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lunes, 20 de enero de 2014

Acababa de dejar a mi novia en su casa, en un precioso  pueblo llamado  Valencina de la Concepción en pleno Aljarafe sevillano; pensaba intensivamente en ella, pues la quería profundamente,y me dirigía a mi casa en Castilleja de la Cuesta por una carretera muy poco transitada pero que acorta bastante la distancia, cuando al salir de una pequeña curva y poner las luces largas del coche, vi lo que parecía una persona tendida en la calzada, por lo que aminoré la marcha y frené para ver qué pasaba allí.
Todabía hay “tontopollas” que creen en las personas, y decir asi y sin vergüenza y chulescamente que yo soy uno de ellos.
                                                                             
 
Dudé en bajar o no del coche y menos mal que no lo hice, pues al fijarme bien me di cuenta que lo que había en la carretera eran unas ropas rellenas con algo, a la vez que por los espejos retrovisores vislumbré más que ver, unas sombras que se acercaban al vehículo por detrás.
No lo dudé y di marcha atrás a gran velocidad, haciendo en un pequeño ensanche un giro de 360º para salir de allí por donde había venido. En la arriesgada maniobra sentí como el faldón trasero derecho del coche chocaba contra algo, pero yo lo que quería era salir de allí como fuera, pues dos individuos me perseguían tirándome piedras y con sendas garrotas me golpearon el coche.
Llegué a mi destino temblando de pensar lo que podría haber pasado, y cuando ya me serené un poco me fui al cuartel de la Guardia Civil, contar lo ocurrido y poner una denuncia.
Me dijeron que mandarían a un coche, por ver si alguien seguía allí o veían algo que sirviese de prueba, siendo esto  negativo según me enteré después.
                                                                           
     
Había pasado ya casi dos meses, cuando recibí una citación para el juzgado pero que no coincidía con mi denuncia, por lo que fui a enterarme con un amigo abogado y ver de qué iba aquello, y cual no fue mi sorpresa al enterarme que me habían puesto una denuncia por denegación de auxilio y atropello; eran aquellos indeseables.
El día del juicio se me acercó un mal malencarado individuo y disimulando, me dijo que como atestiguara en contra de ellos me iban a “rajar”, pues sabían donde vivía y la forma de perjudicarme.
Pero lo que ya acabó de romperme los esquemas, fue que el juez me declaró culpable de los cargos y además tenía que indemnizar por daños a los dos susodichos “chorizos”.
                                                                       
No sólo mi declaración y denuncia no sirvieron para nada, sino que encima se cachondearon de mí, pues salieron de la sala judicial  riéndose a carcajadas y haciéndome la “peineta”, y aunque yo volviese a poner otra denuncia en el mismo juzgado por amenazas y que mi abogado tuviera unas palabras con el Sr. Juez, no sewrviría de nbada.
Por supuesto que recurrimos aquello, aunque ya no tuve que ir  al juzgado más que a firmar, pues  los mismos individuos que me asaltaron, los pillaron cuando robaban en una joyería de Sevilla por el método de “alunizaje”, y otro jurado los condenó por aquel robo y por mi denuncia con posterioridad, aunque la burocracia estuvo bastante lenta a pesar de mis hechos demostradamente claros.
                                                                           

Menos mal que al final tuve suerte, pues creo que en los tiempos actuales la judicatura no brilla precisamente de mucho prestigio, sino más bien de lo contrario.
Amén.

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