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lunes, 21 de julio de 2014

Aquí no es

¿Qué nos está pasando? ¿Por qué no vomitan nuestras sensibles conciencias? ¿Es que ya sólo nos preocupa lo que tenemos al alcance de la mano?
Incluso a veces ni eso, ya que hemos llegado a un punto de indolencia que sólo nos apremia las exigencias perentorias de nuestro organismo.
Con los pelos de punta, asqueado y dejando la mañanera tostada a medias, me quedé cuando después de escuchar las últimas noticias de esta residencia psiquiátrica llamada mundo, me tendí en el sillón sin ganas de moverme e intentando digerir los horrores que habían escuchado mis oídos.
                                                                         


Quinientos muertos en la Franja de Gaza (diez milicianos), donde los israelíes atacan a Hamás, la milicia terrorista palestina, pero llevándose por delante como victimas colaterales a ancianos, mujeres y niños, y produciendo que 80.000 personas salgan corriendo de sus casas para ir ¿A dónde?
Me imagino yo, yo mismo, teniendo que salir corriendo de mi casa porque una bomba está cayendo sobre ella, en pijama, tirando de mi familia que se ha despertado con el ruido de las explosiones, y viendo cómo se desmorona lo que tanto esfuerzo nos costó conseguir, con los niños en brazos gritando aterrorizados y sin saber dónde está el lugar seguro para salvar por lo menos la vida, lo único que nos queda, aunque sea sufriendo y llorando más que nada por indignación y rabia, ya que nadie es capaz de justificarnos el por qué de lo que nos ocurre.
                                                                            


Y siguiendo con la asquerosa realidad cotidiana, ponerse en el pellejo del militar salvador que apretó el botón para que un mortífero misil, derribara el vuelo MH017 de las Malaysia Airlines que salió de Ámsterdam con cerca de 300 personas a bordo, creyendo que este glorioso acto de guerra acercaba más a su querida Donetsk, al este de Ucrania, a la amantísima madre Rusia.
¿Quién, y en nombre de qué y por qué, osará justificar este asesinato masivo?
Usted que va a un congreso sobre el Sida en Australia, o que quiere ir a pasar su luna de miel y el viaje de su vida con su mujer a Bali, o simplemente que estaba allí como muchas de esas casualidades terribles que se producen en la vida, ¿Por qué yo…, por qué me tocó a mí…?
                                                                                 


O pensar en las 200 niñas que tienen secuestradas unos terroristas islámicos en algún lugar de África, o en las guerras de Afganistán, Irak o las muertes por asesinato del narcotráfico en Colombia o en Méjico, en los “sin papeles” (embarazadas, jóvenes, niños), todos, que por llegar a la tierra prometida,  se los ha tragado el Mediterráneo, o en los locos que con un arsenal de armas compradas legalmente, se apostan en las afueras de un colegio o una universidad norteamericana  para matar, porque sí, a todo el que la casualidad quiso que estuviera en el lugar equivocado en el peor de los momentos.
                                                                            


Usted, yo o aquel, podemos o pueden dormir como si tal cosa, como que “esto está tan lejos…, y si no pasa aquí es como si no existiera…, es una película de terror y nada más. Son las noticias…del infra-mundo”.
Pero bueno, ya está; con decir que lo sabemos hemos tranquilizado nuestra mente. Por algo ocurrirá todo. Algo habrán hecho. Fue sin querer, sin pensar en las consecuencias. Al fin se arreglará, aunque puede ser que otro foco de llamas surja de unas cenizas que creíamos apagadas.
                                                                              


Ya está. A seguir con las faenas de la casa, a estudiar o con el trabajo, que ahora me controlan hasta el café de la mañana.

Mi mundo es lo que controlo. El día que algo pase aquí, me meto en la cama y me tapo la cabeza, como la antigua y nueva estrategia del avestruz.
                                                                               

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