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viernes, 19 de agosto de 2016

Tú, ¿Qué harías?

Habían vivido razonablemente bien, pues gracias a su trabajo, la familia había gozado de un  bienestar que los situaba como clase media alta, sus hijos estudiaron lo que quisieron, se emanciparon, y él a los 66 años se había jubilado con ganas para pasar los años que le quedaran viajando algo con su mujer, y disfrutando al fin de un prolongado descanso, pero todo su plan de vida se vino abajo cuando llegó aquella dura crisis.
                                                                


Sus hijos Remedios y Antonio se habían quedado parados cuando más se habían endeudado, al adquirir uno un piso de los caros, y ella haber tenido que cerrar el negocio de imprenta y editorial que tan bien le marchaba, pero que le había dejado una rémora de deudas inasumibles.
Al pobre hombre se le vino el alma a los pies, pues a pesar de su buena pensión y de algunos ahorros, solo le llegaba para parchear la situación de sus hijos; sólo aspiraba a que por lo menos no pasasen carencias y necesidades.
                                                                       


Bueno, pues para más inri, la última desgracia que le había pasado es que le robaron el todoterreno que se compró apenas un año antes, apareciendo a la semana destrozado contra un muro en el puerto de Algeciras, cuando fueron avistados por la policía, y después de una persecución policial, los ladrones huyeron tras estampillar el vehículo, (posteriormente fueron detenidos) dejándose atrás un alijo de quince quilos de cocaína camuflados en los asientos del coche.
                                                                


Cuando le devolvieron los despojos del vehículo antes de llevárselo al desguace después de más de un mes, no se podía creer aquello, pues aparte de los daños de la carrocería, la policía y los perros se habían encargado de destrozar todo el interior.
Su mujer con las lágrimas desbocadas, y nuestro amigo haciendo por controlarse, se quedaron pasmados  a la espera de que el perito de la compañía de seguros, les dijera cuanto le iban a indemnizar.
Aquella  mañana  se dedicó a buscar entre aquel amasijo los objetos personales que cada uno de nosotros ponemos en esta pequeña propiedad que vemos como la continuación de nuestra casa.
                                                                     


En una caja de cartón fue metiendo la medalla de la Virgen del Rocío, la documentación, unas gafas de cerca, otras de sol, un mapa de carreteras, un spray abrillantador. Luego quiso sacar la rueda de repuesto, pues debajo de ella, tenía algunas herramientas que quería recuperar, más cual no fue su sorpresa al desenroscar el tornillo de sujeción, y encontrarse la cubierta disimuladamente rajada, y en su interior un montón de paquetes de billetes de 500 euros perfectamente cerrados al vacío.
                                                                       


Allí había treinta millones que nadie le reclamaba, pues la policía ya había terminado, y en toda la documentación no constaba que el coche hubiese vuelto a sus manos, los dos camellos habían sido extraditados a Alemania donde tenían condenas pendientes de narcotráfico, blanqueo de dinero, secuestro, tráfico de personas, y el más grave, pues habían matado a un matrimonio alemán cuando  asaltaron la casa donde vivían para robarles, por lo que previsiblemente jamás saliesen de la cárcel.
¿Qué hacer? Si lo devolvía a la policía ingresaría el dinero en las arcas del estado, o se perdería en algún juzgado de Dios sabía dónde, o en los bolsillos de alguien según como estaba el tema de la corrupción.
                                                                       
 
También es verdad que nuestro amigo no tenía especiales escrúpulos, ni religiosos, ni morales o de otra índole, por lo que dijo a la familia y amigos que le había tocado la Primitiva, repartiendo el dinero entre sus hijos y quedándose un pellizco para él, diciéndoles que era dinero negro y que no podían utilizarlo en cuentas o bancos, sólo era dinero para el consumo.
Han pasado muchos años de aquello, y nuestro amigo se mudó de ciudad para no ser encontrado por los ladrones si salían de la cárcel alemana, donde es feliz rodeado de sus hijos y nietos.
No tiene remordimientos.

Tú ¿Qué hubieras hecho en su caso?

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