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sábado, 9 de marzo de 2013

Cincuenta años de camino


Esto que expongo a continuación, lo leí en la celebración religiosa de las bodas de Oro de mi hermano Eduardo y de Gari.

Reverendo padre Peinado, queridos contrayentes, amada familia y amigos todos:
Qué trabajito nos ha costado después de cincuenta años, seis hijos, y un montón de nietos casar a Eduardo y a Margarita, pero al fin los hemos convencido, y eso que la parte femenina de la pareja no estaba mucho por la labor.
Como no podía ser de otra forma, algunas gamberradas me tendrán que soportar, aunque no sé si a estas alturas no se habrá dado cuenta Eduardo de que el bolsillo derecho lo tiene lleno de hollín y que si el zapato izquierdo le aprieta debería quitarse el corcho que le he metido. Menos mal que tiene buen carácter para las bromas de su hermano.

                                                    
A Margarita, como se ríe con buen humor de todo, no le pasará nada, pues ya  demostró en las famosas guerras de tomates, huevos y petardos que organizábamos en su chalet, y en la ducha que le di por la ventana del baño con la manguera de riego cuando se quedó sin agua y le lloraban los ojos por el jabón; había que hacerlo, pues no soporto verla sufrir. Su talante es envidiable.
Bueno y ahora va la parte seria.
Deciros que sois la envidia de los que hoy nos encontramos aquí, pues cincuenta años son un camino muy largo para hacerlo en la misma compañía.
Este recorrido, que seguro os habrá parecido corto porque os queréis,  indudablemente  no habrá estado exento de resbalones, tropiezos, caídas y también algunos accidentes,  que en vez de cortar o entorpecer la convivencia, os ha fortalecido para seguir amándoos como el primer día.

                                                       
Decía antes que a ti Margarita, no te había hecho ninguna gamberrada, pero sé que si abres el bolso verás una mariposa que te sobrevuela pero que no te abandona. Es el espíritu de tu habilidad para ser una buena madre sin aflojar como esposa, es tu sentido del cariño cuando a cada uno de tus hijos y nietos le das el concejo justo y tu sabia palabra de abuela, que escuchan y atienden porque saben que es el tacto, el acierto y tu ternura lo que dices cuando les habla.
No puedo soslayar lo que habéis significado para mi, cuando de pequeño erais siempre mi refugio seguro donde encontrar comprensión en esa edad tan difícil, y cómo Pili mi mujer, aprendió a quereros antes incluso que Margarita le diera la “alternativa”.                                                  
Y de ti, hermano y  padre que puedo decir. Que tienes una gran capacidad de cariño hacia esa gran mujer que te lleva acompañando en tan tortuoso camino, que me has demostrado durante toda la vida que eres un gran padre, un entrañable abuelo y un envidiado hermano y aunque no siempre encuentres las palabras justas con que decirlo, prevalece y te sale de adentro el amor que almacenas en tu alma y que derrochas a cada oportunidad. Hasta cuando te enfadas con razón o sin ella te quiero, por que se que es tu forma de decir las cosas.
Que Dios que es todo amor y que su madre, la bendita Inmaculada aquí presente, os bendigan por el ejemplo de amor y cariño que nos dais a todos. Muchas felicidades.

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