinaba, contó la historia de aquella mujer cadáver, ya que Francisco el lejano bisabuelo, era su íntimo amigo y se lo contó cuando sin remedio en el lecho de muerte y aún relativamente joven, sufrió aquel accidente fatal e incomprensible.
Según su relato, esa mujer vino huyendo desde Extremadura durante la Guerra Civil, no se sabe ni de quien ni por qué, lo cierto fue que el bisabuelo del actual dueño la escondió en el soberado del corralón, pues era una prima lejana de la familia de la madre.
                                                     


Contaba Bartolo, que así se llama este anciano que conoció el caso de primera mano, que esta mujer jamás salió de allí ni dio el más mínimo problema, pues salía de noche a comer lo que casi siempre le dejaban o encontraba y a hacer sus necesidades, así que jamás nadie la vio ni nadie sabía de su existencia, con lo difícil que es mantener un secreto en un pueblo y más en un caso de esta índole.
Al final todo se arregló, ya que el propietario del negocio se hizo cargo del entierro de la “tita” que por fin descansa junto a sus lejanos parientes, las obras de la bodega pudieron continuar y a la espera estamos de la ya pronta vendimia.
Lo que ha sido inevitable es que al correr la noticia, la taberna es conocida en todas partes como la “Bodega de la Tita”.



1 comentario:

  1. Yo también quiero agradecer al "Coco" que nos fiase en aquella escapada entrañable, sin dinero, sin documentación, sin vergüenza....
    Aquellas tostadas con jamón, una delicia... Que no se preocupe el coco que siempre pago mis deudas....

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