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viernes, 4 de febrero de 2011

El perverso arte de la mentira

Hay tres formas de mentiras: La mentira propiamente dicha, las medias verdades y la estadística.

Estas no tendrían importancia si fueran pequeñas y dichas sin mala intención. Esto significa no dañar a nadie y que se dijesen a nivel “casero”, esto es, a familiares y amigos en base de salvar nuestro ego o intentar minimizar alguna mala acción llevada a cabo por nosotros y evitar así la mala prensa o el castigo social.

En el pódium de los grandes embusteros, colocaríamos en primer lugar a los políticos, después vendría el vetusto oficio de abogado y en tercer lugar los vendedores de humo y los otros en general.

Son los políticos los mayores embusteros del mundo, galardón este conseguido durante toda la historia, quizás desde cromañón y sus pintores de cuevas. Estoy seguro que fueron pintadas por gente desconocida, ya que el usurpador de turno, jefe del grupo y por tanto político, se encargaría de hacerlos desaparecer y atribuirse la obra pictórica a mayor grandeza de su reinado.


Si tenemos tiempo de sobra como yo, repasaríamos los programas de gobierno de todos los partidos antes de las elecciones y cuando salieran del cargo ver que han hecho de todo eso que dijeron que harían.

“Prometer antes de meter

Y una vez metido,

Olvidar lo prometido.”

La realidad es que ponemos la TV, y escuchamos a estos embaucadores de las urnas hablar, o leemos en los periódicos tantas y tantas palabras falaces que ni ellos se creen, y decimos:”Será verdad lo que dicen, porque están en televisión y también lo dice la prensa”.

Luego están los “leguleyos”, abonados a la mentira de los intereses inconfesables o no, de sus defendidos o acusados. Siempre me he preguntado cómo se puede defender a un violador, maltratador o asesino confeso de menores o mayores.

Se dirá que según nuestra Constitución, “todos somos inocentes mientras no se demuestre lo contrario”. ¿Y cuando la evidencia del delito es palpable, como se puede seguir defendiendo hasta el final a un asesino? Hay que tener mucho estómago.
                                                                                
                                                                              
Y si hablamos de los grandes ladrones económicos, defraudadores, ladrones de guante blanco, que con dinero corrompen todo lo que tocan y si los pillan, acuden a los mejores bufetes de abogados nacionales o extranjeros, cuesten lo que cuesten, para manipular todo lo posible e imposible, y darles la vuelta a las leyes en beneficio de su cliente.

“Poderoso caballero es Don Dinero”, que diría nuestro Góngora.

Nuestro tercer pódium es para los vendedores que ofrecen gangas imposibles; perdón para los honrados que nunca han mentido, pues no se merecen el título grandioso de vendedor.

                                                                                  
¿Te han leído alguna vez la letra pequeña de los contratos de seguros, ventas a plazos y garantías del producto? A mí desde luego no. En una ocasión me compré hasta una lupa para poder leer la cláusula de rescate de un seguro de jubilación.

Todo son facilidades y garantías hasta que firmas o compras; luego “Que la suerte te acompañe”. Siempre te envuelven las mentiras entre bonitas palabras.

Solo falta decirle al vendedor o promotor, que es como les gusta que lo llamen ahora, lo del chiste:

“Bésame, por favor.

¿Por qué?

Es que cuando me joden, me gusta que me besen”.

Nada es verdad ni es mentira,

Todo es del color

Del cristal con que se mira.

Es triste saber que todo el mundo miente, y los que dicen decir siempre la verdad, están mintiendo desde ese momento.



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