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lunes, 4 de noviembre de 2013

La justicia no es para pobres

Mi amigo Alberto tiene una pequeña finca a las afueras del pueblo donde vivo, y el otro día me contaba el pobre, los robos que está teniendo y que por lo visto no tienen solución o sí, alguna solución personal que puede llevar a juicio al ofendido.
Me contaba que venía observando que le robaban naranjas y no podía coger a los culpables, hasta que una mañana cogió infraganti a un sujeto del pueblo que ya había metido en el coche un saco entero de las mismas.
                                                   


Le hizo devolverlas aunque no quería y como encima lo chuleaba, se lió a darle guantadas hasta hacerlo entrar en razón, para acto seguido irse al cuartel de la Guardia Civil a interponer una denuncia. A la pregunta del agente de cuantos kilos le habían sustraído, el contestó que unos cuarenta, y cual no fue su sorpresa cuando el agente le contestó que hasta trescientos kilos no había delito y que era absurdo que pusiera la demanda.
Poco después se llevaron de una pequeña habitación del campo, seis jaulas con diferentes especies de aves cantoras, volviendo mi amigo a intentar poner otra denuncia con los mismos resultados que la primera vez, pero con el agravante de que se permitieron aconsejarle que se diera una vuelta por los mercadillos locales, a ver si veía lo robado. De puta pena.
Y hasta ahora lo último que le pasó fue, que le robaron el motor del pozo y todo el cableado de la instalación y no tiene dinero ni ganas de volver a empezar, pues dice que “Para los pobres no existe la justicia”.
¿Qué haríamos si nos pasara esto a nosotros? ¿Es normal todo este estado de cosas donde no se respeta lo ajeno si no me ven?
                                                   


Conozco a las buenas gentes del campo y sé que si les pides algo para tu casa te lo dan generosamente, pero que te roben para venderlo y sacar para vicio ya es otra cosa.
Tampoco entiendo la indolencia de los funcionarios policiales, pues creo que siempre algo se puede hacer antes que alguien cansado de tanta fechoría impune se tome la justicia por su mano, cuando tengo entendido que ese mismo guardia rebuscó por toda la calle donde vivía a ver quien le había rayado el coche.
Por otra parte comprendo la desgana de unos funcionarios que ya han perdido casi un 30% de su salario en rebajas que este gobierno felón les ha sustraído, pero si cada uno se tiene que poner a vigilar al vecino, mal acabará esto compañero.
                                                    


Por último decir, que este amigo se presentó un día en el almacén de Cáritas donde estaban repartiendo alimentos, e instó a cuatro o cinco hombres que se encontraban en la cola a que le ayudaran a sacar las cajas de naranjas que iba a donar. Todos miraron para otro lado para no ayudar, por lo que mi amigo cerró la furgoneta y se marchó indignado.
¿Qué está pasando?

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