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martes, 19 de abril de 2016

Dormida realidad

Me despierto de pronto llorando y aterrado vencido por la realidad del sueño sufrido, quedándome quieto con la mirada fija en el techo del dormitorio, pero sin poder dejar de moquear y lagrimear como ya hacía tiempo que no lo hacía.
                                                                


Dicen algunos, que el sueño es la realidad que está por llegar, pero voy a contarlo, pues también hay quien opina que si se cuentan estos terrores nocturnos, se espantan los demonios de lo tenebroso.
                                                                   


La casa, mi casa, estaba en llamas y unos hombres encapuchados de negro y fuertemente armados nos perseguían para matarnos a los mayores, inservibles para ellos y secuestrar a los niños, mis dos nietos, para quien sabe qué propósito.
                                                                     


Huíamos con las manos de los pequeños agarradas fuertemente de nuestros cuellos, iban llorando, y yo no paraba de decir gritando: “Hay que subir a la lancha y escapar por el mar”.
                                                                    


Como pudimos, saltamos a la embarcación y a golpe de remos empuñados por mi yerno y yo, empezamos a despegarnos lentamente del puerto, mientras los malos nos gritaban en una lengua desconocida, y nos disparaban balas y lo que parecían insultos y acusaciones.
Las mujeres y los niños  iban agazapados en el fondo del bote por donde empezaba a entrar agua, y al darnos cuenta de que nos podíamos hundir, empezamos a achicar con las manos el líquido que entraba por todos lados.
                                                                      


La lancha se hundía, y estábamos sólo rodeados de la nada del mar, nadie nos auxiliaba, y mi nieto más pequeño se había caído al agua, y yo me tiré a por él entre las olas de ese mar embravecido, pero buceaba por todos lados y no lo veía; intentaba llamarlo, pero al abrir la boca gritando, tragaba y tragaba agua salobre, hasta que una de las veces lo vi en el fondo enredado en malezas marinas, por lo que lo agarré con todas mis fuerzas, pero al intentar ascender a la superficie quedé enredado, y por mucho que tiraba para salir, con más fuerza  era absorbido en el limoso lecho marino.
                                                                       


Entonces fue cuando desperté de la pesadilla, y todo me parecía tan realmente vivido, que tardé algún tiempo en aceptar la realidad.
Quizás todo esto venga al caso, de que vivo obsesionado con la tragedia de estos seres humanos, llamados por algunos despectivamente refugiados, que están llegando en tropel a nuestras costas, seres que lo han perdido todo y solo les queda la vida, que se juegan para salvar a sus hijos de la muerte segura en una guerra que no es de nadie y es de todos.
                                                                         


En esta inhumana y egoísta Europa de burócratas y funcionarios, no podemos mirar hacia otro lado cuando contemplamos esta tragedia humana, este genocidio.
Nuestros antepasados y abuelos pasaron por ahí. ¿Es esto lo que querrías para los tuyos?
                                                                         



En Villanueva del Ariscal, a 19 de abril del 2016

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