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martes, 13 de junio de 2017

Inspiración comprometida

(Dedicado a mi sobrino José Mª Jiménez Pérez-Cerezal)

Habida cuenta de que había recibido el encargo de hacer el cartel anunciador de la Velá de Santa Ana, y como era espíritu travieso deseoso de inspiración, decidió que quería ver la tantas veces pintada Triana y su puente, desde un ángulo diferente, y pensó que este no era otro que verla desde la vena que lo separa o lo une con Sevilla, el río Betis o Guadalquivir.
                                                                  


Tenía tanta ilusión en este proyecto, había pintado desde tantos ángulos el barrio, sus imágenes de Semana Santa,  su puente y su río, que en esta ocasión (como siempre), le tenía que salir una obra perfecta.
Después de medir las diferentes opciones para contemplar el barrio a bordo de diferentes embarcaciones, decidió que quería ir por libre sin que nadie molestara su inspiración, por lo que encomendándose a Dios y a su Santa Madre, alquiló un patín de los que a pedales, pasean los amores de las parejitas por este cauce sedosamente tranquilo, y  que ni asustan  a los pacíficos patos que se bañan a sus anchas, aunque éstos, desconocían el “genio nervioso” que se les venía encima.
                                                                     


Empezó el pedaleo internándose hacia el centro de la corriente para coger perspectivas, y vagó durante un tiempo imaginando cómo llevaría al lienzo toda aquella belleza que quería transmitir a propios y extraños.
                                                                 


Decidió en un momento dado que haría fotos desde diferentes puntos, para lo cual sacó su móvil (bueno, suyo no, el tercero que estrenaba este mes y este era el de su madre), y empezó a tomar planos de todo lo que atraía su atención de artista, y en estas estaba cuando le dio uno de esos tic nerviosos que no puede evitar por su enfermedad, y al intentar coger el móvil que se le caía al río, cayó detrás de él sin conseguir atraparlo, por lo que después de la zambullida que espantaron a los tranquilos patos, subió nuevamente al patín como pudo, pero sin móvil, y entonces pensó que había tenido una experiencia cercana a la de la “cucaña”, juego que consiste en encaramarse a un palo horizontal cubierto de sebo en la cubierta de una barcaza, donde para ganar el premio, hay que coger la bandera que está en la punta, por lo que acaban la mayoría de los valientes que se atreven en las aguas del proceloso río.
                                                                     


Bueno, pues como ya tenía bastante inspiración por el momento, decidió desembarcar de la traicionera embarcación, pero al intentar poner un pié en el muelle, cayó nuevamente al agua entre la expectación y las risas de los que esperaban, entre  imprecaciones y juramentos que lanzó nuestro querido José María.
Menos mal que como en este Junio rozamos  en Sevilla los 40º, se secó sentado en un banco riéndose de todo y mirando enamorado el divino puente.
Si os preguntáis cómo será el cartel de nuestro artista, esperad un poco, pero os puedo asegurar que será, como siempre,  superior a lo esperado.

Los chapuzones despejan la sensibilidad del genio.

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