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lunes, 21 de octubre de 2013

Alegría, ¿De qué?

He leído el artículo que mi gran escritora ídolo, Almudena Grandes ha escrito en el diario “El País” del 21 del corriente mes, que titula “Alegría”. 
Y yo te digo querida maestra, que no hay lugar a la alegría porque un puñadito de especuladores haya llevado a la bolsa por encima de los 10.000 puntos o que la Prima de Riesgo esté por debajo de los 250. ¿Qué coño les importa esto a la “gleba” de “rojos trabajadores” que aunque protesten siguen igual?
 Este índice no ve a los seis millones de parados, a los autónomos desprestigiados, ni a los abuelos que después de haber trabajado toda su vida en condiciones, algunas veces muy precarias, se encuentran que tienen que contribuir con la limosna que les da este puto gobierno como paga, y que encima se envalentonan estos mandatarios de pacotilla, que aunque sean mayoría en el Congreso no convencen, porque les van a subir un 0,25 % anual (garantizado) a los denostados abuelos.
                                                                         
 
 ¿Eso es lo que vale haber cotizado durante treinta y tantos años o más, incluso teniendo lo justo para sacar a sus familias adelante? Cada día me da más vergüenza vivir en un país de listillos, que son los que en última instancia sacan provecho de las penurias de los demás. Querida Almudena ¿Qué alegría hay que celebrar en esta España de mangantes, que salen de la cárcel sin haber devuelto lo que se llevaron? Tú que en todos tus libros has hablado de los denostados, de los vencidos, de los rebeldes, quizás todos idealistas que querían cambiar las cosas, háblame ahora de esta realidad cotidiana que nos acucia y nos abochorna. A lo mejor somos muy rojos pero somos personas que contribuimos en todo más que los bolsistas y sobre todo somos mucho más solidarios. Ponle nombre a lo que pasa, atrévete con los intocables, se nuestra guía en esta lucha desigual en donde tú puedes dominar con tu forma de escribir, pero sobre todo con la credibilidad que tienes para un montón de gente que te seguimos. 
Ojalá querida Almudena hubiera lugar para la alegría, pero esta empezará cuando tenga, tengamos, nuestras necesidades básicas cubiertas. 
Ahora mismo no hay lugar para ninguna juerga.

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