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miércoles, 19 de marzo de 2014

Toto

Fuimos compañeros de trabajo en continua competencia durante los cerca de doce años que duró nuestra relación, y sin embargo fuimos muy amigos.
Cuando yo entré en esta nueva empresa, el llevaba allí algunos años, pero nos compenetramos estupendamente, pues me enseñó algunas cosas sobre todo de la filosofía de la empresa; yo también le enseñé otras que llevaba en mi bagaje de mi larga trayectoria como comercial.
Fuimos destacados durante muchos años como los mejores hombres de la red comercial, tanto individualmente como en equipo, pues cuando negociábamos con algún cliente importante éramos imparables, de forma que cuando llegó el momento adecuado, los dos fuimos promocionados a la Jefatura de Ventas en diferentes empresas del grupo.
                                                                           


Al poco de nuestra relación, conocí de primera mano los puntos débiles de mi amigo y sus vicios, pues cuando nos íbamos de copas era incansable, pues nunca veía la hora de irse a casa, de forma que era normal en esos días que su mujer me llamara a las tantas de la madrugada preguntándome por su marido que no había llegado, con lo cual por la mañana me dedicaba a buscarlo preguntando por él en los sitios que sabía que frecuentaba. De esa forma me enteré, que aparte de la adicción al alcohol, era cocainómano.
A partir de ese momento, intentaba controlarlo lo más posible, incluso tapándolo en momentos en que teníamos reuniones con la dirección o citas importantes de trabajo.
Pero llegó un momento que hablé muy claro con él, diciéndole que esto no podía continuar, pues algunas veces bajo la influencia de las drogas, se disculpaba cuando veía peligrar su puesto, echándome a mí las culpas de sus vicios, de los incumplimientos y de los fallos.
                                                                             


Cuando cada uno de nosotros fuimos ascendidos a jefaturas de empresas diferentes, fuimos perdiendo el contacto diario y ya sólo coincidíamos cuando las reuniones eran al nivel de todo el grupo de empresas, pero me llegaban continuas noticias de la errática trayectoria que llevaba, aunque seguía triunfando en las ventas.
Se marchó después de un par de años, para fundar con sus dos hermanos una empresa que llevaba algunas cosas que le ofrecieron dentro del mismo mercado, pero él seguía aún peor, pues el dinero se le escapaba de tal forma, que le quitaron la potestad de administrarlo.
Ya el colmo fue que un día lo sorprendieron intentando abrir la caja fuerte del dinero con un taladro.
                                                                                


Ni que decir tiene que la empresa, al poco tiempo, se fue al garete, dejando a sus hermanos y a él mismo en la calle y con un montón de deudas.
Al final y cuando ya no tenía salidas, su mujer que trabajaba en un organismo público y que tenía muchas influencias, lo ingresó en un centro de desintoxicación, y posteriormente ya bastante rehabilitado, le consiguió una pensión de invalidez absoluta.
No he vuelto a verlo, pero me dicen amigos comunes, que es un vegetal, que es increíble en lo que ha quedado el imparable, el brillante Toto.
Yo desde aquí, y aunque sé que no se portó ni medianamente bien conmigo, le deseo para él y su familia lo mejor.
Un abrazo amigo.


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