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miércoles, 8 de junio de 2016

"Papá, quiero ser político"

Hubo una época, que cuando le preguntabas a un niño que de mayor qué quería ser, te respondía invariablemente que futbolista o torero, y si era una niña, que mamá, y alguna, pocas, que maestra o enfermera.
                                                              


Me viene al recuerdo, que en unas prácticas de Magisterio al preguntar lo mismo, la mayoría se inclinaban por las profesiones paternas o maternas, pero hubo un pequeño que me contestó muy serio “que él quería ser obispo”. Por supuesto que no quise indagar por las motivaciones del niño, no fuera a ser que me metiera en contramano.
                                                               


Hoy, gracias a Dios, esto ha variado mucho, pues ante la misma pregunta te responderán con todas las profesiones habidas y por venir, y por supuesto sin discriminación entre los sexos.
Viene al caso, porque en una de las muchas celebraciones familiares de esta primavera, me entretuve charlando con el hijo de una sobrina a punto de presentarse a la selectividad, muy buen estudiante, y al preguntarle qué es lo que quería estudiar, me contestó que quería ser político, por lo que se iría a estudiar a Madrid a una elitista escuela de negocios, pues después de sopesar entre económicas y derecho, en este tipo de instituciones te preparaban mucho mejor para lo que deseaba.
                                                                  


Me sorprendió bastante, pues era la primera vez que un joven veía tan claro su futuro, y al preguntarle por sus razones, me contestó que quería contribuir a que a la gente fuese feliz, distribuir mejor la riqueza, y que no les faltara  trabajo, para lo que pensaba que se necesitarían nuevas leyes más justas para todos.
Yo le comenté que tenía que ser honesto consigo mismo sobre lo que le atraía de la política, pues si era el glamour, el dinero o la fama, debería probar otro camino, pues ya teníamos bastantes con los malos ejemplos de corrupciones de todas las tendencias con  que nos desayunábamos cada día, que para convertirse en político tenía que tener un interés absoluto en hacer un cambio.
                                                                   


También le pregunté  en que partido pensaba militar, por lo que me pidió mi opinión, pues él no sabía,  recomendándole que aprendiera todo lo que pudiera de cada uno antes de elegir, pues una vez elegido el camino debía comprometerse de lleno, ya que la lealtad hacia el partido es una necesidad, aunque  tuviera que comerse muchos “sapos”.
                                                                       


Y ¡Cómo no!, salió a relucir la economía, de lo que por cierto no tenía ni idea, por lo que le recomendé que leyese todo lo que pudiese sobre todas las teorías: Marx, Engels, Adam Smith, Keynes, Malthus, Marshall. Pero que sobre todo leyese periódicos, todos, de las diferentes tendencias e ideas. Y que por supuesto, le remaché, que si no hubiese escasez, no habría necesidad de ciencia económica, ya que esta nace cuando el hombre se da cuenta de que no puede tener todo lo que quiere.
                                                                          



En fin, no sabe el pobre lo que le espera. Ojalá le duren toda la vida esas buenas intenciones, porque es una buena persona y me jodería que lo pervirtieran.

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